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domingo, 20 de octubre de 2013

Latín y Jazz: Catulo, Louis Armstrong y Gonzalo Rojas.




Louis Armstrong en Roma.
(Vía theconstantbuzz.com)
































Un fin de semana es más placentero cuando podemos dedicar tiempo a nuestras aficiones. Un café con los amigos, una tirada de fotos, una buena lectura y que no falte la música.

¿Alguno ha experimentado el placer de combinar los poemas de Catulo y el jazz de Louis Armstrong, por ejemplo?

El  poeta Gonzalo Rojas (gran conocedor del intraexilio como su admirado Ovidio) nos dejó escrito lo que sintió cuando en su casa caribeña leía a Catulo mientras escuchaba al señor Armstrong. De ahí surgió su poema Latín y jazz.


Leo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis 
                                    [Armstrong, lo reoigo
en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles
en el latín augusto de Roma con las trompetas 

                                    [libérrimas, lentísimas,
en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido
de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las 

                                    [olas
que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta 

                                    [materia
que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar
en que amarro la ventolera de estas sílabas.

Es el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor
del movimiento, loco el círculo de los sentidos, 

                                    [lo súbito
de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma
y África, la opulencia y el látigo, la fascinación
del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí
y el infortunio de los imperios, vaticinio
o estertor: éste es el jazz,
el éxtasis
antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis,
Catulo mío,

                   ¡Tánatos!


(Gonzalo Rojas, 1916-2011)







Me quedo con ganas de seguir así que añado tres enlaces. En el primero encontraréis la traducción de varios poemas de Catulo; el segundo os llevará hasta la completísima página que la Universidad de Chile dedica a Gonzalo Rojas y el tercero es un estupendo programa de RTVE recordando a Louis Armstrong. 


Carpamus dulcia!


http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/catulo.asp


http://www.gonzalorojas.uchile.cl/index.html


http://www.rtve.es/alacarta/audios/jazz-porque-si/jazz-porque-si-louis-armstrong-1955-04-10-13/2045709/



sábado, 27 de abril de 2013

Entre luces y sombras






Un poeta: Ángel González     

                         Un pintor: Leonid Afremov





















                                        FINALMENTE

                              Al final de la vida,
                              no sin melancolía,
                                                                  comprobamos
                              que, al margen ya de todo,
                              vale la pena.

                              Poco de lo restante prevalece.







 TANGO DE MADRUGADA

El bandoneón recorre
estremecidamente
escotes y columnas vertebrales.
Aprisionado por guitarras de amplio radio,
por profundas y agónicas guitarras,
el bandoneón estira
su indolencia y su ronca
sonoridad marina trasplantada.

Hay un instante frívolo
cuando baila la gente.
Hay un momento turbio
en el que desfallezco.
Hay un minuto roto
en el que todo es llanto.

Por detrás del violín apunta la esperanza:
una leve esperanza densamente imposible.
Sé que no has de volver.
La mujer canta.
Sé que no has
de volver. La noche
sigue. Sé  
que no has de volver.

                                           La canción huye,
borracha y sollozante,
hacia la calle,
donde el duro reflejo de unos vidrios helados
la rechaza y la triza contra el suelo.







LA TROMPETA
(Louis Armstrong)

¡Qué hermoso era el sonido de la trompeta
cuando el músico contuvo el aliento
y el aire de todo el Universo
entró en aquel tubo ya libre
de obstáculos!

Qué bello resultaba el estremecimiento
producido por el roce
de los huracanes contra el metal,
de los cálidos
vientos del Sur, y luego del helado
austral, que dio la vuelta al mundo.

El viento solano llegó lleno de luz
salpicando de sol y de verano.
El siroco dejó un poco de arena,
y el mistral
era casi silencio,
igual que los alisios.

Pero escuchad,
escuchad todavía
el ramalazo,
la poderosa ráfaga
que trae gotas de azul
y deja
sobre la piel
la húmeda caricia del salitre.

Un grito agudo interrumpió la melodía.
El artista, extrañado,
agitó su instrumento,
y cayó al suelo, yerto, rota,
una brillante y negra golondrina.




domingo, 7 de abril de 2013

Abril en París





Fotografía: Alfredo Valdés 




Primavera

Abril, sin tu asistencia clara, fuera

invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre exaltarás la primavera.

Eres la primavera verdadera:

rosa de los caminos interiores
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.

¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,

abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!

Mi corazón recogerá tu rosa,

sobre mis ojos se echará tu brisa
tu luz se dormirá sobre mi frente...





Amor

No, no has muerto, no.
Renaces,
con las rosas en cada primavera.
Como la vida, tienes
tus hojas secas; tienes tu nieve, como
la vida...
Mas tu tierra,
amor, está sembrada
de profundas promesas,
que han de cumplirse aún en el mismo
olvido.
¡En vano es que no quieras!
La brisa dulce torna, un día, al alma;
una noche de estrellas,
bajas, amor, a los sentidos,
casto como la vez primera.
¡Pues eres puro, eres
eterno! A tu presencia,
vuelven por el azul, en blanco bando,
blancas palomas que creíamos muertas...
Abres la sola flor con nuevas hojas...
Doras la inmortal luz con lenguas nuevas...
¡Eres eterno, amor,
como la primavera!

                                         Juan Ramón Jiménez