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miércoles, 1 de mayo de 2013

Hasta los huesos



Tarde de lluvia, tarde de corto:  Hasta los huesos, dirigido por René Castillo. 


 “Esta película es una historia sobre la tentación. Creo que nunca nada es de color de rosa y hay que ver el lado positivo de las cosas. De esto trata “Hasta los Huesos”. Es un personaje que muere y hay muchos inconvenientes de estar muerto. Sin embargo, aún muerto se puede encontrar la felicidad y estar dispuesto a aceptarla asumiendo las consecuencias. Me gusta pensar que después de la vida hay otras cosas.” (R.C.)









martes, 26 de marzo de 2013

Los sonetos amorosos de Sor Juana Inés de la Cruz







Juana Inés de Asbaje y Ramírez (1648?-1695), mujer, religiosa y toda una maestra del soneto.




Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba...

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y en tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;

y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.




Yo no puedo tenerte ni dejarte...

Yo no puedo tenerte ni dejarte,
ni sé por qué, al dejarte o al tenerte,
se encuentra un no sé qué para quererte
y muchos sí sé qué para olvidarte.

Pues ni quieres dejarme ni enmendarte,
yo templaré mi corazón de suerte
que la mitad se incline a aborrecerte
aunque la otra mitad se incline a amarte.

Si ello es fuerza querernos, haya modo,
que es morir el estar siempre riñendo:
no se hable más en celo y en sospecha,

y quien da la mitad, no quiera el todo;
y cuando me la estás allá haciendo,
sabe que estoy haciendo la deshecha.




Dices que yo te olvido…

Dices que yo te olvido, Celio, y mientes,
en decir que me acuerdo de olvidarte,
pues no hay en mi memoria alguna parte
en que, aun como olvidado, te presentes.

Mis pensamientos son tan diferentes 
y en todo tan ajenos de tratarte,
que ni saben ni pueden olvidarte,
ni si te olvidan saben si lo sientes.

Si tú fueras capaz de ser querido,
fueras capaz de olvido; y ya era gloria 
al menos la potencia de haber sido.

Mas tan lejos estás de esa victoria,
que aqueste no acordarme no es olvido
sino una negación de la memoria.




 Al que ingrato me deja, busco amante…

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata,
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo;
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo, por mejor partido, escojo;
de quien no quiero, ser violento empleo;
que, de quien no me quiere, vil despojo.

  


Amor empieza por desasosiego...

Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste:
¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste?
Pues no te engañó amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso.

  




Vida y obra de Sor Juana:


martes, 5 de marzo de 2013

Líneas paralelas






Fotografía: Amelia G. Suárez



















Las líneas paralelas no pueden unirse ni aunque se prolonguen hasta el infinito.

Eso dice la razón. El corazón, sin embargo, dice otra cosa muy distinta.

Dos líneas paralelas se enamoraron. El amor hizo que se unieran, y ya no fueron dos líneas: fueron una sola. Así, como una sola línea, llegaron al infinito.


Ahí trataron de separarlas quienes a toda costa querían que triunfara la razón. Pero triunfó el amor, y nada pudo separar a las dos líneas paralelas, porque en el infinito eran ya una sola línea. 


De esto derivo una enseñanza: lo que en este mundo puede ser verdad, a lo mejor en el infinito es mentira.


 Armando Fuentes Aguirre (Catón)




sábado, 16 de febrero de 2013

Sor Juana Inés de la Cruz: Hombres necios








Si hay un tema que ya desde la Antigüedad nos encontramos de forma reiterada en la Literatura es la imagen de la mujer como causante de todos los males, baste recordar  el mito de la caja de Pandora.

Esta idea tan recurrente en el hegemónico pensamiento masculino ha sido criticada en el siglo XVII  por la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz que en el poema Hombres necios con habilidad e inteligencia alza su voz en defensa de tantas mujeres acusando a los hombres de ser los causantes de lo que tanto critican.



Sin duda Sor Juana , mujer, poeta y religiosa compone una ingeniosa redondilla .


Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.