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lunes, 27 de mayo de 2013

Pedro Olalla: ¿Por qué Grecia?



















Documental de Pedro Olalla sobre Grecia.


Arte, Historia, Mitología, Literatura, Filosofía, … mil y una razones que explican y justifican esa pregunta que seguro nos hemos hecho alguna vez, ¿por qué Grecia ha llegado tan adentro en nosotros?

De la mano del helenista asturiano caminaremos por los paisajes reales de Grecia: “El perfil equilibrado y eterno del templo, los paisajes de columnas en ruinas, el mar y las islas de Homero, las majadas dulces y serenas de Arcadia o la silueta esplendorosa de la Atenas Clásica…”

En alguna que otra ocasión hay quien me pregunta ¿para qué sirve todo esto del mundo griego? Una buena respuesta la encontramos en las reflexiones de Pedro Olalla con las que coincido en buena medida: “¿Qué quedaría de nuestra civilización si desapareciera de ella el elemento griego? ¿Cómo seríamos si careciéramos no solo de ese inmenso legado sino también de ese impulso valiente que ha movido siempre a interesarse por lo humano?  Las ruinas nos alertan  de la fragilidad inadvertida de la Civilización, nos recuerdan que sus conquistas son efímeras, que deben ser defendidas cada día que amanece y que la única Civilización posible y digna de tal nombre es la que une a los hombres contra la barbarie. ¡Cuánto perderíamos si renunciásemos al bagaje griego! Grecia ha tenido la cultura más inspiradora, nos ha dejado el mito enseñándonos una actitud humilde y tolerante. De ella heredamos la democracia, la ciudadanía, la política, la ética, el alfabeto, la patria espiritual…y nos ha dejado además el reto de no ser sus herederos sino también sus continuadores. De no quedarnos atrapados en las huellas de los Antiguos sino de seguir buscando lo que ellos buscaron.”





domingo, 16 de diciembre de 2012

Atando cabos





PEDRO OLALLA

En los casi tres años de "crisis" y "rescates" en Grecia, las únicas "medidas" que han conseguido realmente su "objetivo" son las encaminadas desde el primer momento a abaratar el mercado de trabajo, a desmantelar los servicios públicos, a hacer retroceder las conquistas sociales, a debilitar las estructuras democráticas y a favorecer el trasvase de los bienes comunes a manos privadas. No es ironía, es la triste realidad: es la evidencia de que todas las acciones de quienes hoy gestionan esta "crisis" no van encaminadas a ponerle fin sino a sacar de ella el máximo provecho en beneficio propio.
El resultado está siendo el expolio incesante e impune de un pueblo y un país en nombre de una controvertida "deuda": en lo laboral –rebajando salarios y derechos y haciendo galopar el paro y la precariedad–, se ha conseguido ya que el "mercado" esté lleno de gente dispuesta a hacer cualquier cosa por un bocadillo; los servicios públicos –dinamitados premeditadamente por el clientelismo político y por una administración irresponsable– corren ahora a manos de corporaciones privadas ávidas de hacerse con su prometedora gestión; la pérdida de conquistas sociales arroja cotidianamente imágenes de despedidos sin derecho al subsidio, de jubilados hurgando en la basura, de hospitales sin gasas, de farmacias sin medicamentos y de desesperados quitándose la vida; la Democracia ha presenciado miles de movilizaciones en su nombre sofocadas con armas químicas y abultados dispositivos de represión antidisturbios, ha conocido un presidente de gobierno impuesto por los acreedores, está representada por diputados que no se atreven a circular entre los ciudadanos, y asiste cada día a un parlamento donde los "compromisos internacionales" marcan la pauta de gobierno por encima y en contra de los derechos y las necesidades del pueblo y faltando a los principios constitucionales; y, por último, el trasvase de bienes comunes a manos privadas sigue implacablemente su curso, orquestado desde el "Fondo Helénico de Desarrollo de Activos", una sociedad anónima de derecho privado regida por tecnócratas del ámbito financiero y empresarial y encargada de ejecutar el mayor programa de privatizaciones que actualmente se realiza en el mundo.
Como telón de fondo, un informe titulado "Cretan Gas Fields – Α new perspective for Greece's hydrocarbon resources", elaborado por reconocidos expertos para el banco de inversión Pytheas, presenta evidencias científicas que apuntan a la existencia de enormes yacimientos de hidrocarbonos en aguas del sur de Creta. Según Petroleum Geo-Services, compañía noruega líder en la investigación de mercados petrolíferos, la cuenca del sur de Creta "es equivalente" a la llamada "Cuenca Levantina", la cual, de acuerdo con los datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), contiene al menos 3,45 billones de m3 de gas natural y 1.700 millones de barriles de crudo. Sobre el tema de estas prometedoras reservas energéticas en territorio europeo pesa un discreto silencio, aunque, a finales del pasado mes de noviembre, el Deutsche Bank evaluaba la posibilidad de que las deudas de Grecia fueran cubiertas con los beneficios de las futuras extracciones.
¿A quién irá a parar esta riqueza? ¿Podrá un país vendido a sus acreedores mantenerla como su patrimonio? ¿No está siendo la deuda un arma de conquista y de sometimiento más poderosa que la propia guerra? A veces, una lectura de los hechos puede ser tan perfectamente coherente como perfectamente falsa. Ésta, de momento, parece coherente: ojalá los hechos lleguen a demostrar que es falsa.


sábado, 3 de noviembre de 2012

Educación recortable



Por PEDRO OLALLA

Aunque los gastos en educación no son en absoluto la causa de la "crisis", los recortes en educación sí son, inexorablemente, su más inmediata consecuencia. ¿Cómo se justifica esto? De ningún modo que pueda resultar aceptable. En el caso de Grecia, el presupuesto anual de educación no llega siquiera para pagar los intereses de un par de meses de la supuesta "deuda". Esto indica dos cosas; una: que, aunque se suprimiera por completo el presupuesto de educación, poco podría hacerse frente al pago; y dos: que el origen de esa abultada "deuda" no podrá nunca ser atribuido a los excesos en el presupuesto de educación. Sin embargo –tanto en Grecia como en España–, si hay que recortar, se recorta por educación; y si se recorta por educación, se empieza siempre por las humanidades.
Descartada la rentabilidad económica de esta medida, sólo queda pensar en la rentabilidad estratégica. Esa sí que está clara. En el actual plan de privatización de la riqueza nacional, de desmantelamiento del estado social y de debilitamiento progresivo del proyecto de la democracia, la educación de calidad sobra por completo. Basta con unos rudimentos de índole instrumental que permitan guardar las apariencias. Toda educación orientada al desarrollo integral de la persona y al potenciamiento de sus cualidades discursivas y críticas va en contra de los intereses dominantes. Por eso, sobra educación, y sobran especialmente las humanidades.
Así pues, ante esta situación de desatino, hace falta de nuevo salir en defensa de lo obvio, insistir una vez más en la necesidad profunda de las humanidades. Podrían aportarse numerosas razones para defender la presencia de estos conocimientos y esta actitud en el mundo, pero referiré tan sólo una que considero suficiente para que queden excusadas todas las demás. El cultivo de la actitud humanista es fundamental en toda sociedad, porque de esa actitud emana la ética; y sin ética, no hay conquistas ni progreso: sólo abuso, sólo caos. El ejercicio de la ética –que no tiene que ver con la acatación sumisa de un código moral establecido– nos faculta para elegir consciente y responsablemente entre un comportamiento y otro, es decir, nos faculta para la libertad. Sin ética no hay libertad posible; ni tampoco esperemos democracia, ni justicia, ni política, ni solidaridad. Nada de eso es posible sin las humanidades, sin una formación que dé profundidad y perspectiva a la voluntad humana, sin un adiestramiento en la argumentación y en el discurso, sin artes para defender el pensamiento.
Quien recorta lo sabe. ¿Qué es lo primero que se apresura a cercenar cualquier régimen totalitario?: la libertad de pensamiento y de expresión. ¿Cuáles son, en verdad, las intenciones de un sistema que abogue por dejar de cultivar esta actitud y esta potencia en los niños y en los hombres? ¿Sobre qué humanidad desea gobernar un sistema que tienda a limitar progresivamente ese espacio humanista? Renunciando a las humanidades dejamos vía libre a la ley del más fuerte, a que los más poderosos y menos escrupulosos manden sobre una masa ignara e impotente. Y esa perspectiva no carece de adeptos.
Día a día, en nombre de la "crisis", retroceden la historia, la filosofía, la filología, las artes, la formación de la ciudadanía, y prospera un desprecio y una desafección particular por la cultura clásica, por el latín y el griego, las dos lenguas que, desde hace milenios, aportan sin fatiga la materia prima de nuestro pensamiento. Así pues, tengamos una cosa clara: los recortes en educación no son para economizar recursos, sino para atajar la disidencia. 




martes, 2 de octubre de 2012

Zonas Económicas Especiales


Por PEDRO OLALLA



Dado que el negocio de la "crisis" va viento en popa, se acerca ya el deplorable momento de ver cómo, en Grecia, se convierte en cruda realidad la amenaza de las llamadas "Zonas Económicas Especiales": una amenaza visible hace ya tiempo, cuando las perspectivas de futuro que en este blog se analizaban sonaban para muchos a catastrofismo radical.
Hace ahora un año, Philipp Rösler, el joven vicecanciller de origen vietnamita del gobierno Merkel, visitó Grecia al frente de una delegación de empresarios alemanes y planteó abiertamente ante el gobierno griego la conveniencia de crear Zonas Económicas Especiales para atraer las inversiones extranjeras. Los ministros Venizelos y Chrysochoidis estuvieron de acuerdo en la idoneidad de zonas como el Epiro, Tracia, el Peloponeso y el Egeo Sur, pero la burocracia de Bruselas ha demorado hasta el momento el asunto, no tanto por principios éticos como recelosa de favorecer la "competencia desleal" dentro la propia Eurozona. No obstante, los muchos entusiastas de la idea (nacionales y foráneos) han seguido adelante, y, estos primeros días de septiembre, el Viceministro de Trabajo alemán, Hans-Joachim Fuchtel, se ha paseado por el Peloponeso sondeando el terreno y la disposición de autoridades y empresarios de cara al futuro inmediato. Claro está, en sus agendas de trabajo se evita aún utilizar abiertamente el término "Zonas Económicas Especiales", dado que puede despertar suspicacia, como ocurrió hace días en la isla de Leros. Es preferible hablar sencillamente de "inversiones", de "planes estratégicos de desarrollo regional" y, sobre todo, de "creación de puestos de trabajo": éste es el cebo con el que todos pican.
Como, por desgracia, el concepto de "Zona Económica Especial" está llamado a convertirse en uno de los trendies de los próximos años en los países europeos con dificultades financieras, conviene conocer a las claras lo que significa esta eufemística etiqueta. "Zona Económica Especial" es una zona concreta de un país donde las leyes que rigen en todo el territorio nacional son sustituidas por otras más afines a la conveniencia de los inversores que en ella se instalan. Para atraer el capital, las ZEE ofrecen, por lo general, los siguientes incentivos: importación de equipamientos y materias primas libre de aranceles, reducción drástica de los tipos impositivos o incluso exención de impuestos, legislación laboral eslástica, libre circulación de capitales, libre salida del país de beneficios obtenidos, subvención de gastos de transporte, subvención de gastos de contratación de personal, y régimen especial de concesión de licencias. A estos alicientes, se suma también el que el Estado facilita las infraestructuras necesarias en materia vial, de acometidas de agua y electricidad, de telecomunicaciones, de servicios sanitarios, etc. Y por si esto fuera poco, la administración del territorio de la ZEE la ejerce una persona jurídica de derecho privado cuyo principal accionista es, en una primera fase, el ayuntamiento o el gobierno regional de la zona donde se instala, y, más tarde, las propias compañías. Es decir, en la práctica, las "Zonas Económicas Especiales" son zonas del territorio nacional cedidas al control del inversor, que las administra de facto según su conveniencia.
Dejémonos de eufemismos y hablemos claro. Las "Zonas Económicas Especiales" nacieron como un invento de la city de Londres para dar continuidad al colonialismo, necesitado de renovar su imagen victoriana para poder seguir operando con éxito en las nuevas naciones "independientes". La primera ZEE se estableció a finales de 1979 en Shenzhen, entonces un pequeño puerto al norte de Hong Kong y hoy una selva de rascacielos cuyas cristaleras ocultan la explotación extrema y las muecas grotescas de la corrupción y del abuso como modus vivendi. Desde aquel primer experimento hasta la actualidad –gracias a la progresiva desregulación de los mercados y al progresivo aumento de la dependencia financiera de los gobiernos–, han sido declaradas en el mundo cerca de 4.000 Zonas Económicas Especiales. La experiencia internacional pone de manifiesto cuál es la realidad en estos territorios: para el trabajador, jornadas laborales de entre diez y doce horas diarias (llegando en algunos momentos a alcanzar las dieciséis, según datos de la OIT), elasticidad de la jornada en función de la satisfacción de estrictos objetivos de producción (en las ZEE de China, se trabaja entre 54 y 77 horas a la semana), prohibición de establecer sindicatos, gran inseguridad laboral, condiciones de trabajo degradadas y ausencia total de posibilidades de promoción; para el inversor, exención casi total de impuestos y de obligaciones de participar en programas de desarrollo del país; explotación del territorio a largo plazo a cambio de porcentajes sobre el beneficio que en muy pocos casos alcanzan el 1%; aplicación de mecanismos (fast-track) para eludir normativas medioambientales, de patrimonio, de consumo y de seguridad; y ausencia absoluta de control estatal, lo que favorece el blanqueo continuo de ingentes capitales.
Quien quiera argumentar que las ZEE crean puestos de trabajo, debe saber cuáles son las condiciones del contrato; y, además, debe saber también que, si bien en un principio se contrata población local para favorecer la aceptación, la experiencia histórica demuestra que la práctica habitual es contratar mayoritariamente a emigrantes internos o externos por períodos no demasiado largos y a través de agencias privadas, que pueden llevarse en comisión hasta la mitad de su salario. Siguiendo la Directiva europea sobre normas y procedimientos comunes a los estados miembro para la repatriación de súbditos de terceros países (2008/115/EC), nuestras legislaciones se están preparando ya para que los inmigrantes ilegales en espera de resolución sobre su caso puedan recibir empleo en zonas concretas señaladas por determinadas instancias oficiales (para el caso de Grecia, Ley 3907/2011 37.5). Lean ustedes entre líneas.
Ahora que la "crisis" se extiende y se agudiza, que empiezan a buscarse fórmulas para pagar en especie lo que no se podrá pagar en dinero y que las fortunas de los paraísos fiscales reclaman nuevos paraísos de inversión, comenzarán a hablarnos de Zonas Económicas Especiales y de otros eufemismos como supuesto motor de desarrollo y "solución" a los problemas del país. Por eso, conviene abrir los ojos y conocer las experiencias de otras latitudes: para estar preparados, para que no nos vuelvan a engañar, y para no olvidarnos nunca de que esos "paraísos" son la otra cara de muchos infiernos.




sábado, 15 de septiembre de 2012

Oro sucio



Por  PEDRO OLALLA


Esta vez, no me limitaré a exponer de nuevo la opinión de que uno de los objetivos primordiales de este terrorismo financiero disfrazado de "crisis" es que las riquezas nacionales pasen a bajo precio a manos de las grandes fortunas; esta vez, voy a poner un ejemplo. Advierto que puede –y debe– herir la sensibilidad del ciudadano.
Hace algo más de dieciséis años, en diciembre de 1995, el gobierno griego transfirió a la empresa TVX Hellas los derechos de explotación de las minas de oro y otros metales de la región de Casandra, en Calcídica (Macedonia, Grecia). La reacción de los habitantes de la zona, ante la perspectiva de ver su tierra devastada por el cianuro y vendida a intereses privados extranjeros, no se hizo esperar: apelaron al Tribunal Supremo solicitando la supresión de las obras, montaron guardia en la zona veinticuatro horas al día y fueron gaseados y desalojados repetidamente por efectivos de la policía y del ejército que acordonaban la zona. Seis años después, el Tribunal Supremo admite el recurso ciudadano; el 9 de diciembre de ese mismo año, un accidente en las explotaciones de Stratoni provoca una fuga de residuos tóxicos al mar, a resultas de lo cual, cinco meses más tarde, la empresa explotadora se declara en quiebra.
Pasados seis meses, en una extraña maniobra, el gobierno griego acepta la quiebra de TVX Hellas (6/12/2003), renunciando así al cobro de impuestos y forzando a los 472 trabajadores despedidos a aceptar la renuncia a sus honorarios pendientes. Seis días más tarde (12/12/2003), revoca la declaración de quiebra para poder comprar de la empresa los derechos de explotación. Los adquiere por la ridícula suma de 11 millones de euros, y, en cuestión de horas, se los revende por el mismo precio a Hellas Gold, compañía fundada dos días antes, sin mediar concurso público y exonerando a la nueva propietaria de toda responsabilidad sobre los daños ecológicos provocados por TVX Hellas. Una compraventa muy oscura sin ningún beneficio para el erario público. Ninguno, porque el contrato deja claro que la riqueza mineral pertenece en exclusiva a la compañía que la extrae (Ley 3220/2004 ΦΕΚ 15A / 28.01.04). Detrás de la flamante Hellas Gold, está la compañía griega Hellaktor, con la parte del ratón, y el grupo European Goldfields, controlado por Goldman Sachs, con la parte del león.
Por 11 millones de euros, estos "inversores" compraron al Estado –y al pueblo– griego: 317.000 hectáreas para la explotación minera de oro, plata, cobre, zinc y otros metales; 40 hectáreas de instalaciones industriales; 11 hectáreas de suelo urbano; 2.500 de suelo rural; 270.000 toneladas de concentrado de argiropirita (del que pueden extraerse 250.000 onzas de oro) y otros bienes más, largos de enumerar. Si, en octubre del año pasado, Qatar Holding se disponía a adquirir el 9% de las acciones de la compañía por el módico precio de 175 millones de euros, hay que suponer que el 100% de las acciones de aquella "ganga" adquirida a los griegos por 11 millones de euros vale ahora casi 2.000 millones. Más de uno se habrá hecho de oro.
Comprar en tiempos de crisis es un gran negocio. Por eso ahora, habiendo puesto a Grecia con el agua al cuello mediante el terrorismo financiero y la connivencia política, es hora de comprar. Así, con la llegada de la primavera (29/3/2012), el gobierno del "tecnócrata" Papadimos cedió 4.100 hectáreas de zona forestal en la misma región a Hellas Gold para empezar a extraer oro. El 5% de la empresa pertenece actualmente a Hellaktor (vía Aktor) y el 95% a la multinacional canadiense Eldorado Gold. Sus principales accionistas son Fidelity, Market Vectors y la famosa Vanguard, uno de los tres mayores inversores del planeta.
Una pregunta para terminar: ¿cómo es posible que un gobierno venda por 11 millones un bien común que ahora –antes incluso de su explotación sistemática– ya vale 2.000 y no se investigue ni se pidan responsabilidades?





miércoles, 18 de julio de 2012

Déjà vu



Pedro Olalla 


Hace ahora más de un año y medio, a la vista de lo que entonces estaba sucediendo en Grecia, dije que, muy probablemente, España sería "rescatada". Hoy, aunque el gobierno lo siga maquillando de eufemismos, el "rescate" es ya un hecho incuestionable.

Para hacer aquella afirmación no hacía falta ser ningún adivino, bastaba con darse cuenta de que en ambos países se daban "condiciones" favorables al "rescate" y tener en cuenta la avidez de los "rescatadores". Esas "condiciones" –deuda externa, endeudamiento público, evasión fiscal, corrupción, pérdida de competitividad, alta tasa de paro, (agravadas en el caso de España con particularidades como la "burbuja inmobiliaria", el endeudamiento privado o la costosa mecánica del Estado de las Autonomías)- no son precisamente las causas de la "crisis", pero, presentadas como tales con acierto mediático, contribuyen de manera eficaz a la aceptación de los "rescates" por el pueblo, que es, a fin de cuentas, el que habrá de pagarlos.

Ahora, con el "rescate", llegan también las primeras "medidas" que vertebran el plan de los "rescatadores" y de sus aliados políticos: un gobierno de cualificados "gestores" que entienden de números; un ministro de economía de la confianza de la élite financiera internacional (y de su cantera); paquetes de recortes "imprescindibles" en sanidad y educación; capitalización "imprescindible" de la banca con fondos públicos y por mayor cuantía de lo ahorrado a base de recortes; reformas de la legislación laboral en detrimento de los trabajadores; aumento del IVA y recargos en el agua, la electricidad y los combustibles; medidas para el control de los medios de información; incremento acelerado de los dispositivos policiales de seguridad y orden público; etcétera.

Todo lo que sucede en España en los últimos meses –incluida la fraseología y la retórica del establishment político y mediático- es un déjà vu de lo sucedido en Grecia, un proceso que reproduce paso a paso y con precisión matemática todo lo sucedido meses antes a este otro lado del Mediterráneo, y que, por tanto, hace tremendamente previsible el futuro inmediato. ¿Y qué es lo que va a pasar? En principio, se tomarán las llamadas "medidas para frenar el déficit" (aunque el déficit real poco tenga que ver con el montante de las deudas y con el verdadero origen de la llamada "crisis"). Medidas como: recortes progresivos en sueldos y pensiones (aunque se jure y se perjure lo contrario); reducción drástica del salario mínimo y cuestionamiento del propio concepto; debilitamiento del concepto de convenio laboral y sustitución del mismo por la negociación individual de los contratos; despido progresivo de miles de funcionarios a través de distintos subterfugios (como el paso a una "reserva" provisional); abaratamiento del despido en el sector privado como acto reflejo de las prácticas gubernamentales en el sector público; planes de privatización de bienes nacionales bajo la etiqueta eufemística de "puesta en valor" (infraestructuras sanitarias, empresas de transporte, suministros de agua y energía, loterías y quinielas, etc.); injerencia progresiva en la política de instituciones como el FMI, la Comisión Europea y sus correspondientes Task Forces; reformas en la legislación (e incluso en la Constitución) para salvaguardar los intereses de los acreedores; rescate 1, rescate 2, rescate 3... Todo en un ambiente de huelgas y manifestaciones bajo control.

El objetivo principal de este "plan" está claro: sacar provecho de una recesión creada expresamente para que la riqueza pase a cada vez a menos manos y para que las condiciones que permiten el enriquecimiento de esa élite sigan mejorando progresivamente. Por eso, sus acciones en nombre de la "crisis" van encaminadas a la degradación del mercado de trabajo hasta que todo el mundo esté dispuesto a hacer cualquier cosa por un bocadillo, al desmantelamiento de los servicios públicos y a su sustitución por servicios de pago prestados por corporaciones privadas (en las que tienen parte los propios políticos que favorecen el proceso), al debilitamiento del ya deficiente sistema democrático..., van encaminadas, en una palabra, al retroceso del estado social y a la pérdida de conquistas y derechos adquiridos por la humanidad a través de largos y penosos procesos de lucha.
Y el futuro próximo depara aún mucho más. Cuando la deuda no se pueda pagar –porque está previsto que sea impagable-, darán comienzo los procedimientos de cobro alternativo: privatización de recursos naturales públicos (agua, fuentes de energía, yacimientos minerales, riqueza forestal, parajes naturales...), creación de "zonas de economía especial" (es decir, zonas del territorio nacional cedidas en usufructo a "inversores" y acogidas a regímenes jurídicos, fiscales y laborales especiales, a conveniencia del "inversor"), relajación de las leyes que protegen los derechos fundamentales de las personas y su propia integridad, y toda una serie de pesadillas que ya son realidad cotidiana en muchos lugares del planeta, algunos bien cercanos.

Este es el plan para los próximos meses, o, digamos, los próximos años, en esta Europa cada vez menos política y más financiera. Ante este déjà vu, en la conciencia de los "ciudadanos" está ahora seguir sentados en el sofá hasta que todo esté perdido, o levantarse de una vez y actuar.






sábado, 18 de febrero de 2012

Violencia de guante blanco


Pedro Olalla, desde Grecia

Ayer, una vez más, los informativos de medio mundo transmitieron la imagen de una Atenas en llamas y exhibieron el rostro compungido de algunos políticos condenando la violencia. Esa violencia que condenan –y que, en el fondo les favorece–, la hemos condenado repetidamente, no sólo con palabras sino también con actos, quienes acudimos una y otra vez a manifestarnos desde la no-violencia contra la desmedida violencia de guante blanco ejercida impunemente por quienes de iurey de facto nos gobiernan.
Ayer, desde las cinco de la tarde, había en la plaza Syntagma de Atenas más de cien mil personas tratando de impedir de forma no violenta que avanzara aún más el funesto plan que está dejando a Grecia hundida en la miseria y sometida a la voluntad de sus controvertidos acreedores. Esa no-violencia no llenó las pantallas ni los periódicos. Sin ir más lejos, pasó desapercibida la imagen de los ancianos Mikis Theodorakis y Manolis Glezos tratando de hablar con los antidisturbios y teniendo que ser evacuados entre una nube de gases lacrimógenos. Yo estaba allí, a su lado, junto a otros muchos que tragamos de lleno la primera bocanada. Corrimos todos haciendo arcadas y tratando de abrir paso para sacar a Theodorakis en su silla de ruedas pegado a una máscara antigás. Media hora después, ya recuperados, los dos respetados personajes trataron de acercarse de nuevo mientras, en uno y otro punto de la plaza, la policía continuaba lanzando gases contra una masa compacta de manifestantes pacíficos que retrocedía y volvía a avanzar según la densidad del humo, sin intención de abandonar la plaza. Todo esto –de lo que poco se informa–, sucedió mucho antes de los disturbios en las calles circundantes, mucho antes de que cayera la noche y, lamentablemente, instigadores y alborotadores –cuya tesitura moral guarda nula relación con la del grueso de los manifestantes– hicieran arder varios edificios del centro.
Esta violencia de reyerta la condenamos todos. Pero hay que condenar también la otra: la de un gobierno que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasea sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo para no sentirse cómplices de la injusticia; la de unos “representantes” de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana del parlamento para ver que, desde hace ya tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada; la violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle un referéndum para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados en su nombre por un gobierno colaboracionista de muy dudosa legitimidad democrática; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones este invierno; la violencia de haber situado ya al 28% de la población del país bajo el umbral de la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, o a la miseria de ser contratado por 500 euros y acribillado a impuestos; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación. Esta es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta de los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas misera, explotación, colonialismo, guerra y muerte, y, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven arder un contenedor de basura.