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viernes, 30 de mayo de 2014

Será que... Juan Gelman / Ignacio Izcaray / Simón Díaz








                   yo
                   no
                   sé qué hacer
                   para que salgas de mí y por fin te vayas
                   al diablo al sufrimiento que
                   me crece por verte y por no verte y
                   no seas más que eso sufrimiento
                   en vez de ser temblor ser esperanza
                   silencio bajo el sol
                   otro sol además


Juan Gelman (Tanguito)








viernes, 27 de diciembre de 2013

Fotografía, versos y algo más: El tiempo de estar vivos entre el relámpago y el viento.












El fotógrafo Tom Hussey con sus imágenes nos invita a reflexionar sobre el paso del tiempo, la delicada línea que separa el antes del ahora en la vida de diez personas que bien pudiéramos ser cualquiera de nosotros en un futuro aparentemente un tanto lejano pero si miramos atentos al espejo… !!!




Comentaba este hombre que apenas se podía creer que fuese a cumplir ya los 80 años porque aun se sentía como el soldado que acababa de regresar de la guerra pero entonces se miraba en el espejo y veía un anciano.





Es el tiempo que se escapa entre las rendijas de la vida sin que apenas lo percibamos. Invulnerable Cronos.
































Mirando estas imágenes de Hussey recordé los versos del poeta Eugenio Montejo, lo nuestro es la nada de donde todo se suspende porque ¿qué es nuestro, qué nos pertenece? Tan solo el tiempo del que disponemos entre el relámpago y el viento. 


Tuyo es el tiempo cuando tu cuerpo pasa
con el temblor del mundo,
el tiempo, no tu cuerpo.
Tu cuerpo estaba aquí, tendido al sol, soñando;
se despertó contigo una mañana
cuando quiso la tierra.

Tuyo es el tacto de las manos, no las manos;
la luz llenándote los ojos, no los ojos;
acaso un árbol, un pájaro que mires,
lo demás es ajeno.
Cuanto la tierra presta aquí se queda,
es de la tierra.

Sólo trajimos el tiempo de estar vivos
entre el relámpago y el viento;
el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo,
el hoy, el grito delante del milagro;
la llama que arde con la vela, no la vela,
la nada de donde todo se suspende
–eso es lo nuestro.

(Eugenio Montejo, Lo nuestro)




Así pues mientras el mundo gira gozo del milagro del tiempo, el que me pertenece, al menos de momento.





Enlace:
Reflections of the Past by Tom Hussey







domingo, 20 de octubre de 2013

Latín y Jazz: Catulo, Louis Armstrong y Gonzalo Rojas.




Louis Armstrong en Roma.
(Vía theconstantbuzz.com)
































Un fin de semana es más placentero cuando podemos dedicar tiempo a nuestras aficiones. Un café con los amigos, una tirada de fotos, una buena lectura y que no falte la música.

¿Alguno ha experimentado el placer de combinar los poemas de Catulo y el jazz de Louis Armstrong, por ejemplo?

El  poeta Gonzalo Rojas (gran conocedor del intraexilio como su admirado Ovidio) nos dejó escrito lo que sintió cuando en su casa caribeña leía a Catulo mientras escuchaba al señor Armstrong. De ahí surgió su poema Latín y jazz.


Leo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis 
                                    [Armstrong, lo reoigo
en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles
en el latín augusto de Roma con las trompetas 

                                    [libérrimas, lentísimas,
en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido
de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las 

                                    [olas
que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta 

                                    [materia
que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar
en que amarro la ventolera de estas sílabas.

Es el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor
del movimiento, loco el círculo de los sentidos, 

                                    [lo súbito
de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma
y África, la opulencia y el látigo, la fascinación
del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí
y el infortunio de los imperios, vaticinio
o estertor: éste es el jazz,
el éxtasis
antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis,
Catulo mío,

                   ¡Tánatos!


(Gonzalo Rojas, 1916-2011)







Me quedo con ganas de seguir así que añado tres enlaces. En el primero encontraréis la traducción de varios poemas de Catulo; el segundo os llevará hasta la completísima página que la Universidad de Chile dedica a Gonzalo Rojas y el tercero es un estupendo programa de RTVE recordando a Louis Armstrong. 


Carpamus dulcia!


http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/catulo.asp


http://www.gonzalorojas.uchile.cl/index.html


http://www.rtve.es/alacarta/audios/jazz-porque-si/jazz-porque-si-louis-armstrong-1955-04-10-13/2045709/



jueves, 10 de octubre de 2013

Héctor Rondón Lovera: El poder de una fotografía.





© Héctor Rondón Lovera (1933-1984)


























Desde que he creado mi cuenta en Tumblr he tenido la oportunidad de conocer y el placer de admirar numerosas obras de Arte donde artistas de épocas y estilos muy diferentes expresan sus ideas, su concepto de la vida, su forma de ver y entender algo de este complejo universo que somos todos y cada uno de nosotros. Hoy me ha impactado una fotografía realizada por Héctor Rondón Lovera en Puerto Cabello (Venezuela) allá por el año 1962 donde vemos a un soldado agonizante abrazando a un sacerdote que intenta levantarle del suelo. La foto es muy dura, pero extraordinaria. Retrata la fragilidad de la vida, el rechazo a la violencia y especialmente el valor del capellán  Luis Padillo que en medio de una lluvia de balas no se esconde ni mira para otro lado sino que acude a socorrer a los heridos en el levantamiento militar de la Base Naval de Puerto Cabello. Esto me ha hecho pensar en todos aquellos que se dedican a ayudar a los demás de forma totalmente altruista y desinteresada, un modo de entender la vida que hace recobrar la confianza en nosotros mismos, difícil asunto en estos tiempos donde triunfa el egoísmo y el todo vale.

No quiero olvidarme del mérito del fotógrafo por estar en el momento y el lugar, por arriesgar su vida  para tomar la serie de fotos que retratan la historia de El Porteñazo. Por este trabajo el venezolano no solo obtuvo en 1962 el World Press a la mejor foto del año sino que fue el primer latinoamericano en ganar el prestigioso premio Pulitzer en 1963. 

Héctor Rondón Lovera es ya historia de la fotografía.

La imagen me hizo recordar unos versos de Borges “Detrás de los mitos y las máscaras, el alma, que está sola”.



Imágenes de la Insurrección Puerto Cabello. 







viernes, 14 de junio de 2013

Rafael Cadenas: “Contestaciones” a Meleagro de Gádara y Alfeo de Mitilene





© ROLDÁN SERRANO



Disfruto estos días previos al verano leyendo la poesía de Rafael Cadenas. Este venezolano (Barquisimeto, 1930) es un reconocido poeta, sin duda uno de los grandes.

En su obra encontramos una apuesta por la vida con el individuo como centro de su atención. Un compromiso personal envuelto en versos sobrios, claros, sin artificios. "No quiero estilo sino honradez" leemos en uno de sus poemas.

Este Poeta Mayor  que se declara firme partidario del diálogo dice de sí mismo: Soy apenas un hombre que trata de respirar por los poros del lenguaje.

Me gusta su actitud crítica, esa que no surge de posicionamientos preconcebidos sino de la realidad, de lo que se ve.  Es de agradecer la lucidez de un hombre que nos transmite reflexiones como esta: Cualquier ideología es perversa, aunque esté guiada por la buena intención, porque separa a los seres humanos. El bien que se busca termina trocándose en mal. Las revoluciones traen violencia, se vuelven sangrientas, instauran dictaduras, destruyen y se autodestruyen, todo por el bien del pueblo. Prefiero el sentido común, que es ajeno a carismas, redencionismos, salvaciones, a todas esas grandiosidades hipócritas cuyos promotores nunca se han visto a sí mismos. Si lo hicieran se darían cuenta de que el mal que pretenden combatir está también en ellos y eso es igualmente valedero para los que se les oponen, quienes sin embargo, por estar más cerca de la realidad -al menos su retórica no tiene pretensiones mesiánicas- podrían acercarse al autoconocimiento.


En su obra plural y variada también hay lugar para las Contestaciones,  breves réplicas o alegaciones llenas de ingenio, ironía y una buena dosis de humor en las que el poeta tras elegir un verso o poema breve de otros deja al descubierto sus contradicciones. Un ejemplo lo tenemos en la forma de contestar  al poeta griego Meleagro (Gádara, s. II-I a. C) y su conocido verso,  Eros gran cocinero del alma a lo que Cadenas dice: A él también a veces se le quema la comida. Breve y aguda “mordida”, sí señor.  


También Alfeo de Mitilene es elegido como interlocutor  del poeta y a su conocido epigrama, Es el amor la piedra en que se afila el alma le contesta: “Así amolada puede oradar la noche de las contradicciones y salir límpida en la Aurora”. 

Ahora que se acercan las vacaciones y me pedís que recomiende alguna lectura, aquí tenéis una de las mejores. 

Finalizo ya con un poema al que sigue un vídeo de la Editorial Pre-Textos, grabado en el Homenaje a Rafael Cadenas que se celebró en la Casa de América de Madrid el 9 de junio de 2010. 



Fracaso

Cuanto he tomado por victoria es sólo humo.
Fracaso, lenguaje del fondo, pista de otro espacio más exigente, difícil de entreleer es tu letra.
Cuando ponías tu marca en mi frente, jamás pensé en el mensaje que traías,
más precioso que todos los triunfos.
Tu llameante rostro me ha perseguido y yo no supe que era para salvarme.
Por mi bien me has relegado a los rincones, me negaste fáciles éxitos, me has quitado salidas.
Era a mí a quien querías defender no otorgándome brillo.
De puro amor por mí has manejado el vacío que tantas noches me ha hecho hablar afiebrado a una ausente.
Por protegerme cediste el paso a otros, has hecho que una mujer prefiera a alguien más resuelto,
me desplazaste de oficios suicidas.
Tú siempre has venido al quite.
Sí, tu cuerpo llagado, escupido, odioso, me ha recibido en mi más pura forma para entregarme
a la nitidez del desierto.
Por locura te maldije, te he maltratado, blasfemé contra ti.
Tú no existes.
Has sido inventado por la delirante soberbia.
¡Cuánto te debo!
Me levantaste a un nuevo rango limpiándome con una esponja áspera, lanzándome a mi verdadero campo de batalla, cediéndome las armas que el triunfo abandona.
Me has conducido de la mano a la única agua que me refleja.
Por ti yo no conozco la angustia de representar un papel, mantenerme a la fuerza en un escalón, trepar con esfuerzos propios, reñir por jerarquías, inflarme hasta reventar.
Me has hecho humilde, silencioso y rebelde.
Yo no te canto por lo que eres, sino por lo que no me has dejado ser. Por no darme otra vida.
Por haberme ceñido. 
Me has brindado sólo desnudez.
Cierto que me enseñaste con dureza ¡y tú mismo traías el cauterio!, pero también
me diste la alegría de no temerte.
Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa.
Gracias a ti que me has privado de hinchazones.
Gracias por la riqueza a que me has obligado.
Gracias por construir con barro mi morada.
Gracias por apartarme.
Gracias.









lunes, 8 de abril de 2013

Eugenio Montejo: Navegando hacia Ítaca





Fotografía:  Amelia G. Suárez



















Ἄνδρα μοι ἔννεπε, μοῦσα, πολύτροπον, ὃς μάλα πολλὰ
πλάγχθη, ἐπεὶ Τροίης ἱερὸν πτολίεθρον ἔπερσεν·
πολλῶν δ᾽ ἀνθρώπων ἴδεν ἄστεα καὶ νόον ἔγνω,
πολλὰ δ᾽ ὅ γ᾽ ἐν πόντῳ πάθεν ἄλγεα ὃν κατὰ θυμόν,
ἀρνύμενος ἥν τε ψυχὴν καὶ νόστον ἑταίρων.
  (Ὁμήρου Ὀδύσσεια)


Háblame, ¡Oh Musa! del hombre ingenioso, que mucho tiempo
anduvo errante, tras devastar la sagrada fortaleza de Troya;
que vio las ciudades de muchos hombres y conoció su pensamiento,
aquel que en el mar soportó numerosos tormentos en su ánimo,
luchando por su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria.
(Homero, Odisea)




Así comienza nuestro viaje, surge de la voz del inmortal aedo griego Homero que porta en sus palabras el destino del héroe, el valeroso Ulises. Entre retornos aventureros, búsquedas incesantes y olvidos involuntarios nuestro héroe sufre un duro periplo para alcanzar el horizonte de su patria, Ítaca. Y así convierte su extraordinaria odisea en un canto inmortal que simboliza la lucha de todo hombre por encontrar sus propias raíces, la esencia de su propio ser. Todo un símbolo que se recrea una y otra vez en el imaginario poético de tantos escritores de épocas y estilos bien diferentes. Alguno de ellos ya se ha subido a la nave de Mercurio. Faltan otros, llegarán.

Navegamos  hoy entre los versos de Eugenio Montejo (1938 -2008).  En Ítaca la magia de la palabra del poeta venezolano rinde homenaje a uno de los más reconocidos poetas griegos, Kavafis.  

El hombre en su eterno viaje hacia el encuentro consigo mismo. Todos somos Ulises, caminando sin saber con exactitud dónde se encuentra nuestra particular Ítaca, ni siquiera si está dentro o fuera de nosotros.  Trayecto inevitable que nos llevará a nuestro destino sin importar la distancia recorrida. Debemos estar preparados porque no hay lugar ni tiempo donde esconderse, el momento llegará, el hombre ante sí mismo, sin mentiras, sin máscaras ni disfraces y allí en el centro de nuestro ser, deberemos mostrar el verdadero Ulises que portamos.





Ítaca
(Para un homenaje a Konstantinos Kavafis)

  Por esta calle se va a Ítaca
y en su rumor de voces, pasos, sombras,
cualquier hombre es Ulises.
Grabado entre sus piedras
se halla el mapa de esa tierra añorada.
¡Síguelo!

  El pájaro que escuchas está cantando en griego.
No lo traduzcas. No va ahorrarte camino.
Aquellas nubes vienen de su mar.
¡Contémplalas!
Son más puros los cielos de las islas.

  Por esta calle, en cualquier auto,
hacia el norte o el sur
se viaja a Ítaca.
En los ojos de los paseantes arde su fuego,
sus pasos rápidos delatan el exilio.
Aún sin moverte –como estos árboles-
hoy o mañana llegarás a Ítaca.
Está escrito en la palma de tu mano
como una raya que se ahonda, día tras día,
aunque te duermas, despertarás en Ítaca.

  La lluvia de este valle,
todo lo arrastra, despacio, hasta sus puertas,
no tiene otro declive.
Ya puedes anunciarnos tu llegada,
buscar hotel, dar al olvido tu destierro.
Por esta calle no ha cruzado un hombre,
que al fin, no alcance su paisaje.
Prepara el corazón para el arribo,
una vez en su reino, muestra tu magia.
Será el reto supremo del exilio.

  A ese mar no se miente,
la furia de sus olas todo lo hace naufragio.
Pero no te amilanes.
¡Demuéstranos que siempre fuiste Ulises!

Eugenio Montejo,  (Alfabeto del Mundo)






sábado, 2 de febrero de 2013

José A. Ramos Sucre: Granizada.








José A. Ramos Sucre (Cumaná, 1890- Ginebra, 1930)

Los extraordinarios poemas en prosa de este venezolano impactan y desde luego nunca dejan indiferente. Desde que he tenido la oportunidad de acercarme a su obra no cesa de sorprenderme. En sus narraciones poéticas al margen de ese velo de muerte que parece cubrirlo todo hay mucha vida, mucha fuerza, mucho sentimiento oprimido e incomprendido como da la sensación que ha sido este hombre en su época (y seguramente en las posteriores).

En Granizada el poeta escribe que la historia es un mecanismo que  no sirve sino para aumentar el odio entre los hombres así pues hay que desechar la historia, usar con ella el gesto de la criada que, al amanecer de cualquier día, despide con la escoba el cadáver de un murciélago, sabandija negra, sucia y mal agorera. 

Sus aforismos son granizos que insolentes y demoledores, aunque no exentos de mordaz ironía, atacan la intrínseca condición del ser humano. Es la munición de la que se sirve la angustia, el pesimismo existencialista de Ramos Sucre que parece no dejar títere con cabeza.




 GRANIZADA

—Leer es un acto de servilismo.

—La ignorancia nos lleva derecho al escepticismo, que es la actitud más juiciosa de nuestra mente.  

—La ciencia consta de los hechos y de su explicación. Esta última es variable y sujeta a error, pero no debemos preocuparnos, porque el error es el principal agente de la civilización.

—Las reputaciones impedirían el progreso si no existieran los murmuradores.

—El derecho y el arte son una enmienda del hombre a la realidad.

—La aristocracia de nacimiento es una autosugestión. Por eso, nadie cree en el linaje de otro.

—La democracia es la aristocracia de la capacidad.

—El dinero no sirve sino para comprar.

—El trabajo es un ejercicio devoto que sirve a los desvalidos para ganar el reino de los cielos.

—La gramática sirve para justificar las sinrazones del lenguaje.

—La historia no sirve sino para aumentar el odio entre los hombres.

—Dos médicos no pueden mirarse a la cara sin reírse.

—El matrimonio es un estado zoológico.

—El matrimonio es el camino por el cual dos personas llegan más fácilmente a odiarse y a despreciarse.

—El matrimonio: azotes y galeras.

—Enamorarse es una falta de amor propio.

—La humanidad es una reata de monos.

—Dostoyewski predicaba la religión del sufrimiento. ¡Cuidado con escuchar a ese ruso anómalo! Fundemos, por fin, la religión de la dignidad humana, una religión inteligible y barata, sin clero ni altar.

—El adulterio es delito forzado como el contrabando. Sirve para subsanar las situaciones tiránicas nacidas del matrimonio de conveniencia. Restablece la sinceridad en la elección.

—La amistad es una capitulación de la dignidad.

—La falta de escrúpulo es el sucedáneo de la energía.

—La fortaleza es la desesperación aceptada.

—La hospitalidad es una virtud de pueblo bárbaro.

—El orgulloso se compara con el ideal de la perfección y el vanidoso se compara con los demás hombres.

—El elogio no contenta sino a los seres abyectos. Equivale a una gracia o licencia. Al aceptarlo, confesamos la soberanía de los demás.

—El mal es un autor de la belleza. La tragedia, memoria del infortunio, es el arte superior. El mal introduce la sorpresa, la innovación en este mundo rutinario. Sin el mal, llegaríamos a la uniformidad, sucumbiríamos en la idiotez.

—Cierta caridad, la del soberbio, es simultánea con la envidia. Una persona maldice la prosperidad de su igual, censura, cuando menos, al prójimo de su misma línea y abraza y regala al humilde.

—El tiempo es una invención de los relojeros.

—Horacio es una áurea mediocridad.

—La gloria no es aristocrática. Es el veredicto de la humanidad, el asentimiento de un aquelarre de loros.

—La virtud es el sacrificio de sí mismo. Difiere esencialmente de la austeridad y de su cómplice la fealdad.

—La cobardía, el atrevimiento con el desvalido, es el rasgo esencial de la criatura humana.

—La sociología es la torre de Eiffel de la estupidez.

— La incertidumbre es la ley del universo.

—Novio de origen alemán, insípido e hipnótico.

—La fama no es sino el voto de la muchedumbre.

—La democracia en el Estado y la aristocracia en la familia.

—La grandeza de los héroes falsos y de forja sube con el cercén de los méritos ajenos.

—La libertad no es sino el cumplimiento de la ley dictada en interés general.