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sábado, 1 de septiembre de 2012

Ovidio: Hero y Leandro, una leyenda literaria




Hero y Leandro, William Etty, 1828


En un nuevo y sugerente recorrido por la literatura latina Navegando con Mercurio se detiene en la obra del gran poeta Ovidio, y más concretamente en las Heroidas o Carta de las heroínas porque allí encontramos una de las historias más puras de amor que nos ha legado la tradición clásica, la leyenda de Hero y Leandro.

Ovidio.  Nació en Sulmona en el año 43 a. C. y falleció en Tomi en el año 19 d. C.  Su creación se incluye dentro del género literario de la lirica y más concretamente de la elegía. Es Ovidio un poeta que canta al amor y a la vida. Como ya apuntó Bieler es el romano el primer poeta “moderno” (todo un cosmopolita, hombre seguro, urbano y liberal), podemos considerar su obra como un prototipo de las literaturas románicas, a las que en gran medida sirvió de modelo a partir de la francesa del siglo XII.
Ovidio se encontró en una Roma de bienestar económico, moderna,  culta, la Roma áurea de Augusto. Todo el pequeño cosmos que rodea a nuestro poeta parecía guardar un perfecto equilibrio hasta que en diciembre del año 8 d.C.  cuando contaba 51 años y se hallaba en la cumbre del éxito sufre el gran “desastre”  de su vida, es desterrado por el emperador Augusto a la áspera Tomi (actual Constanza, en Rumanía). La causa de tal castigo no está clara aunque parece ser guarda estrecha relación con el desagrado que produjo en el emperador la obra de Ovidio Ars amatoria o “Arte de amar” por considerar que la defensa del amor libre que favorecía esta obra iba en contra de la moral proclamada por Augusto. En este punto me parece conveniente señalar que Ovidio fue un escritor independiente, ajeno y alejado “del poder”, en esa época como lamentablemente en tantas otras la libertad debía pagar su atrevimiento.
La amargura del poeta por el destierro queda bien reflejada en su obra Tristes cuando leemos: “cuando vuelve a mi recuerdo la tristísima imagen de aquella noche en que viví los últimos momentos de mi estancia en Roma; cuando evoco la noche en que abandoné tantas cosas que me eran queridas, las lágrimas brotan de nuevo de mis ojos… mientras hablo y lloramos todos, resplandeciente en lo alto del cielo aparece la estrella matutina, se me arranca de allí no de otro como tal que si dejase mis miembros, y una parte de mi ser pareció se desgajaba de mi cuerpo”.  A pesar de los intentos del poeta por regresar a Roma nunca consiguió volver a la ciudad que tantos gozos le había proporcionado.
Paradójicamente será su solitaria y desolada estancia en Tomi la que  le lleve a su más fecunda creación literaria. 

Hero y Leandro. ¿Qué nos cuenta el mito de Hero y Leandro? En Sesto se celebra una celebración religiosa a la que acuden gran parte de los jóvenes de la zona. Entre ellos se encuentra el apuesto Leandro, de la población de Abido (en la Tróade, Asia) y la virtuosa Hero que vivía en Sesto (en Tracia, Europa); en cuanto Leandro detiene su mirada en la hasta entonces sensata e inocente Hero se ve inundado por la llama del amor, siendo igualmente correspondido con ferviente pasión. Sólo un obstáculo se interpone entre ellos, la joven sacerdotisa de la diosa Cipris (Afrodita) debía mantener su castidad. Por ello se ven obligados a ocultar su amor ante todos. Ambos viven separados por las aguas del Helesponto, lo cual parecía un obstáculo insuperable. ¿Cómo franquear las dos orillas? Leandro valiente por su amor decide cruzar nadando, noche tras noche, las aguas que les separan en tanto su amada ilumina el camino con una lámpara, símbolo manifiesto del amor y la esperanza. Así permanecen juntos hasta la llegada de la aurora cuando él de nuevo deba sumergirse en las aguas para regresar a Abido. De este modo consiguen los dos amantes vivir su amor hasta que la llegada del invierno agita turbulentamente las aguas que impiden a Leandro nadar hasta Hero, de nada sirven sus ruegos a Afrodita ni a Neptuno, ni siquiera Amor parece escuchar las súplicas de los enamorados.  Desesperado por no ver a su amada, Leandro decide arriesgar su vida y una noche se adentra en el mar, pero la tormenta que ha agitado con grandes olas las aguas le impide alcanzar su propósito. A la mañana siguiente Hero descubre en la orilla el cuerpo sin vida de Leandro y desolada decide suicidarse. Aquí termina la historia y comienza la leyenda.
Debemos dejar claro que en este caso Hero y Leandro no son propiamente personajes mitológicos. La leyenda de estos dos enamorados parece ser bastante antigua aunque quizás no anterior al siglo III a. C. posiblemente haya surgido después de la construcción del faro de Sesto.

Heroidas  o Carta de las Heroínas. Es este un libro ciertamente peculiar e interesante  tanto por la forma como por su contenido. Se trata de veintiuna cartas de amor divididas en dos colecciones de quince cartas simples y de seis cartas dobles. Las cartas están escritas por las heroínas de la mitología que escriben a sus amantes o esposos ausentes. Precisamente en esas dobles cartas hallamos las que aquí nos interesan, aquellas que se intercambian Hero y Leandro. La carta 18  la escribe Leandro a Hero afligido porque el fuerte temporal no le permite reunirse con ella; el joven recuerda los dulces momentos de amor junto a su amada. La carta 19 es la respuesta de Hero a Leandro, en ella la joven inquieta por la ausencia del efebo le reprocha que no vaya a su encuentro, pero dándose cuenta de su imprudencia le confiesa a Leandro el sueño que ha tenido donde él moría ahogado y ella no podría seguir viviendo; es el anuncio de su muerte y su unión ya inmortal en las aguas del Helesponto.
Es sin duda original Ovidio al escoger la forma epistolar para componer una obra que versa sobre el amor, si bien ya localizamos incipientes intentos en la elegía precedente. Destaca en las cartas el excelente retrato del alma de la mujer que nos ofrece Ovidio, sin duda un experto conocedor de la naturaleza femenina. Debemos además subrayar su interés y disposición en conseguir el goce y placer no sólo entre sus lectores masculinos sino y especialmente en sus seguidoras femeninas.
Los versos de las Heroidas, llenos de belleza y poesía constituyen un extraordinario canto al amor, a ese que es eterno e invencible pero siempre condenado a la infelicidad y la desdicha, lo que inevitablemente trae a nuestra mente el indudable eco de la epopeya y la tragedia griegas en este singular libro.

El mito de Hero y Leandro en la Literatura. Lejos está de mi intención abordar en profundidad la presencia de esta fábula en la Literatura, tarea ímproba y que excede en mucho la capacidad de este blog. No obstante veremos cómo esta historia de amor ha servido de inspiración a numerosos escritores, de épocas y estilos muy diferentes.
Ya Museo (siglo V d.C) había compuesto un hermoso poema en hexámetros dedicado a los amores de Hero y Leandro, Τὰ καθʹ Ἡρώ καὶ Λέανδρον. Los antecedentes son unos textos de época helenística recogidos en unos fragmentos papiráceos de época imperial. Os transcribo un fragmento original ya del final del poema de Museo en donde encontramos a Hero deseando encontrarse con Leandro, nerviosa y angustiada le busca por todas partes hasta que encuentra el cadáver de su amante, entonces decide quitarse la vida para permanecer por siempre unida a su amor.

………. …….παρὰ κρηπῖδα δὲ πύργου
δρυπτόμενον σπιλάδεσσιν ὅτ' ἔδρακε νεκρὸν ἀκοίτην,
δαιδαλέον ῥήξασα περὶ στήθεσσι χιτῶνα
ῥοιζηδὸν προκάρηνος ἀπ' ἠλιβάτου πέσε πύργου.
κὰδ δ' Ἡρὼ τέθνηκε σὺν ὀλλυμένῳ παρακοίτῃ.
ἀλλήλων δ' ἀπόναντο καὶ ἐν πυμάτῳ περ ὀλέθρῳ.


Aparecía ya la leyenda en Virgilio (Geórgicas, 3.257-263):

Quid iuvenis, magnun  cui  versat in  ossibus ignem
durus  amor?  nempe  abruptis  turbata  procellis
nocte  natat  caeca  serus freta,  quem  super  ingens
porta  tonat  caeli,  et scopulis  inlisa  reclamant
aequora;  nec  miseri possunt  revocare  parentes,
nec  moritura  super  crudeli funere  virgo.

¿De qué no es capaz el joven en cuyos huesos ha infundido su fuego un vehemente amor? Solo, en una noche oscura, cruza a nado el golfo revuelto por deshechas borrascas; encima de su cabeza truena la inmensa bóveda del cielo, y braman los mares, estrellándose en las peñas; y ni todo esto, ni los ruegos de sus afligidos padres, ni los de la virgen cuya miserable muerte ha de seguir a la suya, alcanzan que retroceda.


 También la encontramos en Horacio (Epist. 1.3. 3-5):

Thracane uos Hebrusque niuali compede uinctus,
an freta uicinas inter currentia turris,
an pingues Asiae campi collesque morantur?

¿Acaso la Tracia o el Hebreo encadenado por un cepo de hielo
o aquel estrecho que corre entre dos torres vecinas,
o los fértiles campos y collados de Asia os retienen?


Y en Estacio (Thebais  6.542-547). En la Tebaida el poeta refleja la imagen de ese joven, osado nadador, que lucha entre las aguas con la fuerza de sus brazos mientras le observan desde la alta torre con la llama de la lámpara a merced del viento.

Phrixei natat hic contemptor ephebus
aequoris et picta tralucet caerulus unda;
in latus ire manu mutaturusque uidetur
              bracchia, nec siccum speres in stamine crinem;                
contra autem frustra sedet anxia turre suprema
Sestias in speculis, moritur prope conscius ignis.



Marcial recogerá este mismo tema en su Liber de Spectaculis, 25.a, 25.b.  y Epigrammata 14.181):

XXV a

Quod nocturna tibi, Leandre, pepercerit unda
desine mirari: Caesaris unda fuit.

No te admires, Leandro, de que la ola de anoche
haya tenido consideración contigo: era una ola del césar.


XXXb

Cum peteret dulces audax Leandros amores
et fessus tumidis iam premeretur aquis,
sic miser instantes adfatus dicitur undas:
“Parcite dum propero, mergite cum redeo”.

Dirigiéndose el audaz Leandro hacia sus dulces amores
y, cansado, viéndose apurado por lo encrespado de las aguas,
 se dice que el desgraciado dirigió esta súplica a  las  amenazantes  olas:
“Perdonadme  cuando  tengo  prisa  por  llegar, sumergidme cuando vuelva”


CLXXXI   Leandros marmoreus.

Clamabat tumidis audax Leandros in undis:
 “Mergite me, fluctus, cum rediturus ero”.

Leandro en mármol
Clamaba  entre  las  olas  encrespadas  el  audaz  Leandro:
“sumergidme,  olas, cuando venga de regreso”


Dejamos el mundo clásico y nos trasladamos hasta el Siglo de Oro español (siglos XVI y XVII) donde recreamos nuestra mirada en los brillantes versos de aquellos ilustres escritores que de nuevo encontraron inspiración en los amores de Hero y Leandro. Comenzaremos por todo un ejemplo de caballero renacentista,  Garcilaso de la Vega. En su soneto XXIX nos encontramos el momento en que Leandro vencido por las olas les pide le permitan llegar a su destino, la orilla de Hero.

XXIX

Pasando el mar Leandro el animoso
en amoroso fuego todo ardiendo
esforzó el viento, y fuese embraveciendo
el agua con un ímpetu furioso.

Vencido del trabajo presuroso,
contrastar a las ondas no pudiendo,
y más del bien que allí perdía muriendo,
que de su propia vida congojoso,

como pudo esforzó su voz cansada,
y a las ondas habló desta manera,
mas nunca fue la voz dellas oída:

Ondas, pues no os escusa que yo muera,
dejadme allá legar, y a la tornada
vuestro furor esecutá en mi vida –.


Tras Garcilaso recogemos los versos de Francisco de Quevedo y Villegas:

Romance de Hero y Leandro

Esforzóse pobre luz
a contrahacer el Norte,
a ser piloto el deseo,
a ser farol una torre.

Atrevióse a ser aurora
una boca a media noche,
a ser bajel un amante,
y dos ojos a ser soles.

Embarcó todas sus llamas
el Amor en este joven
y caravana de fuego
navegó reinos salobres.

Nuevo prodigio del mar
le admiraron los tritones;
con centellas y no escamas,
el agua le desconoce.

Ya el mar le encubre enojado,
ya piadoso le socorre;
cuna de Venus le mece,
reino sin piedad le esconde.

Pretensión de mariposa
le descaminan los dioses;
intentos de salamandra
permiten que se malogren.

Si llora crece su muerte
que aún no le dejan que llore;
si ella suspira le aumenta,
vientos que le descomponen.

 Amó el estrecho de Abido;
juntaron vientos feroces
contra una vida sin alma
un ejército de montes.

Indigna hazaña del golfo,
siendo amenaza del orbe,
juntarse con un cuidado
para contrastar a un hombre.

Entre la luz y la muerte
la vista dudosa pone;
grandes volcanes suspira
y mucho piélago sorbe.   

Pasó el mar en un gemido
aquel espíritu noble;
ofensa le hizo Neptuno,
estrella le hizo Iove.

De los bramidos del Ponto
Hero formaba razones,
descifrando de la orilla
la confusión en sus voces.

Murió sin saber su muerte.
y expiraron tan conformes,
que sin verle muerto añadió
la ceremonia de golpe.

De piedad murió la luz,
Leandro murió de amores.
Hero murió de Leandro,
y amor de invidia murióse.


Y concluyo ya este apartado literario con un fragmento del poema que el escritor asturiano Antón de Marirreguera (siglo XVII)  dedica, en su propia lengua, a los amores de Hero y Leandro:
 
Fábula d´Hero y Lleandro 
De la segunda vez que la lluz mira ,
Arróxase á la mar sin facer cuenta
Que fola sobre fola allí satíra .
En medio lu coyó una gran tormenta
Y ño hay quian del se dolga anque sospira ;
Si se quier esforziar , ya lu fallenta
La fola y lu combate hácia la peña ,
Y al baxase'lu arrastra pe la areña .
Iba d' inchente el mar más que otres veces
Y debió de facello arredenmente :
Estaba tan sañudu , que los peces
Se escondienon entoncies de so frente
Por non poder sufrir les sos braveces .
Brama pel ríu arriba cual torrente ,
Y á la puerte dexando de so amada
Al triste ñadador , fai retirada .
Cuand' ella lu esperaba cuidadosa
Parez' i que la escucha na ribera :
Sospira y lluigo llega cariciosa ,
Y diz i : - " Pasiquín , vente á la vera "
Y como non respuende non reposa ,
Fasta q' al alba sal fecha una fiera ,
Y columbra el cadábre que moyado
Estaba á sos umbrales afogado.
 Fóise lluigo par' allí y conociólu :
Lloró en voz baxa , triste y aflixida ;
Llevantoi la cabeza y ximelgólu ,
Y quedó col dolor despavorida .
-Mil veces y otres mil dempués llamólu ,
Diciendo : -  ¿pa qué quiero yo esta vida ? "
Desesperada entós , como una lloca
Sobre elli s' arroxó desde una roca .
Ansí acabanon xuntos y abrazados ;
Que los que viven mal , en mal acaben .
Atrapólos la muerte descuidados ,
Cuando más á su salvo se gociaben .
¡ Tan triste ye el finar de enamorados
Que l' honra y el deber guardar non saben !
En un sepulcru xuntos los pusienon ,
Y so historia y so amor allí escribienon.








También la música se inspira en la leyenda






sábado, 11 de diciembre de 2010

Publius Vergilius Maro: Ecloga IV

Como faltan pocos días para que celebremos la Navidad, me apetece sugeriros que rescatemos de nuestras estanterías al gran poeta Virgilio. En concreto os propongo la lectura de su Égloga IV, en la que el poeta de Mantua alude a un niño recién nacido que traerá una nueva Edad de Oro, ya anunciada en los vaticinios de la Sibila de Cumas.
Esta égloga, dedicada a Polión y escrita en el año 40 a.C., ha tenido una gran importancia histórica puesto que ha sido considerada por muchos cristianos como una inspiración reveladora del nacimiento de Cristo.
Si os interesa profundizar más en el tema os anoto un enlace muy interesante:VIRGILIO SEGÚN JUAN PABLO II (Antonio Arbea)


Publius Vergilius Maro: Ecloga IV

Sicelides Musae, paulo maiora canamus.
non omnis arbusta iuvant humilesque myricae;
si canimus silvas, silvae sint consule dignae.
Ultima Cumaei venit iam carminis aetas;
magnus ab integro saeclorum nascitur ordo. 5

iam redit et Virgo, redeunt Saturnia regna,
iam nova progenies caelo demittitur alto.
tu modo nascenti puero, quo ferrea primum
desinet ac toto surget gens aurea mundo,
casta fave Lucina; tuus iam regnat Apollo. 10

Teque adeo decus hoc aevi, te consule, inibit,
Pollio, et incipient magni procedere menses;
te duce, si qua manent sceleris vestigia nostri,
inrita perpetua solvent formidine terras.
ille deum vitam accipiet divisque videbit 15
permixtos heroas et ipse videbitur illis
pacatumque reget patriis virtutibus orbem.

At tibi prima, puer, nullo munuscula cultu
errantis hederas passim cum baccare tellus
mixtaque ridenti colocasia fundet acantho. 20
ipsae lacte domum referent distenta capellae
ubera nec magnos metuent armenta leones;
ipsa tibi blandos fundent cunabula flores.
occidet et serpens et fallax herba veneni
occidet; Assyrium vulgo nascetur amomum. 25

At simul heroum laudes et facta parentis
iam legere et quae sit poteris cognoscere virtus,
molli paulatim flavescet campus arista
incultisque rubens pendebit sentibus uva
et durae quercus sudabunt roscida mella. 30

Pauca tamen suberunt priscae vestigia fraudis,
quae temptare Thetin ratibus, quae cingere muris
oppida, quae iubeant telluri infindere sulcos.
alter erit tum Tiphys et altera quae vehat Argo
delectos heroas; erunt etiam altera bella 35
atque iterum ad Troiam magnus mittetur Achilles.

Hinc, ubi iam firmata virum te fecerit aetas,
cedet et ipse mari vector nec nautica pinus
mutabit merces; omnis feret omnia tellus.
non rastros patietur humus, non vinea falcem, 40
robustus quoque iam tauris iuga solvet arator;
nec varios discet mentiri lana colores,
ipse sed in pratis aries iam suave rubenti
murice, iam croceo mutabit vellera luto,
sponte sua sandyx pascentis vestiet agnos. 45
'Talia saecla' suis dixerunt 'currite' fusis
concordes stabili fatorum numine Parcae.

Adgredere o magnos—aderit iam tempus—honores,
cara deum suboles, magnum Iovis incrementum.
aspice convexo nutantem pondere mundum, 50
terrasque tractusque maris caelumque profundum;
aspice, venturo laetantur ut omnia saeclo.

O mihi tum longae maneat pars ultima vitae,
spiritus et quantum sat erit tua dicere facta:
non me carminibus vincat nec Thracius Orpheus 55
nec Linus, huic mater quamvis atque huic pater adsit,
Orphei Calliopea, Lino formosus Apollo.
Pan etiam, Arcadia mecum si iudice certet,
Pan etiam Arcadia dicat se iudice victum.

Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem; 60
matri longa decem tulerunt fastidia menses.
incipe, parve puer. qui non risere parenti,
nec deus hunc mensa dea nec dignata cubili est.

Traducción:

A POLIÓN

Cantemos, ¡oh Sicilianas Musas!, mayores asuntos;
pues no a todos deleitan las florestas ni los humildes tamarindos:
si cantamos las selvas, que dignas sean las selvas, oh cónsul.

Ya viene la última era de los Cumanos versos:
ya nace de lo profundo de los siglos un magno orden.

Ya vuelve la Virgen, vuelve el reinado de Saturno;
ya desciende del alto cielo una nueva progenie.

Tú, al ahora naciente niño, por quien la vieja raza de hierro
termina y surge en todo el mundo la nueva dorada,
se propicia ¡oh casta Lucina!: pues ya reina tu Apolo.

Por ti, cónsul, comenzará esta edad gloriosa,
¡oh Polión!, e iniciarán su marcha los meses magníficos,
tú conduciendo. Si aún quedaran vestigios de nuestro crimen,
nulos a perpetuidad los harán por miedo las naciones.
Recibirá el niño de los dioses la vida, y con los dioses verá
mezclados a los héroes, y él mismo será visto entre ellos;
con las patrias virtudes regirá a todo el orbe en paz.

Por ti, ¡oh niño!, la tierra inculta dará sus primicias,
la trepadora hiedra cundirá junto al nardo salvaje,
y las egipcias habas se juntarán al alegre acanto.
Henchidas de leche las ubres volverán al redil por sí solas
las cabras, y a los grandes leones no temerán los rebaños.
Tu misma cuna brotará para ti acariciantes flores.
Y morirá la serpiente, y la falaz venenosa hierba morirá;
por doquier nacerá al amomo asirio.

Cuando puedas leer las alabanzas de los héroes
y los hazañas de tus padres, y saber qué es la virtud,
amarillearán los lentos campos blandas espigas,
rosadas uvas penderán de las incultas zarzas,
y los duros robles sudarán un rocío de miel.
Con todo persistirán las huellas de las viejas maldades,
cuyas naves ofenderán a Tetis, cuyos muros ceñirán
ciudades, cuyos surcos hincarán todavía la tierra.
Habrá entonces otro Tifis, otra Argos conducirá
selectos héroes; habrá también otras guerras,
y de nuevo se lanzará sobre Troya el gran Aquiles.

Después, cuando alcances la edad viril plena,
el viajero dejará de cruzar el mar, y el náutico leño
no mercará los bienes: todo campo surtirá todas las cosas.
No sufrirá el arado la tierra, ni la vid será podada;
y a su vez el labriego desuncirá los robustos bueyes.

No aprenderá la lana a mentir con variados colores;
antes, ya en rojo múrice, ya en azafranada ajedrea,
mudará el morueco en los prados su suave vellón;
por sí mismo el minio vestirá al cordero que pace.

¡Rodad tales siglos!, dijeron a sus husos las Parcas
acordes con la inmutable voluntad de los Hados.


¡Lánzate a estos altos honores!, cumplido está el tiempo,
¡oh progenie amada de los dioses! ¡oh magno vástago de Jove!
¡Contempla cómo bajo la celeste bóveda se inclinan los astros,
y las tierras, y el vasto mar, y el profundo cielo!
¡Contempla como el siglo venturo regocija todas las cosas!

¡Oh! ¡Que mis últimos años sean tan largos
y me alcance el aliento para cantar tus hazañas!
No vencerán mis versos ni el tracio Orfeo, ni Lino,
aún si la madre a aquel y el padre a este asistieron,
Calíope a Orfeo, y a Lino el hermoso Apolo.
También Pan si compitiera conmigo, juzgando Arcadia,
también a Pan declararía vencido el juicio de Arcadia.

Comienza, ¡oh parvulillo!, por la sonrisa a conocer a tu madre:
por diez meses un largo fastidio acompañó a tu madre.
Comienza, ¡oh parvulillo! A quien no sonríen sus padres,
no se le digna la mesa del dios ni el lecho de la diosa.

domingo, 18 de octubre de 2009

UN GRAN AUTOR LATINO: VIRGILIO

Como esta semana tendríamos que haber celebrado el nacimiento del gran poeta VIRGILIO, sirva esta sencilla entrada de homenaje a tan ilustre persona que tantos buenos momentos de lectura nos ha brindado.
Los datos bibliográficos que tenemos sobre él son inmensos. De hecho ya en vida del poeta fue tal su éxito que existen documentos antiguos de autores como Propercio donde se hacen eco de la expectación que había en Roma ante su obra La Eneida. Y así sabemos que el propio Virgilio dio un recital de los libros 2º, 4º y 6º de la citada obra en la corte imperial ante el emperador y su familia. Otro dato anecdótico pero muy significativo es que el propio Augusto en su campaña contra los cántabros y astures se interesaba en saber cómo iba la composición de La Eneida. Este entusiasmo de la gente quedó plasmado en el hecho de en la escuela se leían sus obras como “manual”. Ahora bien la abundancia de datos hace que algunos que se le aplican a él luego se apliquen también a otros autores, por lo tanto debemos adoptar en ciertos casos una postura crítica sobre la información transmitida.
Vida de Virgilio: Nace en la aldea de Andes, cerca de Mantua, un quince de octubre del año 70 a.C. Era hijo de Virgilio Marón y de Magia Pola. Recibió en Cremona sus primeras lecciones; después estudió retórica en Milán para ir finalmente a Roma. Tras unos discretos intentos de ser orador pasó a interesarse por la filosofía epicúrea que junto con las Matemáticas y Medicina fueron sus estudios. Se traslada a Nápoles donde permanece bastante tiempo y donde se enfrenta a numerosos problemas al confiscársele la herencia paterna, hecho que Asinio Polión subsana al devolvérsela, siendo además este hombre de estado quien hizo que Virgilio conociese al propio Augusto.
Del año 42 al 39 compone su obra “Las Bucólicas” con la que obtuvo un gran reconocimiento.
Del año 39 al 29 escribe “Las Geórgicas”, dedicadas a Mecenas, personaje clave en la política del emperador Augusto. Precisamente Mecenas es quien le propone a Virgilio componer una obra donde se ensalzase la vida rural, tarea grata para un hombre de campo como él que
nunca se encontró cómodo en la gran ciudad.
Del año 29 al 19 escribe “La Eneida” donde el poeta se adentra en los senderos de la poesía heroica. Liga la Historia se Roma con la misión de este pueblo que está ya marcada por el destino: Roma fue creada por los dioses ya que Rómulo desciende de Eneas y éste de Venus. De este modo el autor aúna un tema de fondo histórico (la fundación de la ciudad) con la mitología, la leyenda.
Con la Eneida, Virgilio se acerca a la tradición de la poesía arcaica, enlaza con Ennio, Nevio, Andronico, es más, enlaza con los carmina convivalia, que tenían como fin exaltar a los héroes patrios y animar a los continuadores de esa familia a seguir por el mismo camino.
En el año 19, Virgilio marcha a Grecia y al Oriente para recoger datos que le fueran útiles para su poema. En Atenas lo encontró Augusto que lo trajo en su nave imperial, pero el poeta, que ya estaba enfermo, falleció nada más desembarcar en Brindisi.

lunes, 8 de junio de 2009

LITERATURA LATINA

Una vez analizadas, grosso modo, las generalidades de la Literatura griega veamos ahora algunas de las características de la Literatura Latina. Para comenzar os diré que frente a la uniformidad de distribución de los géneros literarios en Grecia, en la literatura latina nos encontramos con una gran heterogeneidad. ¿Qué quiere decir esta afirmación? pues que mientras en Grecia los grandes escritores lo son de un género literario, en cambio en Roma (si dejamos al lado los cómicos) sus grandes escritores tratan varios temas abarcando campos distintos. Además en Grecia cada época tiene un género más utilizado en cambio en Roma los géneros coexisten a lo largo de la historia.
A la hora de estudiar la literatura latina podemos optar por enfocarla desde una segmentación por periodos (arcaico, clásico y postclásico) o bien desde una división por acontecimientos políticos (República, transición de la República al Imperio, Imperio), o la división que se hacía en Cambridge (República antigua y tardía, Edad de Augusto, el primitivo Principado y el Principado tardío), aunque también se puede considerar su estudio a través de las escuelas o círculos literarios, o como proponía Brunetière por “acontecimientos literarios”(1. Los latinos traducen las obras griegas; 2.Escritores que no se conforman con adaptar; 3.Escritores que compiten e igual superan a los griegos) o bien el criterio más utilizado que es a través de los géneros literarios.
LA TRANSMISIÓN DE LAS OBRAS LATINAS: Respecto a este apartado me gustaría recordar hic et nunc lo que decía el gran filólogo alemán Eduard Norden. Éste sostenía que lo que nos ha quedado de la literatura latina no es más que un montón de ruinas en comparación con la gran extensión de obras existentes, él lo compara con las ruinas que actualmente nos quedan del foro romano si las cotejásemos con el foro en su origen (con el foro de Trajano).
Conocemos aproximadamente ochocientos nombres de escritores latinos, pero cerca de trescientos no nos han dejado ni un solo fragmento; de casi ciento cincuenta tenemos una o más obras completas. Además no nos han llegado las obras de algunos escritores que los antiguos consideraban los más importantes, y así por ejemplo en la comedia figuraba como mejor escritor un tal Cecilio del cual no nos ha llegado ni una sola obra. Tampoco tenemos obras del fundador de la elegía latina que es Cornelio Galo (apenas nos han llegado de él cuatro versos completos y cuatro medios versos). En el caso de otro escritor, Catón, sí tenemos obras suyas pero no las mejores; e incluso de Cicerón que nos ha legado muchas y muy buenas obras, sin embargo no nos ha llegado una de las más aplaudidas de su época, el “Hortensius” que era una obra de filosofía, aspecto por cierto muy poco tratado en Roma y del que tenemos pocas obras.
Sin duda una de las grandes causas de la pérdida de obras es la sustitución de las escritas en papiro por el pergamino (siglo II-IV d.C.) Otro motivo es la dilatada extensión de algunos textos que provocaba que esas obras rápidamente se perdiesen o que sólo nos llegasen extractos de las mismas. No puedo dejar de mencionar la causa política ya que hubo obras censuradas e incluso quemadas en la hoguera (como las del ya mencionado Cornelio Galo mandadas quemar por Augusto). A partir de la época imperial muchos escritores publicaban sus obras “clandestinamente” y esto acarreaba que hubiese pocos ejemplares y que fuese fácil que se perdiesen. Otra causa fueron las invasiones “bárbaras”, lentas y paulatinas pero que aportaban una cultura inferior cuya consecuencia fue la pérdida de escuelas, de bibliotecas ocasionando una degradación de la cultura en general y de la literatura en particular. Y sin duda uno de los factores fundamentales para la transmisión de textos fue el Cristianismo que trajo una cultura nueva, un dogma diferente y revolucionario que chocaba con el culto a Roma y al emperador. En general fue muy benevolente con los textos paganos y así tenemos muchas obras gracias a la transcripción de los monjes cristianos, aunque hay que señalar que los monjes medievales ante la disyuntiva de copiar a un autor pagano o a un Santo Padre, solían inclinarse por el segundo, sin olvidar que la escasez de pergaminos hizo que se raspasen muchos para escribir encima otros textos. De hecho el mejor manuscrito de Plauto es un palimpsesto (manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente).
Otro factor es el snobismo, es decir, las modas del momento. De hecho gracias a la moda del gusto por los arcaicos se conservaron muchos textos y fragmentos de obras apenas conocidas. También la enseñanza en las escuelas condiciona que unos autores se tomen como modelo de estudio (Virgilio, Cicerón…) y en cambio otros se queden en el olvido.
Por supuesto también ha influido en la transmisión de obras el carácter utilitario que a veces se busca en la literatura. El pueblo romano es pragmático, destaca por su inclinación a una expresión clara, concisa y esto explica porqué nos han llegado tantas obras técnicas y prácticas (tratados de veterinaria, de agricultura …)
MANUSCRITOS: En cuanto a los códices más antiguos que nos llegaron destaca un manuscrito del siglo IV a.C. de Virgilio, el Palatinus. Entre el siglo V-VI se descubrió un manuscrito de Terencio, el Bembinus (estuvo en poder de Bernardo Bembo y luego de Pietro Bembo, de ahí su nombre, y se conserva con las correcciones de un tal Joviales).
También del siglo V al VI tenemos un manuscrito llamado Parisinus que pertenece a Tito Livio y en concreto a su obra Ab urbe condita.
Del siglo VI hay también un Parisinus de la obra de Prudencio. Y del siglo IV al V el Palimpsesto ambrosiano A de las obras de Plauto, que tiene doscientas cincuenta y una hojas de diecinueve líneas en cada página.
Del siglo VII al VIII apenas hay manuscritos.
Algunos autores nos han llegado podríamos decir que por azar, como es el caso de Catulo.
CARACTERÍSTICAS: La literatura latina ha sido durante siglos el receptáculo universal ya que toda la cultura occidental ha pasado a través del latín. Podemos afirmar que los romanos no nos han transmitido la literatura de un pueblo sino de un mundo.
Los autores latinos se convierten en nuestros humanistas ya que los humanistas europeos son continuadores fieles de los latinos, y reaparecen con los neoclásicos del siglo XVIII.
La literatura latina es en principio una literatura de imitación, a veces incluso copia y otras veces sólo tienen de original la forma. Debemos recordar que para los antiguos la originalidad no tenía la importancia que luego adquirió con los románticos del siglo XIX. Por eso el hecho de que los contenidos se repitiesen constantemente no desmerecía el valor de las obras. Y así en la lírica lo que importa es la forma ya que los temas son los mismos (desesperación por el abandono del amor…). Desde luego acusar a los autores latinos de no ser originales es un claro error de perspectiva.
Otra característica de la literatura latina es su perpetuidad, es una literatura cuyos autores pertenecen a distintos lugares del Imperio pero que se ha mantenido en todas las épocas en manos de los lectores.
La uniformidad es otro signo de distinción de esta literatura. Todos escriben en latín y se consideraban romanos aunque procediesen de lugares diferentes.
Aunque consideremos la literatura griega como más hermosa, más original que la latina, es justo reconocer que gracias a ésta última se ha ejercido una influencia esencial y determinante en las literaturas occidentales.