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domingo, 29 de junio de 2014

Hijos del Sol Naciente


















Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito. 
¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones… 
 (Julio Cortázar, Rayuela)



Este curso los viajes, el trabajo, los nuevos proyectos me impiden dedicarle al blog todo el tiempo que quisiera porque nuestro Hermes/Mercurio bien se lo merece por la ilusión con la que lo inicié allá en el 2009 (tempus fugit que diría Horacio y de qué modo...) pero la realidad como siempre se impone. Tal vez os llame la atención el título de la entrada de hoy, está dedicada a una persona ajena a nuestro sensato, prudente y maravilloso mundo clásico, estoy segura que los navegantes  de Mercurio me permitiréis esta licencia personal. 

Debo decirte que fue un placer encontrarnos en Delfos, querido admirador del Imperio del Sol Naciente, sin duda fue algo singular y sorprendente. Es curioso que vengamos de culturas y formas de entender la vida tan dispares y al mismo tiempo tengamos tantas cosas en común, esto me ha hecho pensar que con una buena disposición siempre es más lo que nos une que lo que nos separa, y que este es el modo de lograr una sociedad más plural y responsable. Entender que todos estamos aquí y formamos parte de un mismo destino , gran lección que nos enseña la Historia y que tan a menudo olvidamos. 

Por cierto, aún conservo la moneda, era la de la "buena suerte" ¿verdad?  ¡Sin duda!!



 ¡La de sorpresas que nos da la vida!  

(Añado: afortunadamente porque cuando ya nada nos sorprenda ni nos ilusione, ese día estaremos perdidos). 







viernes, 30 de mayo de 2014

Será que... Juan Gelman / Ignacio Izcaray / Simón Díaz








                   yo
                   no
                   sé qué hacer
                   para que salgas de mí y por fin te vayas
                   al diablo al sufrimiento que
                   me crece por verte y por no verte y
                   no seas más que eso sufrimiento
                   en vez de ser temblor ser esperanza
                   silencio bajo el sol
                   otro sol además


Juan Gelman (Tanguito)








domingo, 2 de marzo de 2014

Para leer en forma interrogativa




© George Christakis

























Nunca es tarde…  




Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.

Julio Cortázar, Para leer en forma interrogativa







lunes, 30 de diciembre de 2013

Jazz en la madrugada: Yusef Lateef




El jazz es como un pájaro que migra o emigra o inmigra o transmigra, saltabarreras, burlaaduanas, algo que corre y se difunde (…) en el mundo entero, es inevitable, es la lluvia y el pan y la sal, algo absolutamente indiferente a los ritos nacionales, a las tradiciones inviolables, al idioma y al folklore.

(Julio Cortázar, Rayuela,  Cap.17)








domingo, 19 de mayo de 2013

Borges: El hilo de la fábula



























El hilo de la fábula
(Los Conjurados, 1985)


El hilo que la mano de Ariadna dejó en la mano de Teseo (en la otra estaba la espada) para que éste se ahondara en el laberinto y descubriera el centro, el hombre con cabeza de toro, o, como quiere Dante, el toro con cabeza de hombre, y le diera muerte y pudiera, ya ejecutada la proeza, destejer las redes de piedra y volver a ella, a su amor.

Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto estaba el otro laberinto, el del tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.

El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.

Cnossos, 1984.

Borges: El laberinto






El laberinto
(Elogio de la sombra, 1969)



Zeus no podría desatar las redes

de piedra que me cercan. He olvidado

los hombres que antes fui; sigo el odiado

camino de monótonas paredes

que es mi destino. Rectas galerías

que se curvan en círculos secretos

al cabo de los años. Parapetos

que ha agrietado la usura de los días.

En el pálido polvo he descifrado

rastros que temo. El aire me ha traído

en las cóncavas tardes un bramido

el eco de un bramido desolado.

Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte

es fatigar las largas soledades

que tejen y destejen este Hades

y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.

Nos buscamos los dos. Ojalá fuera

éste el último día de la espera.




sábado, 27 de abril de 2013

Entre luces y sombras






Un poeta: Ángel González     

                         Un pintor: Leonid Afremov





















                                        FINALMENTE

                              Al final de la vida,
                              no sin melancolía,
                                                                  comprobamos
                              que, al margen ya de todo,
                              vale la pena.

                              Poco de lo restante prevalece.







 TANGO DE MADRUGADA

El bandoneón recorre
estremecidamente
escotes y columnas vertebrales.
Aprisionado por guitarras de amplio radio,
por profundas y agónicas guitarras,
el bandoneón estira
su indolencia y su ronca
sonoridad marina trasplantada.

Hay un instante frívolo
cuando baila la gente.
Hay un momento turbio
en el que desfallezco.
Hay un minuto roto
en el que todo es llanto.

Por detrás del violín apunta la esperanza:
una leve esperanza densamente imposible.
Sé que no has de volver.
La mujer canta.
Sé que no has
de volver. La noche
sigue. Sé  
que no has de volver.

                                           La canción huye,
borracha y sollozante,
hacia la calle,
donde el duro reflejo de unos vidrios helados
la rechaza y la triza contra el suelo.







LA TROMPETA
(Louis Armstrong)

¡Qué hermoso era el sonido de la trompeta
cuando el músico contuvo el aliento
y el aire de todo el Universo
entró en aquel tubo ya libre
de obstáculos!

Qué bello resultaba el estremecimiento
producido por el roce
de los huracanes contra el metal,
de los cálidos
vientos del Sur, y luego del helado
austral, que dio la vuelta al mundo.

El viento solano llegó lleno de luz
salpicando de sol y de verano.
El siroco dejó un poco de arena,
y el mistral
era casi silencio,
igual que los alisios.

Pero escuchad,
escuchad todavía
el ramalazo,
la poderosa ráfaga
que trae gotas de azul
y deja
sobre la piel
la húmeda caricia del salitre.

Un grito agudo interrumpió la melodía.
El artista, extrañado,
agitó su instrumento,
y cayó al suelo, yerto, rota,
una brillante y negra golondrina.




domingo, 21 de abril de 2013

Memorias de Adriano: Trahit suaquemque voluptas







En Memorias de Adriano, novela escrita por Marguerite Yourcenar, el imaginario de la autora revive al emperador  Adriano en su vejez realizando un ejercicio de introspección sobre su vida y la de Roma en el siglo II d.C. bajo la forma de una carta dirigida a Marco Aurelio.  Estamos ante una “autobiografía” que en realidad es un hermoso ejercicio de recreación literaria de la autora, pura prosa poética.

Es una novela de experiencia vital no de acción; de hecho la ausencia de movimiento hace que sea un tanto compleja si bien la cantidad de ideas, reflexiones que encontramos entre sus páginas sobre la vida, la muerte, la libertad, la guerra, el amor...  la convierten en una joya literaria y su lectura en un extraordinario placer.




Trahit suaquemque voluptas. A cada uno su senda; y también su meta, su ambición si se quiere, su gusto más secreto y su más claro ideal. El mío estaba encerrado en la palabra belleza, tan difícil de definir a pesar de todas las evidencias de los sentidos y los ojos. Me sentía responsable de la belleza del mundo. Quería que las ciudades fueran espléndidas, ventiladas, regadas por aguas límpidas, pobladas por seres humanos cuyo cuerpo no se viera estropeado por las marcas de la miseria o la servidumbre, ni por la hinchazón de una riqueza grosera; quería que los colegiales recitaran con voz justa las lecciones de un buen saber; que las mujeres, en sus hogares, se movieran con dignidad maternal, con una calma llena de fuerza; que los jóvenes asistentes a los gimnasios no ignoraran los juegos ni las artes; que los huertos dieran los más hermosos frutos y los campos las cosechas más ricas. Quería que a todos llegara la inmensa majestad de la paz romana, insensible y presente como la música del cielo en marcha; que el viajero más humilde pudiera errar de un país, de un continente al otro, sin formalidades vejatorias, sin peligros, por doquiera seguro de un mínimo de legalidad y de cultura; que nuestros soldados continuaran su eterna danza pírrica en las fronteras; que todo funcionara sin inconvenientes, los talleres y los templos; que en el mar se trazara la estela de
hermosos navíos y que frecuentaran las rutas numerosos vehículos; quería que, en un mundo bien ordenado, los filósofos tuvieran su lugar y también lo tuvieran los bailarines. Este ideal, modesto al fin y al cabo, podría llegar a cumplirse si los hombres pusieran a su servicio parte de la energía que gastan en trabajos estúpidos o feroces; una feliz oportunidad me ha permitido realizarlo parcialmente en este último cuarto de siglo. Arriano de Nicomedia, uno de los seres más finos de nuestro tiempo, se complace en recordarme los bellos versos donde el viejo Terpandro definió en tres palabras el ideal espartano, el perfecto modo de vida que la Lacedemonia soñó siempre sin alcanzarlo: la Fuerza, la Justicia, las Musas. La Fuerza constituía la base, era el rigor sin el cual no hay belleza, la firmeza sin la cual no hay justicia. La Justicia era el equilibrio de las partes, el conjunto de las proporciones armoniosas que ningún exceso debe comprometer. Fuerza y Justicia eran tan sólo un instrumento bien acordado en manos de las Musas. Toda miseria, toda brutalidad, debía suprimirse como otros tantos insultos al hermoso cuerpo de la humanidad. Toda iniquidad era una nota falsa que debía evitarse en la armonía de las esferas.

(Traducción de Julio Cortázar) 



martes, 9 de abril de 2013

El micro-relato de Marco Denevi: Una forma original de entender el mito clásico.






Marco Denevi (1922-1998). 


Escritor argentino.  Original, inteligente, irónico, un maestro indiscutible del micro-relato.  Denevi recrea el mito clásico de una forma muy personal, novedosa, sorprendente. Veamos algún ejemplo de estos textos breves.


En Traducción femenina de Homero son Penélope y Andrómaca (esposas a la sombra de los héroes Ulises y Héctor en la Odisea y la Iliada)  quienes se convierten en protagonistas. Denevi interpreta el mito de una forma diferente pero intensa.


Alix von Pierre-Michel, Andrómaca 


Traducción femenina de Homero

Toda la Odisea, con sus viajes, sus naufragios, sus sirenas, sus hierbas mágicas, sus animales míticos, sus palacios misteriosos, sus aventuras y sus desastres es, para Penélope, una inútil y tediosa demora en sus amores con Ulises. Mientras tanto Andrómaca refunfuña: “Que el viejo Homero cuente la historia a su manera. Yo daré mi versión. Yo que la he vivido. Yo, una pobre mujer desdichada. Primero, recuerdo, fue la prohibición de salir de la ciudad. Después tuve que pulir escudos, coser sandalias, fabricar flechas hasta que las manos se me llagaron. Después vendar heridas que sangraban y supuraban y enterrar a los muertos. Después escasearon los víveres y nos alimentábamos de ratas y raíces. Después perdí a mi marido y a mis hijos. Después el ejército invadió la ciudad y abusó de mí y de mis hijas. Por fin el vencedor me hizo su esclava.



En Silencio de sirenas cambia la perspectiva y en clave de humor Denevi revisa el famoso episodio de la Odisea en el que Ulises y sus compañeros de viaje se encuentran con las ninfas del mar. 

Sin duda no hay peor insulto que el silencio de las sirenas.
 
 Herbert James Draper, Ulises y las sirenas



Silencio de sirenas

Cuando las Sirenas vieron pasar el barco de Ulises y advirtieron que aquellos hombres se habían taponado las orejas para no oírlas cantar (¡a ellas, las mujeres más hermosas y seductoras!) sonrieron desdeñosamente y se dijeron: ¿Qué clase de hombres son éstos que resisten voluntariamente a las Sirenas? Permanecieron, pues, calladas, y los dejaron ir en medio de un silencio que era el peor de los insultos.



En El trabajo nº 13 de Hércules el escritor argentino revive el mito griego de Heracles (el Hércules de los romanos). Al ciclo de los Doce Trabajos del conocido héroe le añade uno más, singular y con una buena dosis de humor.

 Emmanuel Benner 
Hércules entre la virtud y el vicio


El trabajo nº 13 de Hércules

Según el apócrifo Apolodoro de la Biblioteca:
– Hércules se hospedó durante cincuenta días en casa de un tal Tespio, quien era padre de cincuenta hijas a todas las cuales, una por una, fue poniendo en el lecho del héroe porque quería que este le diese nietos que heredasen su fuerza. Hércules, creyendo que eran siempre la misma, las amó a todas.
El pormenor que Apolodoro ignora o pasa por alto es que las cincuenta hijas de Tespio eran vírgenes. Hércules, corto de entendederas como todos los forzudos, siempre creyó que el más arduo de sus trabajos había sido desflorar a la única hija de Tespio.




Para finalizar os dejo otro micro-relato, todo un ejemplo de brillantez verbal  construida en apenas diecinueve palabras. Por cierto el “Veritas odium parit” (la verdad genera odio) ¿a quién os recuerda? Claro, a ¡Terencio!; en su Andria lo encontraréis.


Veritas odium parit

–Traedme el caballo más veloz –pidió el hombre honrado–. Acabo de decirle la verdad al rey.







viernes, 22 de febrero de 2013

Fotografía. Juan Gelman / Duke Ellington / John Coltrane





Fotografías: Amelia G. Suárez


























                   


                         Foto

En la fotografía que tus ojos vuelven dulce
hay tu rostro de perfil, tu boca, tus cabellos,
pero cuando vibrábamos de amor
bajo el oleaje de la noche y el clamor de la ciudad
tu rostro es una tierra siempre desconocida
y esta fotografía el olvido, otra cosa.



                      Fotografías

Mirando en viejas fotos mi rostro en que no estás,
la mejilla en que estás como dolor, olvido,
pienso qué harán en China ahora
con tanta tristeza como se me caía,
o crecerá como otro otoño humano
lleno de oros, de dulzura,
con un fuego en el medio como tu nombre, o sea
crepitarás entre los lotos de Hangchaw bajo
septiembre
como cuando encontré la justicia en el mundo
y era como tu rostro,
mejor dicho: te amo.
                                                 

                                                                 Juan Gelman