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miércoles, 27 de marzo de 2013

Semana Santa: Una pintura de Velázquez, un poema de Unamuno y... Bach!





DiegoVelázquez, Cristo crucificado, c.1632



¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno. Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dio toda su sangre
porque las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!

      (Unamuno, El Cristo de Velázquez)






J. S. Bach, La Pasión según San Mateo










jueves, 22 de noviembre de 2012

Miguel de Unamuno: La oración del ateo







La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi alma endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.






Μιγκέλ ντε Ουναμούνο  
                                 
                                    Η ΠΡΟΣΕΥΧΗ ΕΝΟΣ ΑΘΕΟΥ

                           Άκουσε την προσευχή μου , Θεέ που δεν υπάρχεις,
                           και  δεν ακούς   τα παράπονά μου,
                           Εσύ που δεν αφήνεις τους φτωχούς ανθρώπους
                           δίχως  απατηλή  παρηγοριά.  Δεν αντιστέκεσαι

                           στις προσευχές μας και  στις επιθυμίες μας.
                           Όταν  μακραίνεις απ΄ το νου μου,
                           θυμάμαι πιο πολύ τους γαλήνιους μύθους
                           που γλύκαναν την ψυχή μου τις θλιμμένες νύχτες.

                           Είσαι μέγας Θεέ μου! Είσαι τόσο μέγας
                           που δεν υπάρχεις χωρίς την Ιδέα.  Είναι τόσο στενή
                           η πραγματικότητα που επεκτείνεται

                           να σε καλύψει. Υποφέρω σε βάρος σου,
                           Θεέ που δεν υπάρχεις,  γιατί αν υπήρχες
                           θα  υπήρχα κι εγώ πραγματικά.

                                                   Μετάφραση: Μόσχος Λαγκουβάρδος












miércoles, 1 de febrero de 2012

MIGUEL DE UNAMUNO

¡Por fin! Ya nos toca ver, leer, meditar y debatir sobre la obra de una de las grandes figuras de la Literatura española: Don Miguel de Unamuno.Evidentemente dedicarle una sola entrada a su vida y obra es misión imposible así que a través de diferentes enlaces pondré a vuestra disposición diversos estudios sobre la figura de este interesante e ilustre profesor, todo un catedrático de Filología Clásica que dedicó su buen hacer a la escritura pero que paradójicamente no escribió nada sobre la materia objeto de su cátedra sin duda por la necesidad de ocuparse en los dos temas más recurrentes e importantes de su obra: España y el problema de la inmortalidad.
Aunque Unamuno en su ensayo “Sobre la enseñanza del clasicismo” reconocía que nunca había hecho alarde de sus conocimientos de literatura griega y que procuraba no hacer sentir sobre sus lectores el catedrático de griego, sin embargo admitía que el íntimo trato con los clásicos griegos sin duda influía en su labor literaria. Y en este sentido como afirma Antonio Melero Bellido (catedrático de Filología de la Universidad de Valencia) la nómina completa de citas directas, indirectas o alusiones del mundo griego que Unamuno esparce por su obra son impresionantes.
Además de leer una selección de su obra estaría bien que tomásemos nota de algunos aspectos destacados de su vida, obra y generación. Por ejemplo:
Cronología de Miguel de Unamuno:http://www.unav.es/gep/CronologiaUnamuno.html

La obra de Miguel de Unamuno:http://www.rinconcastellano.com/sigloxx/unamuno_obra.html

La generación del 98:http://personal.telefonica.terra.es/web/apuntesasr/JoseCarlosCarrillo/LitJCCCarGen98.htm

Y antes de terminar –por el momento– aquí van dos sugerencias interesantes, la primera es la lectura del poema que Antonio Machado dedica a Unamuno (que podemos unir a la colección de poemas que elegisteis para la lectura en clase) y la segunda es la audición del archivo sonoro de RNE donde podremos escuchar la voz del propio Unamuno (en 1931) hablando sobre el poder de la palabra y además le oiremos recitar parte de un poema. Vamos, ¡para no perdérselo!


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A DON MIGUEL DE UNAMUNO de ANTONIO MACHADO
Este donquijotesco
don Miguel de Unamuno, fuerte vasco,
lleva el arnés grotesco
y el irrisorio casco
del buen manchego. Don Miguel camina,
jinete de quimérica montura,
metiendo espuela de oro a su locura,
sin miedo de la lengua que malsina.

A un pueblo de arrieros,
lechuzos y tahúres y logreros
dicta lecciones de Caballería.
Y el alma desalmada de su raza,
que bajo el golpe de su férrea maza
aún duerme, puede que despierte un día.

Quiere enseñar el ceño de la duda,
antes de que cabalgue, al caballero;
cual nuevo Hamlet, a mirar desnuda
cerca del corazón la hoja de acero.

Tiene el aliento de una estirpe fuerte
que soñó más allá de sus hogares,
y que el oro buscó tras de los mares.
Él señala la gloria tras la muerte.
Quiere ser fundador, y dice: Creo;
Dios y adelante el ánima española...
Y es tan bueno y mejor que fue Loyola:
sabe a Jesús y escupe al fariseo.