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viernes, 20 de diciembre de 2013

Diciembre, Navidad...



Federico Barocci, El Nacimiento, 1597












Hoy hemos terminado las clases y después de un largo viaje por fin en casa disfrutando de las vacaciones, Navidad…  ¡qué pronto ha llegado!

Estos días deberían servir para que pensáramos en el verdadero sentido de estas fechas, en lo que nos une  y la felicidad que sentimos cuando pensamos en los demás y dejamos a un lado tanto egoísmo como a veces nos caracteriza; sí ya sé que esto hace siglos nos lo enseñaron nuestros queridos clásicos, qué ejemplo el de Sócrates y su areté… En fin, vayan desde aquí mis mejores deseos para todos y recordad los hermosos versos de Horacio,   Dum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.



¡Felices Fiestas!









miércoles, 16 de octubre de 2013

Vivir con Horacio



Los que de vez en cuando os subís a esta nave de Mercurio ya sabéis de mi particular inclinación por Horacio. Por eso ahora voy a transcribir el estupendo artículo Vivir con Horacio publicado hoy por Luis Antonio de Villena, escritor al que leo con frecuencia y con el que coincido en su afirmación de que Quinto Horacio Flaco fue el clasicismo por definición. 


Decadencias

Vivir con Horacio 

Hoy, con las humanidades tan decaídas (sobre todo en nuestra España) y cuando tan poca gente se interesa por el griego o el latín, el hecho de saber cómo acercarse a los grandes clásicos, los que por antonomasia lo son -Homero, Virgilio, Safo, Catulo u Horacio- es un problema y un mérito su resolución. No creo, desde luego, que exista una única forma, pero una de las posibles es la que nos ofrece el inglés Harry Eyres en el libro que edita Ariel, “Carpe diem. Lecciones de vida con Horacio”. Como debiera ser bien sabido, Quinto Horacio Flaco, natural de Venosa en el sur de Italia, fue el clasicismo por definición con sus exquisitas odas, epístolas o epodos. Lo protegió el gran Mecenas  (era hijo de un esclavo liberto) y pasó  así –más era casi imposible- al círculo y cercanía de Augusto, el primer  gran emperador de Roma. Sin embargo Horacio, que había estudiado en Atenas, y tomado humilde parte en la batalla de Filipos con los republicanos, es decir, contra su futuro señor, prefería la “aurea mediocritas”, una vida cómoda en el campo sin lujos ni privaciones, gozando de la hora y de cuanto sea posible según el “dictum” que acuñó en la oda a Leuconoe: “Carpe diem”. Es decir, aprovecha bien el día de hoy, porque del mañana nada sabemos. Conocemos que Horacio era buen seguidor del sabio Epicuro, que deseaba una vida apacible, el desdén de las vulgares vanaglorias y un uso moderado de los placeres. Alguien se ha referido así a “la aritmética de los placeres” epicúrea, tan mal entendida  por la Iglesia. Naturalmente Horacio (bajito, rechoncho, canoso, pese a la impoluta belleza de sus versos) era un epicúreo de lo cotidiano, y aunque sabemos que admiraba el gran poema de Lucrecio “De rerum natura”, donde pone en verso  las teorías del maestro, incluidas las físicas y astrales, no era ese el sendero horaciano en su finca Sabina, donde preparaba su propio vino.
“Carpe diem” de Harry Eyres podría haber sido un moderno manual de autoayuda para mantener el ánimo ecuánime y disfrutar de la vida, basado en la continua cercanía a la poesía de Horacio. Y estaría bien, pero no es eso. Estamos ante una mezcla de ensayo sobre la belleza y cercanía de Horacio para el hombre de hoy (que va en avión y puede usar libros electrónicos) y de una  cierta autobiografía. Pues Eyres –hijo de un cultivador de vinos- relata cómo conoció a Horacio en sus tempranos estudios en Eton y cómo –aunque estudió literatura inglesa y no clásicas- se fue encontrando con los saberes y la belleza de Horacio por todas partes, pues lo relee frecuentemente. Viaja al sur de Italia, para ver lo que queda de la improbable casa horaciana, pero sobre todo traduce sus versos de un modo nada académico y nota que las ideas de Horacio coinciden con sus intereses: alejarse de la multitud y de los negocios que quitan el sueño, vivir lento  y con lo que basta o  disfrutar del presente real porque el tiempo huye incesante… La fuente Bandusia sigue manando en bellos versos. Horacio es  muy moderno.



jueves, 26 de septiembre de 2013

Tyrtarion - Altercatio cum Lydia (ex Horatii III. Odarum libro, 9)





Eclosión (Amantes sentados). 1905.
Miguel Blay y Fábregas





El poeta Horacio en su Carminum III - 9 celebra la reconciliación con su amante Lidia. 

Esta es la única oda del poeta estructurada formalmente en diálogo amebeo, donde el segundo interlocutor recoge los sentimientos expuestos por el primero.

Compuesta en estrofas asclepiadeas 3º.



“Donec gratus eram tibi

nec quisquam potior bracchia candidae
     ceruici iuuenis dabat,
Persarum uigui rege beatior.”



     “Donec non alia magis               
arsisti neque erat Lydia post Chloen,
     multi Lydia nominis,
Romana uigui clarior Ilia.”



     “Me nunc Thressa Chloe regit,
dulcis docta modos et citharae sciens,               
     pro qua non metuam mori,
si parcent animae fata superstiti.”



     “Me torret face mutua
Thurini Calais filius Ornyti,
     pro quo bis patiar mori,               
si parcent puero fata superstiti.”



     “Quid si prisca redit Venus
diductosque iugo cogit aeneo,
     si flaua excutitur Chloe
reiectaeque patet ianua Lydiae?”

               

     “Quamquam sidere pulchrior
ille est, tu leuior cortice et inprobo
     iracundior Hadria,
tecum uiuere amem, tecum obeam lubens.”




HORACIO:

Mientras te fui grato
y ningún joven, a mi preferido, echaba los brazos
a tu blanquísimo cuello,
fui el favorito, más feliz que el rey de los Persas.


LIDIA:

Mientras no te apasionaste por otra más que por mí
y Lidia no fue postergada a Cloe
-la Lidia de tanta fama-
fui la favorita, más renombrada que la romana Ilia.


HORACIO:

Manda en mí ahora la tracia Cloe, conocedora de suaves melodías
y hábil con la cítara,
por la que no temería morir
si los hados concediesen a su alma sobrevivirme.


LIDIA:

Me hace abrasar de amor, con fuego recíproco,
Calais de Turio, hijo de Ornito,
por quien moriría dos veces
si los hados concediesen a ese joven sobrevivirme.


HORACIO:

¿Y qué pasará si vuelve la antigua pasión
y, separados ahora, nos vuelve a unis con su yugo de bronce?
¿Si la rubia Cloe es desechada
y se abre la puerta a la rechazada Lidia?


LIDIA:

Aunque él es más hermoso que las estrellas
y tú, en cambio, más liviano que el corcho
y más iracundo que el furioso Atlántico,
desearía vivir contigo; gustosamente moriría a tu lado.

(Horacio, “Obras completas” Edit. Planeta)







domingo, 26 de mayo de 2013

Horacio: Quisnam igitur liber?





© Michal Macku























Tibi quid sum ego? nempe tu, mihi qui imperitas, aliis servis miser  atque duceris ut nervis alienis mobile lignum.

Quisnam igitur liber? sapiens sibi qui imperiosus, quem neque pauperies neque mors neque vincula terrent, responsare cupidinibus, contemnere honores  fortis.  

(Sermonum Liber II)



¿Qué soy yo para ti? Pues tú, que mandas sobre mí, eres el mísero esclavo de otro y eres manejado por hilos ajenos como una marioneta.
Por tanto, ¿quién es libre? El sabio que es dueño de sí mismo, a quien ni la pobreza ni la muerte ni la prisión le asustan, que es fuerte para resistir las pasiones, para despreciar los honores.  

(Sátiras, Libro II)



martes, 30 de abril de 2013

Horacio y la copa de Pitágoras: El placer de saber beber





Guido Reni,  Baco



“Quien sabe beber sabe vivir” así de contundentes son los viticultores españoles en su campaña para proclamar los valores del vino tan ligado a nuestra cultura. Apreciar su sabor, textura, cuerpo, color, aroma, me parece un ejercicio de lo más saludable y placentero. Si además queremos disfrutar plenamente debemos  hacerlo con moderación. Saborearlo mientras experimentamos el sinfín de combinaciones que podemos realizar nos abre la puerta a todo un mundo de estimulantes posibilidades.  

La importancia del vino se remonta a los propios orígenes de nuestra cultura mediterránea. Homero lo alabó con entusiasmo al igual que muchos otros de nuestros clásicos.  Seguro que en alguna ocasión habéis escuchado  la expresión Beati Hispani apud quos vivere est bibere, Felices los españoles para quienes vivir es beber, lo dice todo.

Uno de los poetas que mejor cantó las excelencias del vino ha sido el inolvidable Horacio en cuya obra leemos verdaderos elogios.  Un ejemplo lo tenemos en la Oda  que os transcribo a continuación, toda una exaltación del vino siempre que se beba con moderación.  




Liber Primus - XVIII

Nullam, Vare, sacra uite prius seueris arborem
circa mite solum Tiburis et moenia Catili;
siccis omnia nam dura deus proposuit neque
mordaces aliter diffugiunt sollicitudines.
Quis post uina grauem militiam aut pauperiem 
[crepat?              
Quis non te potius, Bacche pater, teque decens Venus?
Ac ne quis modici transiliat munera Liberi,
Centaurea monet cum Lapithis rixa super mero
debellata, monet Sithoniis non leuis Euhius,
cum fas atque nefas exiguo fine libidinum               
discernunt auidi. Non ego te, candide Bassareu,
inuitum quatiam nec uariis obsita frondibus
sub diuum rapiam. Saeua tene cum Berecyntio
cornu tympana, quae subsequitur caecus amor sui
et tollens uacuum plus nimio gloria uerticem              
arcanique fides prodiga, perlucidior uitro.




Libro I - XVIII

No plantes, Varo, ningún árbol antes que la vid sagrada
en el fértil suelo de Tíbur o junto a las murallas de Catilo,
pues el dios ha reservado las penas a los sobrios
y no de otra forma desaparecen las preocupaciones lacerantes.
¿Quién, tras el vino, increpa la fatigosa milicia o la pobreza?
¿Quién no habla mejor de ti, padre Baco,
o de ti, hermosa Venus?
Y que nadie sobrepase la moderación en los dones de Baco
nos lo advierte la lucha de los Centauros con los Lapitas
sostenida a causa del vino;
nos lo advierte Evio, riguroso para los Sitonios,
cuando, con borrosa frontera, discuten, ávidos de pasiones,
lo lícito y lo ilícito.
No te perturbaré, brillante Besareo, contra tu voluntad
ni expondré a la luz lo oculto bajo diversos  ramajes
Modera los crueles timbales y el cuerno Berecinto,
a los que sigue el ciego amor propio y la gloria,
que encumbra más que en exceso la cabeza hueca,
y una Fidelidad, pregonera de secretos,
más transparente que el cristal.



Los versos de Horacio  elegantes, concisos, perfectos. En la moderación está la clave como bien escribió el poeta. Pensando en ello me acordé de la copa de Pitágoras. Un original invento griego que aplicando un sencillo dispositivo dentro de un recipiente nos  ayuda a servir la cantidad de vino adecuada porque si sobrepasamos el límite simplemente se derrama todo el líquido. Interesante, sin duda.













miércoles, 20 de marzo de 2013

Celebrando con Horacio la llegada de la Primavera





    Fotografía:  Alfredo Valdés  García


Me gusta percibir el aroma de la primavera.
Me gusta ver el cielo azul en la mañana.
Me gusta sentir la resurrección de la vida en las calles.
Me gusta disfrutar las largas tardes llenas de luz.
Me gusta pasear por la playa.
Me gusta  contemplar los rayos de sol en el agua.
Me gusta quitarme de encima tanto trapo pesado.
Me gusta hacer lo que me da la gana.
Me gusta, me gusta, me gusta…

Me gusta que me guste todo esto… y un montón de cosas más. Entre ellas leer a mis clásicos, por eso Horacio inaugura la primavera en Mercurio.

He elegido dos de sus Odas. La primera es todo un canto a la diosa Fortuna, en ella el poeta pide su protección para Augusto solicitud que espero tenga a bien extender a todos los navegantes de Mercurio para que, generosa, nos libere del inclemente invierno y nos acompañe en esta prometedora primavera.
La segunda como no podía ser de otro modo es aquella en la que Horacio celebra la llegada de la Primavera y nos recuerda que debemos vivir el presente, que a fin de cuentas es todo lo que tenemos.



Liber Primus - XXXV

O diua, gratum quae regis Antium,
praesens uel imo tollere de gradu
mortale corpus uel superbos
uertere funeribus triumphos,
te pauper ambit sollicita prece              
ruris colonus, te dominam aequoris
quicumque Bythyna lacessit
Carpathium pelagus carina.
Te Dacus asper, te profugi Scythae,
urbesque gentesque et Latium ferox              
regumque matres barbarorum et
purpurei metuunt tyranni,
iniurioso ne pede proruas
stantem columnam, neu populus frequens
ad arma cessantis, ad arma
concitet imperiumque frangat.              
Te semper anteit serua Necessitas,
clauos trabalis et cuneos manu
gestans aena nec seuerus
uncus abest liquidumque plumbum;              
te Spes et albo rara Fides colit
uelata panno nec comitem abnegat,
utcumque mutata potentis
ueste domos inimica linquis;
at uolgus infidum et meretrix retro              
periura cedit, diffugiunt cadis
cum faece siccatis amici,
ferre iugum pariter dolosi.
Serues iturum Caesarem in ultimos
orbis Britannos et iuuenum recens               
examen Eois timendum
partibus Oceanoque rubro.
Heu heu, cicatricum et sceleris pudet
fratrumque. Quid nos dura refugimus
aetas, quid intactum nefasti
liquimus? Vnde manum iuuentus              
metu deorum continuit? Quibus
pepercit aris? O utinam noua
incude diffingas retusum in
Massagetas Arabasque ferrum!        

  

Libro I - XXXV

Oh Diosa que riges el agradable Ancio,
capaz de sacar a una mortal criatura
de su ínfima condición y convertir
los soberbios triunfos en fúnebres cortejos.
A ti, el pobre campesino,
a ti, señora de los mares, todo el que
con una nave bitinia desafía el mar de Cárpatos,
te asedia con fervientes preces.
A ti, el cruel Dacio;
a ti, los nómadas Escitas, y las ciudades, y las naciones,
y el feroz Lacio, y las madres de los reyes bárbaros,
y los tiranos, cubiertos de púrpura, te temen,
no sea que con un pie funesto derribes
la columna que se yergue, o que el pueblo
acostumbrado a la lucha
empuje a los que dudan a tomar las armas
y quebrante su poder.
Siempre te precede tu esclava, la Necesidad,
que sostiene en su mano de bronce gruesos clavos
y las cuñas,
y no le falta el duro garfio y el plomo derretido.
Te rodean la Esperanza y la rara Fidelidad,
velada con un paño blanco,
y no te niegan su compañía
cada vez que, mudado tu vestido, abandonas, hostil,
las casas poderosas;
pero el vulgo traidor y la perjura prostituta retroceden,
huyen los amigos, una vez apuradas las barricas hasta sus heces,
desleales para soportar conjuntamente el yugo.
Protege a César,
Que se dispone a marchar a los últimos confines Britanos,
y a la reciente leva de jóvenes,
temible para las regiones de Oriente y el Océano Rojo.
¡Ay! ¡Qué vergüenza nuestras cicatrices
y nuestros crímenes fratricidas!
¿Ante qué nos hemos detenido, nosotros,
generación endurecida?
De lo lícito, ¿qué no hemos violado?
¿De qué se ha abstenido la juventud
por temor de los dioses?
¿Qué altares ha respetado?
¡Ah, ojalá en un nuevo yunque tornes a forjar,
En contra de los Árabes y Masagetas,
nuestra mellada espada!




Liber Quartus - XII

Iam ueris comites, quae mare temperant,
impellunt animae lintea Thraciae,
iam nec prata rigent, nec fluuii strepunt
hiberna niue turgidi.
Nidum ponit, Ityn flebiliter gemens,              
infelix auis et Cecropiae domus
aeternum obprobrium, quod male barbaras
regum est ulta libidines.
Dicunt in tenero gramine pinguium
custodes ouium carmina fistula              
delectantque deum, cui pecus et nigri
colles Arcadiae placent.
Adduxere sitim tempora, Vergili;
sed pressum Calibus ducere Liberum
si gestis, iuuenum nobilium cliens,              
nardo uina merebere.
Nardi paruus onyx eliciet cadum,
qui nunc Sulpiciis accubat horreis,
spes donare nouas largus amaraque
curarum eluere efficax.              
Ad quae si properas gaudia, cum tua
uelox merce ueni; non ego te meis
inmunem meditor tinguere poculis,
plena diues ut in domo.
Verum pone moras et studium lucri,              
nigrorumque memor, dum licet, ignium
misce stultitiam consiliis breuem:
dulce est desipere in loco.



Libro IV – XII

Compañeras de la primavera,
ya las brisas tracias, que sosiegan el mar, hinchan las velas;
los campos ya no están helados ni retumban los ríos
rebosantes de nieve invernal.
Teje su nido, llorando lastimeramente a Itis,
la infeliz ave, oprobio eterno de la casa de Cécrope,
pues vengó cruelmente las bárbaras pasiones de los reyes.
Pastores de pingües ovejas, en el verde césped,
entonan campos con la zampoña y deleitan al dios
a quien agradan los rebaños
y las umbrosas colinas de la Arcadia.
La estación nos ha traído la sed;
pero si estás impaciente, Virgilio, cliente de nobles jóvenes,
por saborear mi Líber exprimido en Cales,
podrás obtener el vino a cambio de nardo.
Un pequeño ónice con nardo hará salir de una tinaja
que ahora envejece en las bodegas de Sulpicio,
abundante como para dar nuevas esperanzas
y eficaz para eliminar las amarguras de las penas.
Si te urgen estos goces, ven rápido con tu mercancía;
No estoy dispuesto a que, gratis,
te atiborres con mis copas
como si fuese rico en una casa repleta.
Déjate, así pues, de retrasos y de tu afán de lucro
y, acordándote, mientras te es posible, de las fatales llamas,
mezcla un poco de locura a tu prudencia:
en su momento, es agradable perder la cabeza.




Luis Eduardo Aute, L'amour avec toi