Ότι δεν με σκοτώνει με κάνει πιο δυνατό


Mostrando entradas con la etiqueta ODISEA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ODISEA. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de septiembre de 2014

Un poema de Derek Walcott: Una goleta que surca el Caribe... podría ser Ulises, o tú o yo...




©Agostino Arrivabene, Odisseo, 2012.






























Esa vela que descansa en la luz,
hastiada de las islas,
una goleta que surca el Caribe

en dirección al hogar, podría ser Odiseo,
camino a casa en el Mar griego;
aquel ansia de padre y esposo

bajo las arrugadas uvas agrias, es
como aquél adultero que escucha el nombre 
de Náusica en el grito de cada gaviota.

Esto no tranquiliza a nadie. La vieja batalla
entre la obsesión y la responsabilidad 
no terminará nunca y ha sido la misma

tanto para el navegante como para el que se 
retuerce allá en la orilla sobre sus sandalias 
al encaminar sus pasos hacia el hogar,
desde que Troya suspiró su última llama,

y la roca del gigante ciego sacó la batea
de cuyo pozo surgen los grandes hexámetros
que terminan en marejadas exhaustas.


Los clásicos pueden consolar. Mas no lo suficiente.


(Traducción de Véronica Zondek)



En el siguiente enlace encontraréis una entrevista con Derek Walcott; de hace ya un tiempo pero interesante.




viernes, 21 de marzo de 2014

Epigrama de Antífilo de Bizancio: Bajorrelieve de Arquelao de Priene




Bajorrelieve de Arquelao de Priene 





























–Libros, ¿De quién sois? ¿Qué lleváis dentro? 

–Somos hijos del Meónida[i], conocedores 
de la historia de Ilión.
Uno de nosotros narra la cólera de Aquiles, 
las hazañas de la mano de Héctor 
y las batallas de los diez años de guerra;
el otro las penalidades de Odiseo y las lágrimas
de la virtuosa Penélope junto al lecho vacío.

–Sed benévolos en compañía de las Musas, 
pues gracias a vuestros cantos
los siglos afirman que son once las Piérides[ii].

(Antífilo de Bizancio, AP II 58, Edit. Gredos)



Este epigrama parece corresponder a la descripción del bajorrelieve de Arquelao de Priene (aprox. 125 a. C.) cuya copia se conserva en el Museo Británico y representa la apoteosis de Homero con la Iliada y la Odisea personificadas. 
Buscando la imagen casualmente encontré un artículo sobre este bajorrelieve, adjunto  el enlace, 





[i] Homero. Se le llama así por ser Meonia un topónimo que designa a Lidia, una de las posibles cunas de Homero.

[ii] Las nueve Musas tradicionales mas los dos libros de Homero.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Mercurio navega de nuevo




 © Alice and Martin Provensen



¡Qué gusto reencontrarnos! 

Después de unas vacaciones tranquilas y placenteras aquí estamos de nuevo. Este curso viene  con nuevos proyectos para mí por lo que preveo que el tiempo del que pueda disponer para publicar en el blog no será todo el que quisiera. Aun así a esta nave de Mercurio se subirán unos colaboradores insuperables: Homero, Hesíodo, Eurípides, Sófocles, Ésquilo, Aristófanes, Heródoto, Tucídides, Zenón, Safo, Píndaro, Demóstenes, Teócrito, Apolonio, Jenofonte, Eratóstenes, Aristarco, Luciano, Plutarco, Lisias, Arriano, Polibio, Teófanes, Sócrates, Aristóteles, Virgilio, Horacio, Séneca, Cicerón, Ausonio, Ovidio, Juvenal, Catulo, Apuleyo, Petronio, Tito Livio, Catón, Plinio, Tácito, Julio César, Fedro, Lucano, Vitruvio, Cervantes, Garcilaso de la Vega, Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Fray Luis de León, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Hernando de Acuña, Baltasar del Alcázar, Juan de Tassis, Espronceda, Bécquer, Campoamor, Rosalía de Castro, Calderón de la Barca, Cadalso, Unamuno, Clarín, Galdós, Juan Ramón Jiménez, Delmira Agustini, Salinas, César Vallejo, Jorge Guillén, Vicente Huidobro, Blas de Otero, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Alberti, Neruda, Altolaguirre, Ángel González, José Hierro, Goytisolo, Gil de Biedma, Vázquez Montalbán, Delibes, Cortázar, Buero Vallejo, Leopoldo María Panero, Olvido García Valdés, Ana Rossetti, Juan Gelman, Rafael Cadenas, Clara Janés… Y muchos más, algunos os sorprenderán.

La música estará presente de forma habitual al igual que la pintura, arquitectura... el mundo  de las Artes en general, sin olvidar que este es un espacio para la opinión propia y la de otros.  

Comenzamos con poesía, fotografía y música.



Los versos de Juan Eduardo Cirlot (1916-1973).

Mensajera del más allá, tú vienes
con forma de mujer, pero el abismo
se cierne junto a ti tan dulcemente.

Bronwyn,
constelaciones pálidas esperan
en medio de otros cielos con tu luz.





Fotografía.


       Nicholas Garlab© – Sugar in red




Y  Bach, ¡siempre!



lunes, 8 de abril de 2013

Eugenio Montejo: Navegando hacia Ítaca





Fotografía:  Amelia G. Suárez



















Ἄνδρα μοι ἔννεπε, μοῦσα, πολύτροπον, ὃς μάλα πολλὰ
πλάγχθη, ἐπεὶ Τροίης ἱερὸν πτολίεθρον ἔπερσεν·
πολλῶν δ᾽ ἀνθρώπων ἴδεν ἄστεα καὶ νόον ἔγνω,
πολλὰ δ᾽ ὅ γ᾽ ἐν πόντῳ πάθεν ἄλγεα ὃν κατὰ θυμόν,
ἀρνύμενος ἥν τε ψυχὴν καὶ νόστον ἑταίρων.
  (Ὁμήρου Ὀδύσσεια)


Háblame, ¡Oh Musa! del hombre ingenioso, que mucho tiempo
anduvo errante, tras devastar la sagrada fortaleza de Troya;
que vio las ciudades de muchos hombres y conoció su pensamiento,
aquel que en el mar soportó numerosos tormentos en su ánimo,
luchando por su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria.
(Homero, Odisea)




Así comienza nuestro viaje, surge de la voz del inmortal aedo griego Homero que porta en sus palabras el destino del héroe, el valeroso Ulises. Entre retornos aventureros, búsquedas incesantes y olvidos involuntarios nuestro héroe sufre un duro periplo para alcanzar el horizonte de su patria, Ítaca. Y así convierte su extraordinaria odisea en un canto inmortal que simboliza la lucha de todo hombre por encontrar sus propias raíces, la esencia de su propio ser. Todo un símbolo que se recrea una y otra vez en el imaginario poético de tantos escritores de épocas y estilos bien diferentes. Alguno de ellos ya se ha subido a la nave de Mercurio. Faltan otros, llegarán.

Navegamos  hoy entre los versos de Eugenio Montejo (1938 -2008).  En Ítaca la magia de la palabra del poeta venezolano rinde homenaje a uno de los más reconocidos poetas griegos, Kavafis.  

El hombre en su eterno viaje hacia el encuentro consigo mismo. Todos somos Ulises, caminando sin saber con exactitud dónde se encuentra nuestra particular Ítaca, ni siquiera si está dentro o fuera de nosotros.  Trayecto inevitable que nos llevará a nuestro destino sin importar la distancia recorrida. Debemos estar preparados porque no hay lugar ni tiempo donde esconderse, el momento llegará, el hombre ante sí mismo, sin mentiras, sin máscaras ni disfraces y allí en el centro de nuestro ser, deberemos mostrar el verdadero Ulises que portamos.





Ítaca
(Para un homenaje a Konstantinos Kavafis)

  Por esta calle se va a Ítaca
y en su rumor de voces, pasos, sombras,
cualquier hombre es Ulises.
Grabado entre sus piedras
se halla el mapa de esa tierra añorada.
¡Síguelo!

  El pájaro que escuchas está cantando en griego.
No lo traduzcas. No va ahorrarte camino.
Aquellas nubes vienen de su mar.
¡Contémplalas!
Son más puros los cielos de las islas.

  Por esta calle, en cualquier auto,
hacia el norte o el sur
se viaja a Ítaca.
En los ojos de los paseantes arde su fuego,
sus pasos rápidos delatan el exilio.
Aún sin moverte –como estos árboles-
hoy o mañana llegarás a Ítaca.
Está escrito en la palma de tu mano
como una raya que se ahonda, día tras día,
aunque te duermas, despertarás en Ítaca.

  La lluvia de este valle,
todo lo arrastra, despacio, hasta sus puertas,
no tiene otro declive.
Ya puedes anunciarnos tu llegada,
buscar hotel, dar al olvido tu destierro.
Por esta calle no ha cruzado un hombre,
que al fin, no alcance su paisaje.
Prepara el corazón para el arribo,
una vez en su reino, muestra tu magia.
Será el reto supremo del exilio.

  A ese mar no se miente,
la furia de sus olas todo lo hace naufragio.
Pero no te amilanes.
¡Demuéstranos que siempre fuiste Ulises!

Eugenio Montejo,  (Alfabeto del Mundo)






miércoles, 19 de diciembre de 2012

Penélope, reina de Ítaca




John William Watherhouse, Penélope 




Penélope, paradigma de mujer hermosa, símbolo de la lealtad en el amor. Esta reina de Ítaca que durante más de veinte años con inquebrantable firmeza esperó el regreso de su amado Ulises representa el modelo sublime e idealizado de esposa. Ella nos ha sido legada por la mano del inmortal Homero que en su Odisea ha creado este mito formando una mujer sin duda a la altura del gran héroe protagonista, el astuto Ulises. El gran rey de Ítaca que acude a la guerra de Troya y allí permanece diez años hasta que su ingenio, favorecido siempre por la diosa Atenea, determina la victoria de los griegos frente a los aguerridos troyanos. Otros diez años durará el viaje de retorno de Ulises a su reino. Mientras su bella esposa le aguarda en una virtuosa espera, consiguiendo engañar a los pretendientes que deseaban aceptase la desaparición del héroe griego para unirse a ella en un nuevo enlace, en tanto dilapidaban los bienes del palacio. Penélope, inteligente y hábilmente les engaña durante mucho tiempo con la excusa de tejer un sudario para Laertes; su agudeza y maestría logran destejer durante la noche lo tejido durante el día y así les supera y triunfa sobre todos hasta que la fe en su amor se ve recompensada con el deseado regreso de Ulises. Veinte años después los dos amantes se reencuentran y así lo leemos en Odisea, canto XXIII:


“… y lloraba abrazado a su deseada, a su fiel esposa. Como cuando la tierra aparece deseable a los ojos de los que nadan..., así de bienvenido era el esposo para Penélope, quien no dejaba de mirarlo y no acababa de soltar del todo sus blancos brazos del cuello.”

“Y cuando habían gozado del amor placentero, se complacían los dos esposos contándose mutuamente, ella cuánto había soportado en el palacio, la divina entre las mujeres; contemplando la odiosa comparsa de los pretendientes que por causa de ella degollaban en abundancia toros y carnosas ovejas y sacaban de las tinajas gran cantidad de vino; por su parte, Odiseo, de linaje divino, le contó cuántas penalidades había causado a los hombres y cuántas había padecido él mismo con fatiga. Penélope gozaba escuchándole y el sueño no cayó sobre sus párpados hasta que le contara todo.”



Desde Homero hasta hoy son muchos los autores que en diferentes campos de las Artes y con distintos propósitos se han interesado por este mito. Por centrarnos en la Literatura vemos que aparece en los antiguos como Platón en su obra Fedón, Teócrito, Ovidio o Apolodoro por citar algunos, pasando por Bocaccio en su De claris mulieribus;  nos la encontamos también en los emblemas de Alciato, cómo olvidar el poema La tela de Penélope de Robert Greene… y adentrándonos en épocas más recientes imposible obviar a Joyce y su Ulises,  Buero Vallejo y la obra La tejedora de sueños,  Jorge Luis Borges en Un escolio donde el amor de Ulises aparece como prototipo del verdadero amor. En fin sería imposible citar aquí a tantos magníficos escritores que se han sentido atraídos por la fuerza de esta leyenda homérica. Ejemplo actual de ello es el poema que he elegido y podéis leer a continuación, su autor es el poeta asturiano y profesor de Filología Latina en la Universidad de Oviedo, Aurelio González Oviés.




Penélope de Ulises

Más allá de su casa el calor de septiembre
crepita en las higueras;
Penélope de Ulises, fiel espartana,
se ha asomado al balcón donde borda por siempre
y ahuyenta una pareja de gansos atrevidos
que va picoteando la flor de sus hortensias.
La casa huele a pan, a recuerdo de harina,
A esperanza nacida de una esperanza vieja.
¿Volverá? Quién sabe si en el mar
o a la luz de los faros,
después de tanto tiempo, se sigue recordando.
Y de repente canta (bien sabe por qué canta)
y de la comisura de sus labios
pende un temblor que es casi ya una lágrima.

Y el sol llega a sus ojos como una pesadumbre
―no hay nada más hermoso, sin embargo, que el rostro
de Penélope con la estela brillante de las lágrimas―.
¿Volverá? En momentos como este no deja de bordar
por no llorar delante de doncellas,
mas sus dedos no saben si bordan una flor
sobre el sudario
o anudan otro pétalo a su pena.
No se parece en nada a la mujer de piel campesina,
la más esbelta de Itaca,
que antaño llegó a ser la esposa deseada,
porque de tanta espera,
de tanto deshacer la tela de sus días
cuando la noche entraba, va quedando con hilos
que descosen la carne de su cara.
Se parece muy poco a la de brazos níveos,
por abrazarse tanto al llanto del crepúsculo,
por rehusar promesas de tantos pretendientes,
esperando las velas de las naves rojizas
que las olas del tiempo jamás, tal vez, acerquen.
Y a veces ya le ocurre lo mismo que a su perro:
que de ladrar atado al pie de su destino,
tiene la tirantez ahogándole en el cuello,
una marca amarilla de soledad y hastío
que le ha robado olfato, el aullido y el pelo.
Y nunca pasa nada sino la vida en vano,
las horas se suceden girando en el vacío,
como una rueca muerta varada en unas manos
que no darán más vueltas. Lo tienen prometido.
Penélope de Ulises, la solitaria de Itaca,
la del balcón abierto por si escuchara pasos;
Penélope de Ulises, la eterna bordadora
de su presente aciago, de su futuro mítico.
La esposa envejecida como un griego olvidado.



El poema en audio







Penélope de Georges Brassens.