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sábado, 1 de febrero de 2014

Tiempo y Sueño




© Kasia Derwinska 

























Ἐγώ: Pronombre personal primera persona, yo.

Diálogo: Del griego διάλογος, plática  entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos.



Vida; Tiempo; Sueño... 

                      Memoria; Recuerdo; Olvido... 

                                                Minucias de colores.



Ψευδεῖς αλήθειες;  / Λόγοι ψευδεῖς;  (Platón)







El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.
…

El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
…

¡Qué espesura de anémonas levanta!
Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

(Federico García Lorca, Así que pasen cinco años)





martes, 3 de diciembre de 2013

Marco Aurelio: Meditaciones de un emperador.




© Scott Eaton, Prometheus Bound, 2006





































Sabemos que Zenón de Citio (335-263 a.C.), fue el fundador de la escuela estoica, uno de los pensamientos más cohesionados e influyentes en la Historia de la Filosofía. Sin duda muchos han sido (somos) los que nos hemos sentido atraídos por el ideal de vida estoico. Desde su discípulo Cleantes de Asos (332-231 a.C.) o Crisipo de Soles (280-206 a.C.), sin olvidarnos de Panecio de Rodas o Posidonio de Apamea (siglos I y II a.C.), hasta llegar a Epícteto o el propio emperador Marco Aurelio (siglos I y II d.C.). Por eso este mes de diciembre nuestra lectura y comentarios se centrarán en los soliloquios Para sí mismo (Las Meditaciones) de Marco Aurelio. A continuación os transcribo uno de los textos que he seleccionado y con él las primeras líneas de debate:

-         Naturaleza/Razón/Virtud
-         Ley divina, ¿eterna e inmutable?
-         Ataraxia o imperturbabilidad frente al destino
-         Divinidad/Destino (heimarméne/fatum)
-         Libertad/Sabiduría.




"Ni es meritorio transpirar como las plantas, ni respirar como el ganado y las fieras, ni ser impresionado por la imaginación, ni ser movido como una marioneta por los impulsos, ni agruparse como rebaños, ni alimentarse; pues eso es semejante a la evacuación de las sobras de la comida. ¿Qué vale la pena, entonces? ¿Ser aplaudido? No. Por consiguiente, tampoco ser aplaudido por golpeteo de lenguas, que las alabanzas del vulgo son golpeteo de lenguas. Por tanto, has renunciado también a la vanagloria. ¿Qué queda digno de estima? Opino que el moverse y mantenerse de acuerdo con la propia constitución, fin al que conducen las ocupaciones y las artes. Porque todo arte apunta a este objetivo, a que la cosa constituida sea adecuada a la obra que ha motivado su constitución. Y tanto el hombre que se ocupa del cultivo de la vid, como el domador de potros, y el que amaestra perros, persiguen este resultado. ¿Y a qué objetivo tienden con ahínco los métodos de educación y enseñanza? A la vista está, pues, lo que es digno de estima. Y si en eso tienes éxito, ninguna otra cosa te preocupará. ¿Y no cesarás de estimar otras muchas cosas? Entonces ni serás libre, ni te bastarás a ti mismo, ni estarás exento de pasiones. Será necesario que envidies, tengas celos, receles de quienes pueden quitarte aquellos bienes, y tendrás necesidad de conspirar contra los que tienen lo que tú estimas. En suma, forzosamente la persona falta de alguno de aquellos bienes estará turbada y además censurará muchas veces a los dioses. Mas el respeto y la estima a tu propio pensamiento harán de ti un hombre satisfecho contigo mismo, perfectamente adaptado a los que conviven a tu lado y concordante con los dioses, esto es, un hombre que ensalza cuanto aquellos reparten y han asignado."


Neque quod perspiramur, ut stirpes, aestimatione dignum est, neque quod respiramus, ut pecudes et belluae, neque quod species rerum per visa nobis imprimuntur, neque quod agendi impetu huc illuc rapimur, neque quod congregamur et nutrimur: hoc enim perinde est atque alimenti quod supertluum est excernere. Quid igitur est, quod aestimatione dignum sit? Num plausu excipi? Nequaquam. Itaque nec linguarum plausu excipi: multitudinis enim laus quid aliud est, nisi linguarum strepitus? Sustulisti igitur gloriolam quoque; quid restat, quod aestimatione dignum sit? Hoc opinor, secundum propriam constitutionem et moveri et motum sistere, quo etiam et studia et artes ducunt. Nam etiam omnis ars id spectat, ut id, quod paratur aptum sit ad opus, ad quod paratur: et vinitor, qui vites colit, et qui equos domat et qui canes huic studet operi. Puerorum educatio et disciplina aliquem finem consequi student; ibi igitur id, quod aestimatione dignum est; quod si bene habuerit, nihil ceterorum tibi comparare studebis. Non desines multa alia aestimare? Itaque nec liber eris, nec tibi sufficiens, neque animi perturbationibus vacuus. Non enim fieri potest, quin invideas aemuleris eosque suspectos habeas, qui illis te privare sint, et insidias struas iis, qui id, quod a te tanti aestimatur, possident. Omnino necesse est te perturbari, si qua illarum rerum indigeas, praeterea saepe de diis conqueri; sed propriae mentis verecundia et honor et te tibi gratum reddet et sociis commodum et diis consentientem, hoc est, quaecunque attribuunt et constituunt, laudibus celebrantem.
Marci Antonini Imperatoris, 
Commentariorum, quos ipse sibi scripsit, Liber Sextus



"Οὔτε τὸ διαπνεῖσθαι ὡς τὰ φυτὰ τίμιον οὔτε τὸ ἀναπνεῖν ὡς τὰ βοσκήματα καὶ τὰ θηρία οὔτε τὸ τυποῦσθαι κατὰ φαντασίαν οὔτε τὸ νευροσπαστεῖσθαι καθ ὁρμὴν οὔτε τὸ συναγελάζεσθαι οὔτε τὸ τρέφεσθαι˙ τοῦτο γὰρ ὅμοιον τῷ ἀποκρίνειν τὰ περιττώματα τῆς τροφῆς. τί οὖν τίμιον; τὸ κροτεῖσθαι; οὐχί. οὐκοῦν οὐδὲ τὸ ὑπὸ γλωσσῶν κροτεῖσθαι˙ αἱ γὰρ παρὰ τῶν πολλῶν εὐφημίαι κρότος γλωσσῶν. ἀφῆκας οὖν καὶ τὸ δοξάριον˙ τί καταλείπεται τίμιον; δοκῶ μὲν τὸ κατὰ τὴν ἰδίαν κατασκευὴν κινεῖσθαι καὶ ἴσχεσθαι, ἐφ ὃ καὶ αἱ ἐπιμέλειαι ἄγουσι καὶ αἱ τέχναι˙ (ἥ τε γὰρ τέχνη πᾶσα τούτου στοχάζεται, ἵνα τὸ κατασκευασθὲν ἐπιτηδείως ἔχῃ πρὸς τὸ ἔργον πρὸς ὃ κατεσκεύασται˙ ὅ τε φυτουργὸς ‹καὶ› ὁ ἐπιμελούμενος τῆς ἀμπέλου, καὶ ὁ πωλοδάμνης καὶ ὁ τοῦ κυνὸς ἐπιμελούμενος τοῦτο ζητεῖ.) αἱ δὲ παιδαγωγίαι, αἱ δὲ διδασκαλίαι ἐπὶ τί σπεύδουσιν; ὧδε οὖν τὸ τίμιον˙ καὶ τοῦτο μὲν ἂν εὖ ἔχῃ, οὐδὲν τῶν ἄλλων περιποιήσεις ἑαυτῷ. οὐ παύσῃ καὶ ἄλλα πολλὰ τιμῶν; οὔτ οὖν ἐλεύθερος ἔσῃ οὔτε αὐτάρκης οὔτε ἀπαθής˙ ἀνάγκη γὰρ φθονεῖν, ζηλοτυπεῖν, ὑφορᾶσθαι τοὺς ἀφελέσθαι ἐκεῖνα δυναμένους, ἐπιβουλεύειν τοῖς ἔχουσι τὸ τιμώμενον ὑπὸ σοῦ˙ ὅλως πεφύρθαι ἀνάγκη τὸν ἐκείνων τινὸς ἐνδεῆ, προσέτι δὲ πολλὰ καὶ τοῖς θεοῖς μέμφεσθαι. ἡ δὲ τῆς ἰδίας διανοίας αἰδὼς καὶ τιμὴ σεαυτῷ τε ἀρεστόν σε ποιήσει καὶ τοῖς κοινωνοῖς εὐάρμοστον καὶ τοῖς θεοῖς σύμφωνον, τουτέστιν ἐπαινοῦντα ὅσα ἐκεῖνοι διανέμουσι καὶ διατετάχασιν."

  Μάρκος Αὐρήλιος Ἀντωνῖνος, Τὰ εἰς ἑαυτόν


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Sócrates nos enseñó que...




Vía Escape Delusion, Tumblr































Una vida sin examen no merece la pena ser vivida.
                                                                      




domingo, 27 de octubre de 2013

Las Nuevas Tecnologías en las Humanidades: ¿El fin de la "alta cultura"?





© Tom Gauld




El tiempo pasa rápido. Lo sabemos. Especialmente se percibe en el campo de las Nuevas Tecnologías sobre todo para quienes pertenecemos a la llamada Galaxia Gutenberg tal como la define McLuhan, es decir, el periodo de hegemonía de la letra impresa; quizás por ello algunos hemos sido un tanto reacios a esta nueva Galaxia Internet, un mundo digital y virtual que intenta gobernar nuestro mundo "real" que diría Castells. 

La tecnología influye decisivamente en nuestra sociedad, economía, cultura y también en nosotros. Lo importante es saber cómo utilizarla en nuestro campo profesional porque de ello podemos obtener notables beneficios. En cuanto a su aplicación en la labor docente coincido con el profesor Javier Valera Bernal en que el uso de las Nuevas Tecnologías en las Humanidades principalmente de Internet y de las redes tiene que plantearse desde tres claves: controlar, acotar y mediar. Esto es, debemos guiar las búsquedas, seleccionar la información existente en la red que sirva para nuestro objetivo educativo  y mediar, nunca ser espectadores en el proceso sino formar un triunvirato que lleve a buen puerto el fin que deseamos alcanzar.

Pero más allá de estos planteamientos profesionales me surge una pregunta esencial, ¿Qué futuro espera a las Humanidades en esta nueva edad que Castells denomina Galaxia Internet? Es evidente que estamos perdiendo la base formativa sobre las disciplinas humanísticas y lamentablemente asistimos a una devaluación y menosprecio de estos conocimientos, consecuencia lógica de una sociedad donde prima la producción económica frente al fomento de la cultura y la educación.

¿Supondrá esta Galaxia Internet el fin del libro y terminará con el propio proceso creativo? ¿Este desarrollo de las N. T. y la superabundancia de información no están fomentando, paradójicamente, una desculturización generalizada, incluso me atrevería a decir cierta deshumanización que nos lleva a solidarizarnos con un habitante de una telecalle virtual mientras desconocemos y somos indiferentes con nuestro vecino real? Es un tema  francamente apasionante y el tiempo marcará el destino. Sin duda la postura más sensata me parece la del justo medio. Vemos que siempre, en todo, subyace la cultura grecolatina, la que fundamenta nuestra propia civilización como tan certeramente apuntó Joaquín Jareño al que cito porque me parece que ha dado en el quid de la cuestión al hablar de nuestra sociedad de la abundancia de medios y carencia de fines, una realidad vista desde el campo de las Humanidades.

Recuperando mi idea del justo medio considero que ni neoluditas ni tecnófilos. Ni adorar las nuevas tecnologías como un nuevo dorado, panacea de todos los sumun, ni entenderlas como un oscuro enemigo que se ha infiltrado en nuestro cosmos humanista para aniquilarlo; ya Platón en su Fedro nos advierte del miedo que sintió el rey Thamus cuando Theuth le presentó su invento (la escritura) como un fármaco de la memoria y de la sabiduría a lo que el rey le replicó que solo produciría olvido en las almas de quienes lo aprendiesen puesto que al descuidar la memoria fiándose de lo escrito llegaría al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde ellos y por ellos mismos. Recelos, miedos frente a lo nuevo, lo desconocido, lo que a veces produce vértigo.

Por lo tanto ni apocalípticos ni integrados que diría Umberto Eco.


Ocupada esta semana en estos asuntos, nada triviales, me encuentro ayer el artículo de Luis Antonio de Villena donde reflexiona sobre la cultura en el sentido que tradicionalmente la hemos entendido y plantea la siguiente interrogante, ¿está la alta cultura tocada de muerte? ¿Qué papel juegan en ello las nuevas tecnologías? Transcribo su texto y que cada uno extraiga sus propias conclusiones. 


"Algunos pedirían saber de entrada qué es lo que distingue a la llamada “alta cultura” de la otra o popular, a su vez con muchos grados y modalidades. Tratemos de empezar fácil: “Alta cultura” es la cultura que procede de unas Universidades buenas o que tiene un nivel parigual. “Alta cultura” es la de la persona que tiene estudios superiores y sabe que no se puede dejar de aprender, y busca aumentar sus conocimientos y su inteligencia, porque entiende asimismo que la cultura es un trabajo pero, a la par, un placer. La persona ilustrada. Hablaré de la cultura del libro, pero la cultura de la imagen (artes plásticas, cine) está, en verdad, muy estrechamente ligada. La mayoría cree, en este momento, que la “alta cultura” está tocada de muerte. Conste, que al hablar de libros no hablo de su soporte (papel o electrónica) sino del hecho mismo de leer, y de buscar intelecto y calidad, porque no existe otro modo de avance…
España (poseedora de una gran tradición de creación de cultura) ha sido secularmente deficitaria en el consumo de esta, bien por la pobreza del país –que conlleva incultura- bien por las prohibiciones eclesiásticas o gubernamentales hacia cuanto fuera heterodoxo o nuevo. Una larga serie de malos planes de estudio (Wert es sólo el último eslabón) hace que nuestros jóvenes –sálvense siempre las minorías pertinentes- cuenten entre los peor preparados de Europa y entre los que menos leen. Yo no era franquista en absoluto y detesté al dictador. Pero he de decir (con pena) que cuando terminé el bachillerato en 1968 sabía bastante más que muchos de los que hoy terminan una carrera universitaria. El Gobierno ayuda poco, y en una España deficitaria en cultura (entiéndase “alta”) el Gobierno debiera ayudar. El IVA del 21% es señal de catástrofe. Preocupadas ante todo por el dinero y no por la calidad del producto, muchas editoriales de antiguo y prestigioso nombre se han lanzado a la carrera del “bestsellerismo” de baratura (novelas planas en estilo de teletipo o libros de periodismo hodierno a menudo con personajes de la telebasura) haciendo que bastantes escritores notables, que buscan literatura culta, con saberes y miras altas, tengan dificultades para publicar. Hace días supe que una de las más clásicas, antiguas y meritorias editoriales del país, proclamaba que el libro que más vendió en la temporada pasada fue las “Memorias” de Carmen Bazán. Al preguntar yo (en serio) quién era esa señora, me contestaron que la madre del torero Jesulín de Ubrique. Literalmente se me cayó el alma a los pies. Sería mejor que esa editorial cerrase para demostrar, al menos, nuestra nada y nuestra vergüenza. Lo dijo hace un año Vargas Llosa en su ensayo “La civilización del espectáculo”: “la cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días, a punto de desaparecer.” Todo el mundo (en plena demagogia) se apresura a afirmar que hay que decir lo que se piensa, pero pocos  saben lo que Emilio Lledó nos recuerda, hablando de Epicuro: “debemos (antes) pensar lo que decimos.” Con un pueblo básicamente inculto y que ha dejado de respetar la cultura o de saber para qué sirve –para ser humano-, con un Gobierno que no ayuda y muchas editoriales y empresas comerciales que desdeñan la calidad a favor del dinero, nada puede extrañarnos. El mundo del libro culto pasa dificultades agónicas y hay autores (de alma frívola y baladí) que venderían el espíritu del que carecen, en su ludismo insano, por pegar un pelotazo de ventas con cualquier fruslería.  Como dijeron Ortega y Eliot sólo las minorías cultas pueden crear y defender esa “alta cultura” que no es cerrada, sino abierta, pero a la que se llega por la reflexión y el estudio que nos hace humanistas, más hombres. Octavio Paz decía (hace veinte años) que el ya minoritario mundo de la poesía “vivía en las catacumbas”, hoy hay que decir que toda cultura superior (insisto en salvar las excepciones) vive también en las catacumbas. En un país de 42.000.000 de habitantes, la mayoría de los libros que importan raramente superan la tirada de 5000 ejemplares, que probablemente no se agota.  Muchos tenemos la sensación ( a veces bien constatada) de que grandes empresas culturales –no todas- están en manos de hombres o de mujeres mediocres que han de juzgar por móviles económicos a personas de mucho más nivel que ellos. Y los juzgan y muy a menudo los rechazan. Si yo tuviera que sintetizar en un viejo refrán el penoso estado de la “alta cultura” en la España de hoy, repetiría uno que aprendí de estudiante: “Los sandios hacen los banquetes a los sabios”. Es decir, los que menos valen guían a los que valen más. Escribir mejor, pensar con altura, subir el listón de la excelencia, leer con provecho, parecen ya actos no sólo vacíos (por ignorancia) sino inútiles. Pero si un personaje verbenero de la telebasura saca un libro que se olvida semanas después, se lo corea como a un campeón olímpico y muchos de nuestros mediocres medios de comunicación se vuelcan con el producto y el personajillo. Sigue teniendo razón Lope: “y pues lo paga el vulgo/ es justo hablarle en necio/ para darle gusto.” ¿Latín?, ¿griego? Boberías de pedantes. Oraciones subordinadas, lentitud del pensamiento, novelas con literaturidad o poesía (casi la que sea), bueno, cosas para cuatro raros… Boecio –un hombre forjado en la plenitud de la gran cultura antigua-  a fines del siglo V tiene que servir al rey de los ostrogodos, Teodorico, a quien la “Odisea” o la “Eneida” debían importarle un comino. Termina por encarcelar al docto, que muere el año 524, ejecutado, en medio de un mundo brutal que no entiende y que no le entiende. Por eso Boecio es llamado “ultimus romanorum”, es decir, el último de los romanos.  ¿No hay ya, entre nosotros, algunos redivivos  Boecios?
Aunque no es la primera vez que la cito, lamento no recordar al autor de esta expresión leída y no mía: “Estamos entrando en una Edad Media tecnológica”.  Diría, mejor, que hemos entrado ya. Todo el mundo usa Internet (usamos), se afana en la última generación de móviles con acceso a la red y se deleita en la “play station” y en sus juegos habitualmente violentos, al tiempo que luce tabletas e Ipods con fotos estupendas de brillo que muestran y hacen a la ocasión más tonta. Dice mucho de este mundo: se intenta apresar la banalidad porque (inconscientemente) la mayoría de esa gente –incluso los que se creen preocupados por la injusticia y las desigualdades- viven en la banalidad felizmente instalados.  Pero, atención, todos estos usuarios de  informática de vanguardia, nada o casi nada saben de ella ni tampoco de otras disciplinas. Una inmensa ignorancia (camuflada por noticias de última hora) es el verdadero panorama de un pueblo más dócil que nunca a las tropelías de los gobiernos porque tiene miedo y poca cabeza. Alguien ha definido al hombre actual (lejos del “faber” y del “ludens”) como “homo timens”, esto es, el hombre atemorizado, con miedo. La cultura de verdad ayudaría a superar el miedo y la tibieza, pero como vemos –y son sólo pinceladas- la gran cultura, la que toca la fibra íntima y hace crecer, no sólo está de capa caída sino en trance de muerte.  ¿Seremos los nuevos “últimos romanos”? ¿Somos ya el final de la generación de los libros y de la lectura como instrumentos de placer pero también de pensamiento, de hondura? Filósofos notables como fue el querido Eugenio Trías,  son ahora mismo incomprensibles para la inmensa mayoría, y tiene que ser un talento, como es Fernando Savater,  el que deba rebajarse para hacer divulgación, pura y buena divulgación, que algunos juzgarán “Ser y tiempo”. Me quedo corto. Sólo sé decir que naufragamos. Empieza la Edad Media."