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domingo, 27 de octubre de 2013

Las Nuevas Tecnologías en las Humanidades: ¿El fin de la "alta cultura"?





© Tom Gauld




El tiempo pasa rápido. Lo sabemos. Especialmente se percibe en el campo de las Nuevas Tecnologías sobre todo para quienes pertenecemos a la llamada Galaxia Gutenberg tal como la define McLuhan, es decir, el periodo de hegemonía de la letra impresa; quizás por ello algunos hemos sido un tanto reacios a esta nueva Galaxia Internet, un mundo digital y virtual que intenta gobernar nuestro mundo "real" que diría Castells. 

La tecnología influye decisivamente en nuestra sociedad, economía, cultura y también en nosotros. Lo importante es saber cómo utilizarla en nuestro campo profesional porque de ello podemos obtener notables beneficios. En cuanto a su aplicación en la labor docente coincido con el profesor Javier Valera Bernal en que el uso de las Nuevas Tecnologías en las Humanidades principalmente de Internet y de las redes tiene que plantearse desde tres claves: controlar, acotar y mediar. Esto es, debemos guiar las búsquedas, seleccionar la información existente en la red que sirva para nuestro objetivo educativo  y mediar, nunca ser espectadores en el proceso sino formar un triunvirato que lleve a buen puerto el fin que deseamos alcanzar.

Pero más allá de estos planteamientos profesionales me surge una pregunta esencial, ¿Qué futuro espera a las Humanidades en esta nueva edad que Castells denomina Galaxia Internet? Es evidente que estamos perdiendo la base formativa sobre las disciplinas humanísticas y lamentablemente asistimos a una devaluación y menosprecio de estos conocimientos, consecuencia lógica de una sociedad donde prima la producción económica frente al fomento de la cultura y la educación.

¿Supondrá esta Galaxia Internet el fin del libro y terminará con el propio proceso creativo? ¿Este desarrollo de las N. T. y la superabundancia de información no están fomentando, paradójicamente, una desculturización generalizada, incluso me atrevería a decir cierta deshumanización que nos lleva a solidarizarnos con un habitante de una telecalle virtual mientras desconocemos y somos indiferentes con nuestro vecino real? Es un tema  francamente apasionante y el tiempo marcará el destino. Sin duda la postura más sensata me parece la del justo medio. Vemos que siempre, en todo, subyace la cultura grecolatina, la que fundamenta nuestra propia civilización como tan certeramente apuntó Joaquín Jareño al que cito porque me parece que ha dado en el quid de la cuestión al hablar de nuestra sociedad de la abundancia de medios y carencia de fines, una realidad vista desde el campo de las Humanidades.

Recuperando mi idea del justo medio considero que ni neoluditas ni tecnófilos. Ni adorar las nuevas tecnologías como un nuevo dorado, panacea de todos los sumun, ni entenderlas como un oscuro enemigo que se ha infiltrado en nuestro cosmos humanista para aniquilarlo; ya Platón en su Fedro nos advierte del miedo que sintió el rey Thamus cuando Theuth le presentó su invento (la escritura) como un fármaco de la memoria y de la sabiduría a lo que el rey le replicó que solo produciría olvido en las almas de quienes lo aprendiesen puesto que al descuidar la memoria fiándose de lo escrito llegaría al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde ellos y por ellos mismos. Recelos, miedos frente a lo nuevo, lo desconocido, lo que a veces produce vértigo.

Por lo tanto ni apocalípticos ni integrados que diría Umberto Eco.


Ocupada esta semana en estos asuntos, nada triviales, me encuentro ayer el artículo de Luis Antonio de Villena donde reflexiona sobre la cultura en el sentido que tradicionalmente la hemos entendido y plantea la siguiente interrogante, ¿está la alta cultura tocada de muerte? ¿Qué papel juegan en ello las nuevas tecnologías? Transcribo su texto y que cada uno extraiga sus propias conclusiones. 


"Algunos pedirían saber de entrada qué es lo que distingue a la llamada “alta cultura” de la otra o popular, a su vez con muchos grados y modalidades. Tratemos de empezar fácil: “Alta cultura” es la cultura que procede de unas Universidades buenas o que tiene un nivel parigual. “Alta cultura” es la de la persona que tiene estudios superiores y sabe que no se puede dejar de aprender, y busca aumentar sus conocimientos y su inteligencia, porque entiende asimismo que la cultura es un trabajo pero, a la par, un placer. La persona ilustrada. Hablaré de la cultura del libro, pero la cultura de la imagen (artes plásticas, cine) está, en verdad, muy estrechamente ligada. La mayoría cree, en este momento, que la “alta cultura” está tocada de muerte. Conste, que al hablar de libros no hablo de su soporte (papel o electrónica) sino del hecho mismo de leer, y de buscar intelecto y calidad, porque no existe otro modo de avance…
España (poseedora de una gran tradición de creación de cultura) ha sido secularmente deficitaria en el consumo de esta, bien por la pobreza del país –que conlleva incultura- bien por las prohibiciones eclesiásticas o gubernamentales hacia cuanto fuera heterodoxo o nuevo. Una larga serie de malos planes de estudio (Wert es sólo el último eslabón) hace que nuestros jóvenes –sálvense siempre las minorías pertinentes- cuenten entre los peor preparados de Europa y entre los que menos leen. Yo no era franquista en absoluto y detesté al dictador. Pero he de decir (con pena) que cuando terminé el bachillerato en 1968 sabía bastante más que muchos de los que hoy terminan una carrera universitaria. El Gobierno ayuda poco, y en una España deficitaria en cultura (entiéndase “alta”) el Gobierno debiera ayudar. El IVA del 21% es señal de catástrofe. Preocupadas ante todo por el dinero y no por la calidad del producto, muchas editoriales de antiguo y prestigioso nombre se han lanzado a la carrera del “bestsellerismo” de baratura (novelas planas en estilo de teletipo o libros de periodismo hodierno a menudo con personajes de la telebasura) haciendo que bastantes escritores notables, que buscan literatura culta, con saberes y miras altas, tengan dificultades para publicar. Hace días supe que una de las más clásicas, antiguas y meritorias editoriales del país, proclamaba que el libro que más vendió en la temporada pasada fue las “Memorias” de Carmen Bazán. Al preguntar yo (en serio) quién era esa señora, me contestaron que la madre del torero Jesulín de Ubrique. Literalmente se me cayó el alma a los pies. Sería mejor que esa editorial cerrase para demostrar, al menos, nuestra nada y nuestra vergüenza. Lo dijo hace un año Vargas Llosa en su ensayo “La civilización del espectáculo”: “la cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días, a punto de desaparecer.” Todo el mundo (en plena demagogia) se apresura a afirmar que hay que decir lo que se piensa, pero pocos  saben lo que Emilio Lledó nos recuerda, hablando de Epicuro: “debemos (antes) pensar lo que decimos.” Con un pueblo básicamente inculto y que ha dejado de respetar la cultura o de saber para qué sirve –para ser humano-, con un Gobierno que no ayuda y muchas editoriales y empresas comerciales que desdeñan la calidad a favor del dinero, nada puede extrañarnos. El mundo del libro culto pasa dificultades agónicas y hay autores (de alma frívola y baladí) que venderían el espíritu del que carecen, en su ludismo insano, por pegar un pelotazo de ventas con cualquier fruslería.  Como dijeron Ortega y Eliot sólo las minorías cultas pueden crear y defender esa “alta cultura” que no es cerrada, sino abierta, pero a la que se llega por la reflexión y el estudio que nos hace humanistas, más hombres. Octavio Paz decía (hace veinte años) que el ya minoritario mundo de la poesía “vivía en las catacumbas”, hoy hay que decir que toda cultura superior (insisto en salvar las excepciones) vive también en las catacumbas. En un país de 42.000.000 de habitantes, la mayoría de los libros que importan raramente superan la tirada de 5000 ejemplares, que probablemente no se agota.  Muchos tenemos la sensación ( a veces bien constatada) de que grandes empresas culturales –no todas- están en manos de hombres o de mujeres mediocres que han de juzgar por móviles económicos a personas de mucho más nivel que ellos. Y los juzgan y muy a menudo los rechazan. Si yo tuviera que sintetizar en un viejo refrán el penoso estado de la “alta cultura” en la España de hoy, repetiría uno que aprendí de estudiante: “Los sandios hacen los banquetes a los sabios”. Es decir, los que menos valen guían a los que valen más. Escribir mejor, pensar con altura, subir el listón de la excelencia, leer con provecho, parecen ya actos no sólo vacíos (por ignorancia) sino inútiles. Pero si un personaje verbenero de la telebasura saca un libro que se olvida semanas después, se lo corea como a un campeón olímpico y muchos de nuestros mediocres medios de comunicación se vuelcan con el producto y el personajillo. Sigue teniendo razón Lope: “y pues lo paga el vulgo/ es justo hablarle en necio/ para darle gusto.” ¿Latín?, ¿griego? Boberías de pedantes. Oraciones subordinadas, lentitud del pensamiento, novelas con literaturidad o poesía (casi la que sea), bueno, cosas para cuatro raros… Boecio –un hombre forjado en la plenitud de la gran cultura antigua-  a fines del siglo V tiene que servir al rey de los ostrogodos, Teodorico, a quien la “Odisea” o la “Eneida” debían importarle un comino. Termina por encarcelar al docto, que muere el año 524, ejecutado, en medio de un mundo brutal que no entiende y que no le entiende. Por eso Boecio es llamado “ultimus romanorum”, es decir, el último de los romanos.  ¿No hay ya, entre nosotros, algunos redivivos  Boecios?
Aunque no es la primera vez que la cito, lamento no recordar al autor de esta expresión leída y no mía: “Estamos entrando en una Edad Media tecnológica”.  Diría, mejor, que hemos entrado ya. Todo el mundo usa Internet (usamos), se afana en la última generación de móviles con acceso a la red y se deleita en la “play station” y en sus juegos habitualmente violentos, al tiempo que luce tabletas e Ipods con fotos estupendas de brillo que muestran y hacen a la ocasión más tonta. Dice mucho de este mundo: se intenta apresar la banalidad porque (inconscientemente) la mayoría de esa gente –incluso los que se creen preocupados por la injusticia y las desigualdades- viven en la banalidad felizmente instalados.  Pero, atención, todos estos usuarios de  informática de vanguardia, nada o casi nada saben de ella ni tampoco de otras disciplinas. Una inmensa ignorancia (camuflada por noticias de última hora) es el verdadero panorama de un pueblo más dócil que nunca a las tropelías de los gobiernos porque tiene miedo y poca cabeza. Alguien ha definido al hombre actual (lejos del “faber” y del “ludens”) como “homo timens”, esto es, el hombre atemorizado, con miedo. La cultura de verdad ayudaría a superar el miedo y la tibieza, pero como vemos –y son sólo pinceladas- la gran cultura, la que toca la fibra íntima y hace crecer, no sólo está de capa caída sino en trance de muerte.  ¿Seremos los nuevos “últimos romanos”? ¿Somos ya el final de la generación de los libros y de la lectura como instrumentos de placer pero también de pensamiento, de hondura? Filósofos notables como fue el querido Eugenio Trías,  son ahora mismo incomprensibles para la inmensa mayoría, y tiene que ser un talento, como es Fernando Savater,  el que deba rebajarse para hacer divulgación, pura y buena divulgación, que algunos juzgarán “Ser y tiempo”. Me quedo corto. Sólo sé decir que naufragamos. Empieza la Edad Media."





miércoles, 16 de octubre de 2013

Vivir con Horacio



Los que de vez en cuando os subís a esta nave de Mercurio ya sabéis de mi particular inclinación por Horacio. Por eso ahora voy a transcribir el estupendo artículo Vivir con Horacio publicado hoy por Luis Antonio de Villena, escritor al que leo con frecuencia y con el que coincido en su afirmación de que Quinto Horacio Flaco fue el clasicismo por definición. 


Decadencias

Vivir con Horacio 

Hoy, con las humanidades tan decaídas (sobre todo en nuestra España) y cuando tan poca gente se interesa por el griego o el latín, el hecho de saber cómo acercarse a los grandes clásicos, los que por antonomasia lo son -Homero, Virgilio, Safo, Catulo u Horacio- es un problema y un mérito su resolución. No creo, desde luego, que exista una única forma, pero una de las posibles es la que nos ofrece el inglés Harry Eyres en el libro que edita Ariel, “Carpe diem. Lecciones de vida con Horacio”. Como debiera ser bien sabido, Quinto Horacio Flaco, natural de Venosa en el sur de Italia, fue el clasicismo por definición con sus exquisitas odas, epístolas o epodos. Lo protegió el gran Mecenas  (era hijo de un esclavo liberto) y pasó  así –más era casi imposible- al círculo y cercanía de Augusto, el primer  gran emperador de Roma. Sin embargo Horacio, que había estudiado en Atenas, y tomado humilde parte en la batalla de Filipos con los republicanos, es decir, contra su futuro señor, prefería la “aurea mediocritas”, una vida cómoda en el campo sin lujos ni privaciones, gozando de la hora y de cuanto sea posible según el “dictum” que acuñó en la oda a Leuconoe: “Carpe diem”. Es decir, aprovecha bien el día de hoy, porque del mañana nada sabemos. Conocemos que Horacio era buen seguidor del sabio Epicuro, que deseaba una vida apacible, el desdén de las vulgares vanaglorias y un uso moderado de los placeres. Alguien se ha referido así a “la aritmética de los placeres” epicúrea, tan mal entendida  por la Iglesia. Naturalmente Horacio (bajito, rechoncho, canoso, pese a la impoluta belleza de sus versos) era un epicúreo de lo cotidiano, y aunque sabemos que admiraba el gran poema de Lucrecio “De rerum natura”, donde pone en verso  las teorías del maestro, incluidas las físicas y astrales, no era ese el sendero horaciano en su finca Sabina, donde preparaba su propio vino.
“Carpe diem” de Harry Eyres podría haber sido un moderno manual de autoayuda para mantener el ánimo ecuánime y disfrutar de la vida, basado en la continua cercanía a la poesía de Horacio. Y estaría bien, pero no es eso. Estamos ante una mezcla de ensayo sobre la belleza y cercanía de Horacio para el hombre de hoy (que va en avión y puede usar libros electrónicos) y de una  cierta autobiografía. Pues Eyres –hijo de un cultivador de vinos- relata cómo conoció a Horacio en sus tempranos estudios en Eton y cómo –aunque estudió literatura inglesa y no clásicas- se fue encontrando con los saberes y la belleza de Horacio por todas partes, pues lo relee frecuentemente. Viaja al sur de Italia, para ver lo que queda de la improbable casa horaciana, pero sobre todo traduce sus versos de un modo nada académico y nota que las ideas de Horacio coinciden con sus intereses: alejarse de la multitud y de los negocios que quitan el sueño, vivir lento  y con lo que basta o  disfrutar del presente real porque el tiempo huye incesante… La fuente Bandusia sigue manando en bellos versos. Horacio es  muy moderno.



martes, 1 de octubre de 2013

El latín desplaza a las Matemáticas como obligatoria en el Bachillerato.




Ayer leíamos el lamentable artículo que se publicó en el diario El Mundo titulado El latín desplaza a las Matemáticas como obligatoria en el Bachillerato.

Sinceramente no entiendo la intención manipuladora y claramente demagógica del citado artículo. Me pregunto  ¿no es lo más lógico que el Latín pase a ser obligatorio en el Bachillerato de Humanidades? Porque es lo que se pretende con la enmienda presentada.

El Latín no va a desplazar a las matemáticas aplicadas ni a ninguna otra asignatura solo ocupará el lugar que le corresponde. Claro que es más fácil sembrar la discordia a través de una sarta de mentiras y así manipular al personal. Más de lo mismo. 

Deplorable y vergonzoso.


Por si alguno desea leerlo aquí dejo el enlace. 





domingo, 16 de diciembre de 2012

Atando cabos





PEDRO OLALLA

En los casi tres años de "crisis" y "rescates" en Grecia, las únicas "medidas" que han conseguido realmente su "objetivo" son las encaminadas desde el primer momento a abaratar el mercado de trabajo, a desmantelar los servicios públicos, a hacer retroceder las conquistas sociales, a debilitar las estructuras democráticas y a favorecer el trasvase de los bienes comunes a manos privadas. No es ironía, es la triste realidad: es la evidencia de que todas las acciones de quienes hoy gestionan esta "crisis" no van encaminadas a ponerle fin sino a sacar de ella el máximo provecho en beneficio propio.
El resultado está siendo el expolio incesante e impune de un pueblo y un país en nombre de una controvertida "deuda": en lo laboral –rebajando salarios y derechos y haciendo galopar el paro y la precariedad–, se ha conseguido ya que el "mercado" esté lleno de gente dispuesta a hacer cualquier cosa por un bocadillo; los servicios públicos –dinamitados premeditadamente por el clientelismo político y por una administración irresponsable– corren ahora a manos de corporaciones privadas ávidas de hacerse con su prometedora gestión; la pérdida de conquistas sociales arroja cotidianamente imágenes de despedidos sin derecho al subsidio, de jubilados hurgando en la basura, de hospitales sin gasas, de farmacias sin medicamentos y de desesperados quitándose la vida; la Democracia ha presenciado miles de movilizaciones en su nombre sofocadas con armas químicas y abultados dispositivos de represión antidisturbios, ha conocido un presidente de gobierno impuesto por los acreedores, está representada por diputados que no se atreven a circular entre los ciudadanos, y asiste cada día a un parlamento donde los "compromisos internacionales" marcan la pauta de gobierno por encima y en contra de los derechos y las necesidades del pueblo y faltando a los principios constitucionales; y, por último, el trasvase de bienes comunes a manos privadas sigue implacablemente su curso, orquestado desde el "Fondo Helénico de Desarrollo de Activos", una sociedad anónima de derecho privado regida por tecnócratas del ámbito financiero y empresarial y encargada de ejecutar el mayor programa de privatizaciones que actualmente se realiza en el mundo.
Como telón de fondo, un informe titulado "Cretan Gas Fields – Α new perspective for Greece's hydrocarbon resources", elaborado por reconocidos expertos para el banco de inversión Pytheas, presenta evidencias científicas que apuntan a la existencia de enormes yacimientos de hidrocarbonos en aguas del sur de Creta. Según Petroleum Geo-Services, compañía noruega líder en la investigación de mercados petrolíferos, la cuenca del sur de Creta "es equivalente" a la llamada "Cuenca Levantina", la cual, de acuerdo con los datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), contiene al menos 3,45 billones de m3 de gas natural y 1.700 millones de barriles de crudo. Sobre el tema de estas prometedoras reservas energéticas en territorio europeo pesa un discreto silencio, aunque, a finales del pasado mes de noviembre, el Deutsche Bank evaluaba la posibilidad de que las deudas de Grecia fueran cubiertas con los beneficios de las futuras extracciones.
¿A quién irá a parar esta riqueza? ¿Podrá un país vendido a sus acreedores mantenerla como su patrimonio? ¿No está siendo la deuda un arma de conquista y de sometimiento más poderosa que la propia guerra? A veces, una lectura de los hechos puede ser tan perfectamente coherente como perfectamente falsa. Ésta, de momento, parece coherente: ojalá los hechos lleguen a demostrar que es falsa.


viernes, 30 de noviembre de 2012

'Yo estudié griego, colega'






Rodríguez Adrados clama por la desaparición de las lenguas clásicas del bachillerato. Y su parroquia lo respalda.

Luis Alemany | Madrid


¿Quién va a entender eso de 'Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda' de Rubén Darío ahora que el latín y el griego llevan camino de desaparecer definitivamente de la educación media en España?
El helenista Francisco Rodríguez Adrados recibió ayer la noticia del Premio Nacional del las Letras que le concedió el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y aprovechó la atención para recordar su agravio: ¿de verdad queréis un mundo sin latín y sin griego? En su argumentación, la idea recurrente de que las lenguas clásicas hacen mejores personas a aquellos que las estudian. Idea que, para los que apenas recordamos unas pocas clases de latín bastante desganadas en Segundo de BUP, nos suena a misterio. ¿De verdad que el griego cambia la vida de sus alumnos?
"Cuando yo era pequeña, hace ya algunos añitos, después de la reválida de 4º, que nos otorgaba el título de Bachiller Elemental, se imponía una decisión importantísima: ¿Ciencias o Letras? Y hete aquí que mocosos de 13 o 14 años nos veíamos obligados a elegir. No más de dos opciones. Y en cada una de ellas, el menú estaba fijado por adelantado: Latín / Griego o Matemáticas/Física y Química. Confieso que me daba un poco de envidia oír a mis amigas hablar de logaritmos neperianos y cosas de esas. Debía de ser interesantísimo, pero yo me encontré con mi elección como pez en el agua. Aquel rompecabezas fascinante de las lenguas clásicas me apasionó desde el principio: el sistema de casos y la compleja sintaxis que me hacían ver más claro el funcionamiento de las propias estructuras de mi lengua, el origen de tantas y tantas palabras oscuramente amenazantes que de repente se iluminaban y cobraban un sentido pleno (democracia, economía, otorrinolaringólogo...) y nombres propios (Ítaca, Odisea, Penélope...), lugares comunes que explicaban gran parte de nuestra tradición artística y humanística. En el fondo, me habría gustado ser como Leonardo y tener acceso a todo el saber de mi tiempo, en el que las lenguas clásicas tenían todavía tanto que decir".
La primera en contestar es María José Carpena, catedrática de Bachillerato en un instituto de Valladolid, entusiasta del griego y el latín. ¿Han sido las clásicas un equipaje valioso en su vida? "¡Qué bueno que cargué con él! Por supuesto, antes de la aldea global y su consiguiente invasión de anglicismos, las lenguas clásicas eran el manantial del que brotaban los tecnicismos, el lenguaje científico, la jurisprudencia, la economía y hasta la política. Y a quienes me digan (y haberlos haylos) que es algo totalmente inútil les preguntaría por la utilidad de tantas y tantas cosas que han llenado nuestras cabezas sin ayudarnos a conocer el mundo y, sobre todo, sin hacernos felices. Porque yo fui fundamentalmente feliz, estudiando latín y griego. ¿Para qué sirve conocer la vida de nuestros antepasados de Atapuerca o de las cuevas de Altamira? ¿Y los viajes a la Luna o a Marte? ¿Y el salto del tipo ése del otro día que tuvo embobado a medio planeta? ¿Hay algo que proporcione más felicidad que el hecho de conocernos a nosotros mismos, nuestras posibilidades y el mundo que nos rodea? Cuando el latín y el griego desaparezcan del bachillerato perderemos algo valioso en el camino: como cada vez nos interesa más el carácter utilitario, las viejas pregunas (¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?) dejarán paso a un no menos misterioso futuro:¿adónde vamos? y, sobre todo, ¿ganaremos lo suficiente para llegar allí (donde quiera que sea)?".


Gracias por el latín

Siguiente voz: Ángel Suárez, profesor de EGB y ESO durante cuatro décadas, sesentón y leonés. "Yo era un crío de familia modesta que, para seguir estudiando, entré en el Seminario Diocesano de León. Allí, Primero de Bachiller se llamaba Primero de Latín. Fueron, en total, seis años de latín y tres años de griego y no tengo palabras para dar las gracias a la vida y a los profesores que tuve por esa experiencia. Con los años he olvidado mucho de lo que aprendí, pero queda un poso importantísimo. Es como esos delanteros que parece que no están pero luego aparecen en el momento más importante...".
"Cuando me encuentro con alguien que tiene una buena formación en lenguas clásicas es fácil reconocerlo, hay una mente estructurada, un claridad en la manera de expresarse.... Nunca dejaré a nadie que presuma del dominio de la lengua castellana si no me demuestra que tiene una formación sólida en lenguas clásicas". Y no sólo en asuntos de letras. "En mi vida he dado muchas clases de matemáticas. Cuando explicaba Pitágoras, empezaba por contar a los alumnos que hipotenusa viene de 'hipoteino', tensar, y que catetos, de cateino, caer en perpendicular... Era una forma expresiva de enseñar, de buscar un aprendizaje comprensivo".
"El día que desaparezcan las clásicas de nuestra educación será para mal. Nos quejamos de la ortografía, de los errores que cometen los alumnos... Ahí subyace el desconocimiento del latín".


Y por qué no la Filosofía

Para representar a las siguientes generaciones de estudiantes de griego y latín, aparecen dos periodistas de este diario, Jorge Salido y Ángel Casaña, y una profesional del márketing, Alejandra Suárez.
Empieza Suárez: "La elección fue por descarte. Estaba convencida de que se me daban mal las ciencias, curiosamente los derroteros profesionales que me ha deparado la vida, me han descubierto que los números se me dan bastante bien. Después, toda mi vida profesional la he desarrollado en márketing pero de formación soy filóloga. Siempre he sentido que tanto el hecho de 'ser de letras' como el de tener una formación atípica en este contexto profesional, me daban un toque diferente. No le puedo decir qué concretamente han aportado las lenguas clásicas, pero si es cierto que el dominio del lenguaje y de la comunicación es diferente. No se trata de conocer más o menos palabras o etimologías, se trata de una sensibilidad especial hacia la importancia de las formas de comunicar en general". Y el día que el latín desaparezca del bachillerato... "Personalmente no me dará pena. Soy consciente de que el mundo evoluciona y no soy nada conservadora, confío en que las materias que vengan a sustituir también aporten mucho a las nuevas generaciones. Lo que si defiendo es el prestigio de las letras, que ya llevan demasiado tiempo estando un tanto demonizadas".
Continúa Jorge Salido: "Hice la EGB en mi pueblo y, acabado, este ciclo opté por irme a hacer el Banchillerato al Seminiario Menor de Cuenca, en Uclés. No por vocación, sino para formarme. Allí, evidentemente, se apostaba por una educación ligada a las letras puras, que era también lo que más me atraía. De este modo, desde primero de BUP hasta COU hice Latín (me examiné en selectividad: 9,5 -increíble, era complicado) y desde segundo de BUP hasta COU también estudié Griego (me examiné en selectividad: 5,5, poco para lo bien que se me daba). Los curas son muy dados a las lenguas clásicas".
"La verdad es que las clásicas no me han servido para mucho salvo para conocer el origen de la mayoría de palabras del castellano. Buena opción fue ir al Seminario a formarme, luego allí no había posibilidad de elegir. Eso sí, gracias a la nota de Latín en selectividad pude acceder a Periodismo. ¿Quién me lo iba a decir? Pero como el Latín y Griego, tampoco me ha servido mucho en la vida otras asignaturas como Literatura o Filosofía. Bueno, quizá Latín y Griego me sirvieron de algo más porque además del idioma también se aprendía cultura y podíasconocer los orígenes de la actual civilización". "Al margen de la utilidad en la vida real, creo que sí se perdería algo importante en la formación. ¿Por qué eliminar Griego y Latín y no Filosofía, por ejemplo? La riqueza de vocabulario del castellano viene de estas lenguas y siempre es bueno saber cuáles son nuestras raíces. Evidentemente, nadie se va a comunicar en ellas, pero son mucho más que unas lenguas".
Y acaba Casaña: "Entré en griego porque no quería hacer otra cosa, tenía muy clara la vocación de letras. Tengo el recuerdo de unas clases muy divertidas. El griego era difícil, era difícil entender, pero, al mismo tiempo, era fácil. Quiero decir que todo era como un juego, una indagación, de modo que era sencillo encontrar la motivación y la concentración. No sé si el griego me ha servido para nada en concreto, pero siempre intuyes que cualquier conocimiento que te hayas 'metido en el cuerpo' ha sido para bien".




sábado, 3 de noviembre de 2012

Educación recortable



Por PEDRO OLALLA

Aunque los gastos en educación no son en absoluto la causa de la "crisis", los recortes en educación sí son, inexorablemente, su más inmediata consecuencia. ¿Cómo se justifica esto? De ningún modo que pueda resultar aceptable. En el caso de Grecia, el presupuesto anual de educación no llega siquiera para pagar los intereses de un par de meses de la supuesta "deuda". Esto indica dos cosas; una: que, aunque se suprimiera por completo el presupuesto de educación, poco podría hacerse frente al pago; y dos: que el origen de esa abultada "deuda" no podrá nunca ser atribuido a los excesos en el presupuesto de educación. Sin embargo –tanto en Grecia como en España–, si hay que recortar, se recorta por educación; y si se recorta por educación, se empieza siempre por las humanidades.
Descartada la rentabilidad económica de esta medida, sólo queda pensar en la rentabilidad estratégica. Esa sí que está clara. En el actual plan de privatización de la riqueza nacional, de desmantelamiento del estado social y de debilitamiento progresivo del proyecto de la democracia, la educación de calidad sobra por completo. Basta con unos rudimentos de índole instrumental que permitan guardar las apariencias. Toda educación orientada al desarrollo integral de la persona y al potenciamiento de sus cualidades discursivas y críticas va en contra de los intereses dominantes. Por eso, sobra educación, y sobran especialmente las humanidades.
Así pues, ante esta situación de desatino, hace falta de nuevo salir en defensa de lo obvio, insistir una vez más en la necesidad profunda de las humanidades. Podrían aportarse numerosas razones para defender la presencia de estos conocimientos y esta actitud en el mundo, pero referiré tan sólo una que considero suficiente para que queden excusadas todas las demás. El cultivo de la actitud humanista es fundamental en toda sociedad, porque de esa actitud emana la ética; y sin ética, no hay conquistas ni progreso: sólo abuso, sólo caos. El ejercicio de la ética –que no tiene que ver con la acatación sumisa de un código moral establecido– nos faculta para elegir consciente y responsablemente entre un comportamiento y otro, es decir, nos faculta para la libertad. Sin ética no hay libertad posible; ni tampoco esperemos democracia, ni justicia, ni política, ni solidaridad. Nada de eso es posible sin las humanidades, sin una formación que dé profundidad y perspectiva a la voluntad humana, sin un adiestramiento en la argumentación y en el discurso, sin artes para defender el pensamiento.
Quien recorta lo sabe. ¿Qué es lo primero que se apresura a cercenar cualquier régimen totalitario?: la libertad de pensamiento y de expresión. ¿Cuáles son, en verdad, las intenciones de un sistema que abogue por dejar de cultivar esta actitud y esta potencia en los niños y en los hombres? ¿Sobre qué humanidad desea gobernar un sistema que tienda a limitar progresivamente ese espacio humanista? Renunciando a las humanidades dejamos vía libre a la ley del más fuerte, a que los más poderosos y menos escrupulosos manden sobre una masa ignara e impotente. Y esa perspectiva no carece de adeptos.
Día a día, en nombre de la "crisis", retroceden la historia, la filosofía, la filología, las artes, la formación de la ciudadanía, y prospera un desprecio y una desafección particular por la cultura clásica, por el latín y el griego, las dos lenguas que, desde hace milenios, aportan sin fatiga la materia prima de nuestro pensamiento. Así pues, tengamos una cosa clara: los recortes en educación no son para economizar recursos, sino para atajar la disidencia. 




domingo, 14 de octubre de 2012

Humanidades



Por JUAN MANUEL DE PRADA en XL Semanal (14/10/2012)

Fueron los griegos los primeros en concebir la educación -paideia- como una formación integral que ayudaba al individuo a formarse adecuadamente para el ejercicio recto de sus deberes cívicos. La paideia griega se trasladó como humanitas a los romanos; y, posteriormente, el pensamiento cristiano aquilató este sentido de la humanitas romana, trascendido por la intervención directa de Dios en la historia humana a través de la Encarnación. Este modelo educativo entraría en una gradual regresión a partir del siglo XIX. En una primera fase, al lado de las humanidades clásicas, fue ocupando un lugar cada vez más preponderante el estudio de las humanidades modernas -Psicología, Sociología, Economía, Pedagogía, etcétera-, introducidas cada vez con mayor fuerza en la enseñanza. Paralelamente, el estudio de las Ciencias, propio del modelo clásico, fue sustituido por el estudio de técnicas especializadas y utilitarias. Y la escuela dejó de ser el ámbito único de formación: los medios de comunicación, el cine, la televisión postularon nuevos modelos educativos que ya no buscaban transmitir el saber, sino cultivar aptitudes e impartir conocimientos meramente instrumentales. Así se ha llegado a la situación actual, en la que el hombre contemporáneo, apoyado en porcentajes y estadísticas, cree poder interpretar el mundo; y en la que el estudio de las humanidades aparece caracterizado como una reliquia del pasado, mirada con un benevolente desprecio por los que se consideran a sí mismos como representantes de la cultura propia de nuestra época.
Una de las calamidades más características de nuestra época es la imposición de criterios puramente utilitarios en la transmisión del saber. Puesto que el saber ocupa lugar -parece haber concluido la moderna pedagogía-, circunscribamos su transmisión a aquellas facetas del saber que garanticen nuestro éxito profesional y nos proporcionen un rédito inmediato. Inevitablemente, todas las disciplinas que explican nuestra genealogía cultural han sido relegadas a los desvanes de la incuria; o siquiera postergadas, como antiguallas inservibles, en favor de disciplinas enfocadas a la consecución de fines prácticos. Pero desgajar la transmisión del saber del conocimiento de nuestra genealogía cultural nos condena a la intemperie más cruel, que es la de quienes no saben explicarse a sí mismos; la de quienes no pueden conocer en profundidad el tiempo presente porque lo han vaciado del tiempo pretérito que lo explica.
La enseñanza de las humanidades está intrínsecamente vinculada al desarrollo del pensamiento crítico: cuanto mejor conocemos el mundo del que venimos, cuanto más conscientes somos de la tradición que nos precede, menos permeables somos a los intentos arbitristas de fundar nuestro mundo sobre cimientos de humo. Es ley biológica infalible que el árbol al que se le cortan las raíces, como el animal lactante al que se aparta del seno materno, empieza por languidecer hasta morir por inanición. Solo quien sabe de dónde viene puede saber hacia dónde va. Solo quien está nutrido por el bagaje de conocimientos que fundan nuestra civilización es dueño del tiempo que habita; cuando ese bagaje que nos explica nos es arrebatado, nos convertimos en seres sin identidad y sin arraigo que han soltado amarras con su genealogía espiritual y navegan sin brújula a la deriva, en una singladura trágica y sin retorno hacia la barbarie. La transmisión del saber, cuando es verdadera y no obedece a fines de manipulación y dominio, no puede guiarse por criterios meramente utilitarios. Solo quien ha buceado en las intimidades de la cultura a la que pertenece puede zambullirse sin miedo en las aguas procelosas del tiempo que le ha tocado vivir. Cuando nos falta ese conocimiento primordial podremos sin duda hacer un uso utilitario de nuestros saberes, cada vez más confusos y esquemáticos, como leyendo el prospecto donde se explica el funcionamiento de un electrodoméstico podemos hacer un uso utilitario del mismo. Pero del mismo modo que un electrodoméstico estropeado se convierte en un armatoste inútil para quien solo conoce su funcionamiento por el prospecto, el mundo se convierte en un caos ininteligible cuando nos falta la clave para su desciframiento, que solo podremos hallar en el estudio de las humanidades. Y así, aturdidos y atrapados en un caos de impresiones inconexas, es como nos quieren los manipuladores y los ingenieros sociales que nos privan de nuestra genealogía cultural.






martes, 9 de octubre de 2012

La vergonzosa situación de las Lenguas Clásicas en la LOMCE



Ley de Educación por Alejandro Pastor del Castillo



Soy un profesor de Latín y de Griego y me gustaría informar y denunciar la situación en la que las lenguas y la cultura clásicas quedan en el anteproyecto de la nueva ley de educación (LOMCE) del ministro Wert. Hasta ahora, todos los departamentos de  Clásicas podíamos ofertar las siguiente materias:

En la ESO:
- Cultura Clásica, optativa en 3º y 4º de ESO.
- Latín, obligatorio para Letras en 4º de ESO.

En Bachillerato:
- Latín I y II: obligatorias de modalidad de Humanidades.
- Griego I y II: obligatorias de modalidad de Humanidades.

El anteproyecto de la LOMCE elimina la Cultura Clásica de la ESO; el Griego I y II desaparecen de la modalidad de Humanidades y aparece una asignatura de Griego (no dice que sea I y II, así que la entendemos como una asignatura de un sólo año) que pasa a ser optativa de Modalidad de oferta no obligatoria para los centros, lo que implicaría su casi desaparición. El Latín, a día de hoy, queda igual.
Antes del verano todo apuntaba a que el Latín sería materia obligatoria para todos los alumnos de 4º de ESO. Así lo informaban muchos medios, pero el anteproyecto dice otra cosa: es optativa a la Biología.
Ante este panorama, no sólo los profesores de Clásicas a nivel nacional, sino también muchos amantes de la cultura y personas con un sentido íntegro de lo que debe ser la educación, estamos consternados por este empeño de eliminar de nuestras enseñanzas básicas aquellas materias que suponen la base del resto de materias. El mundo de occidente tiene sus raíces en la Grecia antigua, un pueblo muy jugoso en pensamiento, en ciencia, en arte, en lengua, en ocio, ... tanto que forjó el surgimiento de las ciencias y la tecnología modernas. Es más, ya la Atenas del S. V a. C. desarrolló ese sistema político tan moderno llamado democracia. ¡¡Hasta los antiguos romanos supieron valorar a Grecia y aprender de ella!!

La historia de Europa se fraguó en Grecia y ahora esta reforma educativa quiere darle la espalda, olvidar cuál ha sido nuestro origen. Si no transmitimos estos conocimientos desde la escuela y no empapamos a nuestros jóvenes con estos valores, tendremos generaciones empobrecidas. En una época como la nuestra, en la que se precisa de tanta investigación y tanto conocimiento, hemos de continuar la senda de aquellos antiguos griegos movidos por el afán de conocer y, sobre todo, de conocerse.
Una reforma educativa que empieza diciendo "La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía" es muy peligrosa. Es totalmente injustificado e incomprensible que, a pesar de vivir en una situación de crisis, el desenfreno por superar el déficit pueda dar lugar a una reforma del sistema educativo basada exclusivamente en criterios empresariales (O tempora, o mores!), olvidándose de la formación íntegra de nuestros jóvenes, cayendo en el craso error de que importa únicamente todo lo que genera riqueza y dejando a un lado la verdadera formación y dimensión del "ser persona". Y esto ya lo dijo nuestro paisano Séneca: "Quid sis interest, non quid habearis [importa lo que eres, no lo que tienes]".

Desde estas líneas, lanzo mi total rechazo (y el de muchos) a este anteproyecto. Espero (y esperamos) que se rectifique, porque, si no, mucho me temo que el sociólogo D. Ignacio Wert será recordado por la historia como el ministro que ha eliminado las Humanidades de nuestro sistema educativo.


Alejandro Pastor del Castillo
Profesor de Lenguas Clásicas




sábado, 15 de septiembre de 2012

Oro sucio



Por  PEDRO OLALLA


Esta vez, no me limitaré a exponer de nuevo la opinión de que uno de los objetivos primordiales de este terrorismo financiero disfrazado de "crisis" es que las riquezas nacionales pasen a bajo precio a manos de las grandes fortunas; esta vez, voy a poner un ejemplo. Advierto que puede –y debe– herir la sensibilidad del ciudadano.
Hace algo más de dieciséis años, en diciembre de 1995, el gobierno griego transfirió a la empresa TVX Hellas los derechos de explotación de las minas de oro y otros metales de la región de Casandra, en Calcídica (Macedonia, Grecia). La reacción de los habitantes de la zona, ante la perspectiva de ver su tierra devastada por el cianuro y vendida a intereses privados extranjeros, no se hizo esperar: apelaron al Tribunal Supremo solicitando la supresión de las obras, montaron guardia en la zona veinticuatro horas al día y fueron gaseados y desalojados repetidamente por efectivos de la policía y del ejército que acordonaban la zona. Seis años después, el Tribunal Supremo admite el recurso ciudadano; el 9 de diciembre de ese mismo año, un accidente en las explotaciones de Stratoni provoca una fuga de residuos tóxicos al mar, a resultas de lo cual, cinco meses más tarde, la empresa explotadora se declara en quiebra.
Pasados seis meses, en una extraña maniobra, el gobierno griego acepta la quiebra de TVX Hellas (6/12/2003), renunciando así al cobro de impuestos y forzando a los 472 trabajadores despedidos a aceptar la renuncia a sus honorarios pendientes. Seis días más tarde (12/12/2003), revoca la declaración de quiebra para poder comprar de la empresa los derechos de explotación. Los adquiere por la ridícula suma de 11 millones de euros, y, en cuestión de horas, se los revende por el mismo precio a Hellas Gold, compañía fundada dos días antes, sin mediar concurso público y exonerando a la nueva propietaria de toda responsabilidad sobre los daños ecológicos provocados por TVX Hellas. Una compraventa muy oscura sin ningún beneficio para el erario público. Ninguno, porque el contrato deja claro que la riqueza mineral pertenece en exclusiva a la compañía que la extrae (Ley 3220/2004 ΦΕΚ 15A / 28.01.04). Detrás de la flamante Hellas Gold, está la compañía griega Hellaktor, con la parte del ratón, y el grupo European Goldfields, controlado por Goldman Sachs, con la parte del león.
Por 11 millones de euros, estos "inversores" compraron al Estado –y al pueblo– griego: 317.000 hectáreas para la explotación minera de oro, plata, cobre, zinc y otros metales; 40 hectáreas de instalaciones industriales; 11 hectáreas de suelo urbano; 2.500 de suelo rural; 270.000 toneladas de concentrado de argiropirita (del que pueden extraerse 250.000 onzas de oro) y otros bienes más, largos de enumerar. Si, en octubre del año pasado, Qatar Holding se disponía a adquirir el 9% de las acciones de la compañía por el módico precio de 175 millones de euros, hay que suponer que el 100% de las acciones de aquella "ganga" adquirida a los griegos por 11 millones de euros vale ahora casi 2.000 millones. Más de uno se habrá hecho de oro.
Comprar en tiempos de crisis es un gran negocio. Por eso ahora, habiendo puesto a Grecia con el agua al cuello mediante el terrorismo financiero y la connivencia política, es hora de comprar. Así, con la llegada de la primavera (29/3/2012), el gobierno del "tecnócrata" Papadimos cedió 4.100 hectáreas de zona forestal en la misma región a Hellas Gold para empezar a extraer oro. El 5% de la empresa pertenece actualmente a Hellaktor (vía Aktor) y el 95% a la multinacional canadiense Eldorado Gold. Sus principales accionistas son Fidelity, Market Vectors y la famosa Vanguard, uno de los tres mayores inversores del planeta.
Una pregunta para terminar: ¿cómo es posible que un gobierno venda por 11 millones un bien común que ahora –antes incluso de su explotación sistemática– ya vale 2.000 y no se investigue ni se pidan responsabilidades?





miércoles, 18 de julio de 2012

Déjà vu



Pedro Olalla 


Hace ahora más de un año y medio, a la vista de lo que entonces estaba sucediendo en Grecia, dije que, muy probablemente, España sería "rescatada". Hoy, aunque el gobierno lo siga maquillando de eufemismos, el "rescate" es ya un hecho incuestionable.

Para hacer aquella afirmación no hacía falta ser ningún adivino, bastaba con darse cuenta de que en ambos países se daban "condiciones" favorables al "rescate" y tener en cuenta la avidez de los "rescatadores". Esas "condiciones" –deuda externa, endeudamiento público, evasión fiscal, corrupción, pérdida de competitividad, alta tasa de paro, (agravadas en el caso de España con particularidades como la "burbuja inmobiliaria", el endeudamiento privado o la costosa mecánica del Estado de las Autonomías)- no son precisamente las causas de la "crisis", pero, presentadas como tales con acierto mediático, contribuyen de manera eficaz a la aceptación de los "rescates" por el pueblo, que es, a fin de cuentas, el que habrá de pagarlos.

Ahora, con el "rescate", llegan también las primeras "medidas" que vertebran el plan de los "rescatadores" y de sus aliados políticos: un gobierno de cualificados "gestores" que entienden de números; un ministro de economía de la confianza de la élite financiera internacional (y de su cantera); paquetes de recortes "imprescindibles" en sanidad y educación; capitalización "imprescindible" de la banca con fondos públicos y por mayor cuantía de lo ahorrado a base de recortes; reformas de la legislación laboral en detrimento de los trabajadores; aumento del IVA y recargos en el agua, la electricidad y los combustibles; medidas para el control de los medios de información; incremento acelerado de los dispositivos policiales de seguridad y orden público; etcétera.

Todo lo que sucede en España en los últimos meses –incluida la fraseología y la retórica del establishment político y mediático- es un déjà vu de lo sucedido en Grecia, un proceso que reproduce paso a paso y con precisión matemática todo lo sucedido meses antes a este otro lado del Mediterráneo, y que, por tanto, hace tremendamente previsible el futuro inmediato. ¿Y qué es lo que va a pasar? En principio, se tomarán las llamadas "medidas para frenar el déficit" (aunque el déficit real poco tenga que ver con el montante de las deudas y con el verdadero origen de la llamada "crisis"). Medidas como: recortes progresivos en sueldos y pensiones (aunque se jure y se perjure lo contrario); reducción drástica del salario mínimo y cuestionamiento del propio concepto; debilitamiento del concepto de convenio laboral y sustitución del mismo por la negociación individual de los contratos; despido progresivo de miles de funcionarios a través de distintos subterfugios (como el paso a una "reserva" provisional); abaratamiento del despido en el sector privado como acto reflejo de las prácticas gubernamentales en el sector público; planes de privatización de bienes nacionales bajo la etiqueta eufemística de "puesta en valor" (infraestructuras sanitarias, empresas de transporte, suministros de agua y energía, loterías y quinielas, etc.); injerencia progresiva en la política de instituciones como el FMI, la Comisión Europea y sus correspondientes Task Forces; reformas en la legislación (e incluso en la Constitución) para salvaguardar los intereses de los acreedores; rescate 1, rescate 2, rescate 3... Todo en un ambiente de huelgas y manifestaciones bajo control.

El objetivo principal de este "plan" está claro: sacar provecho de una recesión creada expresamente para que la riqueza pase a cada vez a menos manos y para que las condiciones que permiten el enriquecimiento de esa élite sigan mejorando progresivamente. Por eso, sus acciones en nombre de la "crisis" van encaminadas a la degradación del mercado de trabajo hasta que todo el mundo esté dispuesto a hacer cualquier cosa por un bocadillo, al desmantelamiento de los servicios públicos y a su sustitución por servicios de pago prestados por corporaciones privadas (en las que tienen parte los propios políticos que favorecen el proceso), al debilitamiento del ya deficiente sistema democrático..., van encaminadas, en una palabra, al retroceso del estado social y a la pérdida de conquistas y derechos adquiridos por la humanidad a través de largos y penosos procesos de lucha.
Y el futuro próximo depara aún mucho más. Cuando la deuda no se pueda pagar –porque está previsto que sea impagable-, darán comienzo los procedimientos de cobro alternativo: privatización de recursos naturales públicos (agua, fuentes de energía, yacimientos minerales, riqueza forestal, parajes naturales...), creación de "zonas de economía especial" (es decir, zonas del territorio nacional cedidas en usufructo a "inversores" y acogidas a regímenes jurídicos, fiscales y laborales especiales, a conveniencia del "inversor"), relajación de las leyes que protegen los derechos fundamentales de las personas y su propia integridad, y toda una serie de pesadillas que ya son realidad cotidiana en muchos lugares del planeta, algunos bien cercanos.

Este es el plan para los próximos meses, o, digamos, los próximos años, en esta Europa cada vez menos política y más financiera. Ante este déjà vu, en la conciencia de los "ciudadanos" está ahora seguir sentados en el sofá hasta que todo esté perdido, o levantarse de una vez y actuar.






sábado, 18 de febrero de 2012

Violencia de guante blanco


Pedro Olalla, desde Grecia

Ayer, una vez más, los informativos de medio mundo transmitieron la imagen de una Atenas en llamas y exhibieron el rostro compungido de algunos políticos condenando la violencia. Esa violencia que condenan –y que, en el fondo les favorece–, la hemos condenado repetidamente, no sólo con palabras sino también con actos, quienes acudimos una y otra vez a manifestarnos desde la no-violencia contra la desmedida violencia de guante blanco ejercida impunemente por quienes de iurey de facto nos gobiernan.
Ayer, desde las cinco de la tarde, había en la plaza Syntagma de Atenas más de cien mil personas tratando de impedir de forma no violenta que avanzara aún más el funesto plan que está dejando a Grecia hundida en la miseria y sometida a la voluntad de sus controvertidos acreedores. Esa no-violencia no llenó las pantallas ni los periódicos. Sin ir más lejos, pasó desapercibida la imagen de los ancianos Mikis Theodorakis y Manolis Glezos tratando de hablar con los antidisturbios y teniendo que ser evacuados entre una nube de gases lacrimógenos. Yo estaba allí, a su lado, junto a otros muchos que tragamos de lleno la primera bocanada. Corrimos todos haciendo arcadas y tratando de abrir paso para sacar a Theodorakis en su silla de ruedas pegado a una máscara antigás. Media hora después, ya recuperados, los dos respetados personajes trataron de acercarse de nuevo mientras, en uno y otro punto de la plaza, la policía continuaba lanzando gases contra una masa compacta de manifestantes pacíficos que retrocedía y volvía a avanzar según la densidad del humo, sin intención de abandonar la plaza. Todo esto –de lo que poco se informa–, sucedió mucho antes de los disturbios en las calles circundantes, mucho antes de que cayera la noche y, lamentablemente, instigadores y alborotadores –cuya tesitura moral guarda nula relación con la del grueso de los manifestantes– hicieran arder varios edificios del centro.
Esta violencia de reyerta la condenamos todos. Pero hay que condenar también la otra: la de un gobierno que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasea sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo para no sentirse cómplices de la injusticia; la de unos “representantes” de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana del parlamento para ver que, desde hace ya tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada; la violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle un referéndum para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados en su nombre por un gobierno colaboracionista de muy dudosa legitimidad democrática; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones este invierno; la violencia de haber situado ya al 28% de la población del país bajo el umbral de la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, o a la miseria de ser contratado por 500 euros y acribillado a impuestos; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación. Esta es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta de los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas misera, explotación, colonialismo, guerra y muerte, y, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven arder un contenedor de basura.